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12/02/18

La lluvia no empañó la celebración del Cosquín Rock

COSQUIN (Enviado especial). Un intenso, aunque breve aguacero, fue el telón de cierre en la primera jornada del festival de rock más grande del país. La lluvia, en esta ocasión tradicional, compañera en Las Sierras, fue mucho más potente de lo que vivieron ante las 40 mil personas que colmaron el Aeródromo de Santa María de Punilla.


En cada uno de los seis escenarios desplegados en esta 18ª edición, bandas y solistas justificaron la alegría y la pasión que Cosquín Rock despierta.

Las zapatillas embarradas puestas a secar. Y mucha chance no hay, porque seguía nublado. Las perspectivas para la segunda jornada de ayer hicieron agua, pero siempre estuvo la posibilidad de que así como tan repentinamente empezó, así tiene que parar, justo a la hora de llegar al predio para la actuación cada banda.

Es lo que se vivió en Las Sierras de Córdoba en la jornada de ayer. Pero antes del sábado pasado y como se pronosticaba, fue inolvidable. La lluvia de madrugada también fue puntual: interrumpió después de algunos temas la presentación final de Las Pastillas del Abuelo, pasadas la 1:30 de la madrugada, después de un día en el que se alternaron nubarrones con periodos de sol generoso.

Pero momentos antes, en el escenario principal, pasaron bandas que vienen pisando fuerte: Sueño de Pescado y El Bordo no defraudaron y le pusieron mucho rock, mucho pogo, mucha conexión entre músicos y público durante la tarde. Se trató de dos bandas cada vez más trascendentes, que saben conquistar con canciones que mantienen buen ritmo y estilo directo.

Después de las 18:30 hicieron su aparición Las Pelotas. Para verlos fue aún mayor la concentración de fanáticos. Cumplieron su papel de forma precisa, sobre todo, cuando encararon sus éxitos más clásicos y en ese momento en el que hicieron que Raly Barrionuevo los acompañara en un tema. Sin embargo, también pudieron notarse ciertos altibajos en el entusiasmo.

Llegó el turno de Ciro y Los Persas y el escenario principal estalló en movimiento, canciones a todo pulmón y el colorido de luces y banderas. La cuota se repartió entre los nostálgicos de Los Piojos hasta aquellos que prefieren al Ciro de ahora, quien aprovechó para anunciar la próxima salida de "Naranja Persa 2", promocionándolo como "lo mejor de la banda hasta ahora".

Un poco más tarde, llegó el turno de los estadounidenses Creedence, con el inconfundible sonido de las carreteras, temas que ya son íconos en el género y que todavía provocan emociones. Un poco más allá, lejos de la máquina constante del rock, en el escenario alternativo el reggae hacía de las suyas y aportaba su sabor inconfundible, su paz y delicadeza, la seducción de sus ritmos. Para destacar la presentación de Los Cafres, con una entrega que la mayoría de sus seguidores agradecieron tirados sobre el campo del Aeródromo.

La actuación de la noche fue para Skay y Los Fakires, que sonaron con potencia intacta conducidos por la magia de esa guitarra que traslada a Los Redondos y eleva con brillo propio cada espectáculo. La emoción se asentó a flor de piel con su versión de "Ji Ji Ji" y con temas como "Flores secas" y "Oda a la sin nombre". Skay cuenta historias, invoca a los espíritus, es como esos chamanes que bajo su influjo hacen natural el gran salto, el misterio imposible de fragmentarse. Poderoso y actual sería alguna manera, sólo una de tantas, de intentar definirlo.

En el cierre Las Pastillas confirmaron su excelente momento, asentado sobre una sólida trayectoria dentro el rock barrial y animándose a más. Lo suyo inició pasadas las 1:10 y tocaron hasta que la lluvia dijo basta. Unos quince minutos antes de las 2:00, fue necesario desconcentrarse, correr a refugiarse y empezar a dejar el predio. Se hizo lenta la salida, porque si bien la lluvia menguó media hora luego, el agua se hizo compañera del camino, impuso sus correntadas y zonas anegadas. Incómodo pero también parte del romance: se sale cantando, haciendo bromas, tratando de mantener el equilibro sobre el barro, buscando algo para comer en los innumerables puestos o comprando, ya tarde, el piloto. Se sale para volver.