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01/02/18

Facundo, estadista y visionario

Tiene razón Dardo de la Vega Díaz en su bello y prolijo libro “La Rioja heroica” cuan do afirma que Facundo necesitó la pluma de Sarmiento para que éste contase sin mayor rigor histórico lo que significó, según el sanjuanino, como representante del país áspero y criollo.


Ese fue el Facundo que en muchos aspectos ha seguido siendo el concepto que de él se tiene hasta nuestros días. Pero el “Facundo” le sirvió y mucho a Sarmiento cuando fue hacia 1844 enviado por el gobierno de Chile a estudiar el tema de la educación popular en Europa. Sarmiento se fue con su libro y allá en París logró que muy pronto fuera publicado por la más prestigiosa publicación de Europa y con proyección hacia América: “La revue des deux mondes” siendo el primer libro que se conocía de autor de América Latina publicado en Francia. No mucho tiempo después Víctor Hugo lo mencionaría en su novela “Los miserables”. Sarmiento viajó hacia Argelia que estaba en ese tiempo invadida por Francia que terminaría colonizándola hasta finales del siglo XX. En su viaje y en Barcelona conoció y se hizo amigo de Fernando de Lessep, cónsul francés, que tiempo después sería quien abrió y construyó el canal de Suez. Fue Argelia y el general en jefe francés tuvo que soportar la pedantesca lección de táctica de cómo enfrentar a las fuerzas árabes en estado de revolución, según él, por el profundo “conocimiento” de cómo peleaban las fuerzas insurgentes, experiencia adquirida en su país. Facundo pasó a ser por obra y gracia de la venenosa pluma del sanjuanino el protagonista absoluto de la primera novela histórica de Latinoamérica, personaje hecho conocer por él en todo el mundo culto de la Europa de mediados del siglo XIX. Fue bendecido por la fama, pero la mala fama. Sarmiento no reconoció en él a un personaje que el tiempo y la historia nos ha demostrado que fue más que un caudillo, que un guerrero valiente y contumaz un acabado y perfecto estadista, de eso nada menciona en su libro pero es incuestionable que Facundo puso en marcha hacia 1823 una de las políticas más adecuadas para lograr el desarrollo de su empobrecida provincia: fabricar moneda en una ceca y un Banco de Rescate. No fue idea de Facundo, pues en el Congreso de Tucumán durante varias sesiones hacia 1818 se discutió la necesidad de crear en La Rioja eso lo que hizo Facundo. Y es que la riqueza de Potosí que permitía el funcionamiento del Virreinato del Río de La Plata luego de mayo del 10 nunca más llegó al país. Se echó mano de los bienes de los españoles y se hicieron mil malabarismos para cubrir los gastos de los ejércitos patriotas y el mayor gesto formar el Ejército de Los Andes. La propuesta del Congreso no funcionó y tiempo después Facundo invirtió mucho dinero en la compra de máquinas y en contratar especialistas, en Europa, de mandar construir un camino de La Rioja a Córdoba para el traslado de las máquinas poniendo en ejecución éste plan que de haber tenido éxito en el tiempo era sin duda la mejor salida para sacar a La Rioja de su postración y pobreza. Pero vinieron los asesinatos de Dorrego, la desaparición de la efímera presidencia de Rivadavia y comenzó la larga y sangrienta guerra civil que hasta la década del 70 recién terminó con los levantamientos del entrerriano López Jordán. Siempre creímos y pensamos que Facundo nunca quiso intervenir en estas guerras y que si lo hizo fue llevado en gran parte por la indignación que le provocó (como lo muestra su correspondencia de la época) la absurda eliminación de Dorrego. Allí dijo basta y entró en el entrevero. Su proyecto tuvo una floja continuidad y en realidad la posterior muerte de él casi lo echó por tierra. Ya hacia la década del 40 un inescrupuloso empresario cordobés comenzó a fabricar moneda falsa lo que obligó a los gobiernos vecinos de La Rioja a pedir que esa moneda no siguiera circulando. Tampoco prosperó hacia fines de esa década el intento de Peñaloza por conseguir un préstamo de $1000 de Felipe Ibarra para continuar el proyecto de Quiroga. El santiagueño amarrete frustró el intento.

Pero no quedó allí solamente el Facundo estadista pues la carta de la Estancia de Figueroa que le escribió Rosas y que fuera encontrada en Barranca Yaco manchada con su sangre era la antitesis más tajante de la postura de Rosas. Quiroga quería Constitución, federal, justa, que sirviera para un desarrollo armónico del país y que terminara con el desequilibrio notorio ya a favor de Buenos Aires.

No fue Facundo ni el gaucho ignorante, valiente eso pero torpe y sanguinario como lo pintó con su pluma de primer nivel Sarmiento. Fue un audaz estadista, un hombre consciente de las necesidades de los pueblos del interior, pueblos a los que él conocía perfectamente en sus necesidades y en sus aspiraciones a diferencia del burócrata de San Benito de Palermo que no se movió sino unos pocos kilómetros del puerto, que detestaba los gauchos y que en su oportunidad y luego de la expedición al desierto que mandara Facundo ordenó el fusilamiento de cientos de indígenas por su conducta caprichosa.

Si alguien fue el opuesto más absoluto de Rosas fue Facundo que tenía una concepción del federalismo, asentada en su profundo conocimiento del país criollo e interior.