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11/09/17

Sarmiento humorista y denigrador

Ya en tiempos de la República constituida el que cultivó con más esmero el arte de la denigración fue, sin duda, Domingo Faustino Sarmiento, quien antes, durante y después de su presidencia fue un maestro en el arte de denigrar a quien se le pusiera al frente o no simplemente porque lo divertía mucho hacerlo.


Luis Alberto Murray, en “Pro y contra de Sarmiento”, rescata algunas citas que más bien se anotan en “el arte de injuriar”, pero que también podemos poner como ejemplo de humor acido, maligno o algo parecido. Sobre el dignísimo Miguel Navarro Viola: “A la lista de perros que nos han ladrado desde España, Chile y Buenos Aires, ha olvidado usted el más pulguiento, el más falso y sarnoso: Miguel Navarro Viola”.

Al combativo publicista entrerriano Evaristo Carriego, abuelo del poeta de Palermo, le dedica esta saludable zafaduría: “Cagarriego hizo ayer su primera deposición en la prensa”. Sobre un tal Agustín Cabeza, “es cola y muy sucia”. Y más adelante, Murray recuerda: “Mientras sus contemporáneos leían a Moratín y se entusiasmaban con Quintana, Sarmiento escribía malas palabras como podía hacerlo un clásico. No le tentaba la elegancia cajetillista ni la otra elegancia llorona. Él pensaba: “La… que los…”. Y escribía: “La puta que los parió”, porque nunca en su vida dio rodeos para nada”.

Su nieto Belin Sarmiento reunió cientos de anécdotas graciosas de su abuelo. Veamos algunas: “Un clérigo español entre otros, un padre Reta, en un sermón sobre San Ramón, se excedió hasta declarar que Sarmiento tenía cola como todos los masones, agentes de Lucifer. Un día el Gobernador lo encontró a mano y lo interpeló, invitándole a que tocara donde se imaginaba que llevaba enroscada la cola. Venga padre, y toque, cerciórese bien y después predique su nuevo Evangelio”.

Sarmiento fue quizás uno de los pocos hombres públicos argentinos que cultivó en toda su vida el humor, exagerado, frenético de todas las características y sobre ésto, escribía: “No, exclamaba, la risa contiene más enseñanza que la nieve (aludiendo al dicho de Emerson). El buen reír educa y forma el gusto. Jove reía. Los grandes maestros son inmortalmente risueños. Riamos nosotros, que el buen reír es humano y humaniza la contienda”. “Cuando la inteligencia sonríe, hay gloria en las alturas y paz en la tierra para los hombres”.

De todos los próceres u hombres destacados de nuestra historia Sarmiento es sin duda el único que durante toda su vida practicó e hizo del humor, sarcástico, violento, negro y de todos los colores una suerte de mística militante. Alguien que quizá le podría hacer temblar dicho cetro es Eduardo Wilde que supo escribir interesantes páginas de humor y que hizo de una desgracia personal como fueron los cuernos que le puso el general Roca una suerte de juego cínico o chacotón. Cumpliendo así con uno de los postulados básicos del humorista o del que hace de esto una práctica cotidiana: el burlarse de uno mismo.

 Sarmiento es casi el único en el panorama de la política de nuestro país que hizo del humor y la denigración del prójimo algo así como su ADN. Cientos son las anécdotas, las crónicas jocosas, las tomaduras de pelo de este inagotable Sarmiento. Siempre creí que además de ser un excepcional hombre de cultura a Sarmiento hay que considerarlo, además, un gran humorista. Pero el sanjuanino no es sino una muestra de una época particularmente rica en el tema de la denigración especialmente en periódicos y revistas de humor que hacia la segunda mitad del siglo XIX abundaron en Buenos Aires como “El Mosquito”, “Don Quijote” y muchas más de las que trae abundante registro la “Historia del humor gráfico y escrito de Argentina de Siulnas”.

En Córdoba “La Carcajada” fue una revista humorística que se encargó sistemáticamente de denigrar a los gobiernos del Autonomismo nacional. El unicato tal como se lo definía al régimen político de la época por ser uno solo quien mandaba se lo modificaba como el uñicato haciendo referencia a lo mucho que metían las uñas los políticos de ese entonces en el erario público, algo que podría prolongarse hasta nuestros tiempos.