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23/01/18

Para que un hijo estudie en Córdoba un estatal gastaría casi todo el sueldo

Tiempo atrás, cuando las opciones de seguir estudios universitarios en la provincia eran limitadas, quienes con el apoyo de sus familias podían se trasladaban a la ciudad vecina en busca de un título. Hoy, con más alternativas, lo que en su momento se consideró un “éxodo riojano” se redujo notablemente, no obstante lo cual muchos todavía se preguntan: ¿cuánto cuesta ir a estudiar en Córdoba y conseguir mantenerse?


El costo promedio para que un alumno de otro punto del país se instale en la capital cordobesa para seguir estudios en la universidad nacional compartiendo el gasto de alquiler de un departamento asciende a 9.833 pesos, de acuerdo con un informe elaborado por un matutino de esa provincia.

Con incrementos importantes en la mayoría de los rubros, los costos para radicarse a lo que en otra época fuera el destino más elegido por los riojanos al momento de desarrollar una carrera universitaria frente a la escasez de opciones locales exige hoy una evaluación más detenida y un mayor esfuerzo.

Con datos del Instituto de Estadísticas de la Defensoría del Pueblo de Córdoba (Inedep), la Cámara de Corredores Inmobiliarios de la provincia de Córdoba y el Centro de Almaceneros, el monto promedio de 9.833 pesos tiene en cuenta aspectos como alquiler de vivienda (compartida), alimentación, higiene, esparcimiento y vestimenta.

Para vivir en un departamento de un dormitorio se necesitan entre 5.000 y 7.000 pesos, dependiendo de la zona, a lo que hay que sumar las expensas, que se ubican entre los 1.000 y los 1.800 pesos, y los impuestos, por arriba de 1.000 también.

En cuanto a comida, el Centro de Almaceneros de Córdoba determinó que un alumno gasta un promedio mensual de 2.830 pesos en alimentos y bebidas. En tanto, la canasta básica de un estudiante tuvo un incremento este año de casi el 24 por ciento, superando los 3.000 pesos.

Los gastos en vestimenta e higiene personal llegan a 1.200 pesos (aunque este ítem varía mucho mensualmente), el uso de celular y las fotocopias roza los 500 pesos. En esparcimiento, un joven puede llegar a emplear unos 600 pesos.

Una forma de abaratar estos costos es elegir una pensión o residencia, donde se alquila una habitación compartida, especializarse en la búsqueda de ofertas y reducir en extremo las posibilidades de entretenimiento. También se ahorra si se emplea el transporte público, ya que en la ciudad está vigente el boleto estudiantil gratuito, y si se concurre al comedor universitario.

En cambio, aquellos que optan por vivir solos y alquilar un departamento en zonas como Nueva Córdoba, salir más, desarrollar actividades extras, como ir al gimnasio, incorporar otros servicios (TV por cable, wifi, abono telefónico) y, sobre todo, asistir a una universidad privada, donde las cuotas aumentaron un 50 por ciento, pueden llegar a duplicar y hasta triplicar su nivel de gasto.

Oportunidades para la provincia

De este modo, las variables económicas hacen que la migración por motivos de estudios termine siendo algo casi privativo para familias como las de los trabajadores estatales riojanos, cuyo sueldo mínimo –sumando el adicional que se cobra todo los meses- alcanza apenas a cubrir el monto promedio mencionado en primer término, es decir, el de las opciones más módicas y, por ende, que exigen afinar por demás las cuentas.

Pero hasta para aquellos que gozan de un pasar financiero más holgado, estudiar en Córdoba se ha vuelto una segunda alternativa. Y son muchos los casos de quienes después de un tiempo, apretados por la inflación y ante la imposibilidad de seguir manteniéndose, emprendieron la vuelta al cobijo del terruño.

Es ahí cuando cobra especial relevancia el que La Rioja cuente en la actualidad con cinco instituciones universitarias (tres nacionales y dos privadas) con una amplia oferta académica, tanto en cursado presencial como a distancia. La situación se ha revertido en gran parte y la provincia se ha transformado con el tiempo en un lugar al que llegan a estudiar cientos de alumnos de otros puntos del país y del extranjero, produciéndose un considerable intercambio socio-cultural y un movimiento económico que se nota con sólo observar la cantidad de complejos de departamentos levantados en últimos años.

Entonces, tener que trasladarse a cientos de kilómetros para cumplir el anhelo de seguir una vocación y cursar una carrera, ya no es para los riojanos una imposición de las circunstancias, una salida casi obligada. El desafío hoy más que nada pasa por lograr que los profesionales aquí formados permanezcan y generen beneficios para el desarrollo local, explotando la matriz de conocimiento generada en hechos y cambios concretos.