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10/07/16

Corrupción ¿Qué fase causa más daño?

Los nuevos e inacabables casos de corrupción -y digo nuevos porque existen desde tiempos inmemoriales- que se van ventilando, judicializando y mediatizando, perpetrados por funcionarios y ex funcionarios, familiares y allegados; tienen por elemento común, además del repudio social y personal, que proviene del dinero del estado.


Como todos sabemos, ese dinero surge de los contribuyentes, es decir, de aquellos ciudadanos que pagan sus impuestos, las tasas, contribuciones, etc. Una vez que el Estado lo percibe, lo destina en parte a su propia mantención y funcionamiento, y a las políticas que implementa para que vuelve al pueblo de la manera en que el gobernante lo crea conveniente de acuerdo a su criterio: en calidad de becas, de construcción de puentes, de carreteras, de centrales nucleares, de organismos estatales, etc.

Es ahí cuando aparece la corrupción en su fase estatal, entre tantos funcionarios, firmas y concesiones se queda algo en el camino, en la burocracia estatal.
Ahora bien, ¿qué hacemos cuando alguien que por sus grandes capacidades y movilización de capitales capaz de hacer grandes contribuciones a las arcas del Estado no lo hace? Es la corrupción en su estado pre-estatal. El capital que debería ser declarado y contribuido al estado en calidad impositiva no llega a serlo.

Argentina tiene históricamente en su clase dominante el ancla de su estancamiento, porque actúa en su propio beneficio aun cuando vaya en contra del desarrollo interno y nacional. Así como la burguesía local se alió con los franceses en el bloqueo a Rosas, así como se llevó a cabo el pacto Roca-Runciman, así como grandes grupos económicos se beneficiaron en el golpe del ‘76. Y en ese sentido vienen los golpes a los gobiernos democráticos, cuando se tocaban intereses celosos, aparecían los uniformes con la gran clase dominante económica nacional.

A ese grupo dominante pertenecen quienes gobiernan hoy el país. Es ese grupo que le debe al Estado nacional 400 millones de dólares, 400 millones no declarados en cuentas extranjeras que se descubrieron.

“¿En que se podría destinar tanto dinero? ¿Por qué no construyen escuelas, hospitales?”… Esa pregunta que aparecía cada vez que se cuestionaban las políticas estatales aplicadas en el gobierno anterior, ahora parecen ya no planteárselas los televidentes y periodistas con ansias de preguntar.