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06/03/18

Cuando las arrugas cambiaron el mundo

Quizás un periodo de los más significativos por cuanto se produjo, al menos, en el mundo occidental, fue el largo período en el que fue rey de Francia Luis XIV. Cambió la religión de ser mayoritariamente aceptada al surgimiento de los más acérrimos anticlericales; cambió la moda, cambio el arte, la arquitectura, cambió todo…


Ninon de Lenclos fue en tiempos del Rey Sol una famosa cocotte (simplemente putarraca) pero muy inteligente y muy chispeante. Además de bella (para la época, por supuesto) fue rapidita en todo y en lo sexual para qué hablar. Pasó a la historia y muy bien merecido por lo que a partir de ella los muchos cambios que impuso en las costumbres especialmente de las mujeres no solamente en su presencia en el mundo sino también en infinidad de nuevas facetas. Fue realmente un cambio copernicano.

Pensemos en una Europa pacata, hipocritona, que despreciaba de la boca para afuera todo lo relacionado con el sexo; Europa machista hasta el extremo, prejuiciosa, inalterable en un pensamiento cínico y ridículo, en ese siglo XVII y comienzos del XVIII. Es bueno recordar que fue la época de los grandes dramaturgos y especialmente de los comediantes que hicieron trizas costumbres que rápidamente pasaron a la historia. Fue el teatro en especial una de las herramientas más eficaces para que estos cambios significativos ocurrieran.

Pero volvamos a Ninon de Lenclos de la que de entre las muchas cosas graciosas que dijo o muy serias según se vea, opinó: “Odiaba las arrugas. “Si Dios tuvo que dar arrugas a una mujer, debió por lo menos habérselas puesto en las plantas de los pies”.

En su testamento dejo únicamente diez ecus para su entierro, “de modo que sea lo más sencillo posible”; pero “suplico humildemente a M. Arouet –su abogado– que me permita legar a su hijo, que está en los jesuitas, mil francos para libros”. El hijo compró los libros, los leyó y se convirtió en Voltaire.

El supremo hechizo de la sociedad francesa consistió en que el estímulo sexual se extendió a la mente, en que las mujeres se sintieron inducidas a añadir inteligencia a la belleza y en que los hombres fueron llevados por las mujeres había el comportamiento cortes, el buen gusto y el pulido hablar; a este respecto, el siglo de 1660 a 1760 en Francia señala el cenit de la civilización. En esa sociedad, las mujeres inteligentes fueron numerosas más allá de cualquier precedente; si eran además atractivas de rostro o de figura o por su solicitud y amabilidad, se convertían en una penetrante fuerza civilizadora. Los salones enseñaban a los hombres a apreciar el refinamiento femenino y a las mujeres a apreciar el intelecto varonil. En esas reuniones, el arte de la conversación alcanzó una perfección no conocida ni antes ni después: el arte de cambiar ideas sin exageración o animosidad, con cortesía, tolerancia, claridad, vivacidad y gracia. Otros salones continuaron la tradición en las mansiones de Mmes. De La Sablière. De Lambert y de Scudéry, la ultima la más famosa novelista del reinado, la primera una mujer que atraía a los hombres por la belleza, a pesar del amor que sentía por la física, la astronomía, la matemática y la filosofía. Molière pudo muy bien haber reconocido el derecho a las mujeres a participar en la vida intelectual de su época.

Son las mujeres de Francia, aun más que sus escritores y artistas, quienes constituyen la corona de su civilización y la gloria especial de su historia.

En los retratos que han llegado hasta nosotros, estas damas parecen un poco gruesas, rebosantes en sus corpiños, pero, al parecer, los hombres de la época eran aficionados a un calor adiposo en sus amores”.

En todo sentido ésta época de cambios tuvo a la mujer en un papel principal. Hasta entonces genéricamente esta había participado en lo cotidiano, en lo religioso pero no  en el arte ni en el teatro, ni en literatura pues en muchos aspectos había sido considerada una suerte de ser de segunda, compañera o medio esclava, mejor, del hombre que hasta entonces se había permitido cuantos excesos y estupideces se le ocurrieron. Ninon de Lenclos fue una de las destacadas mujeres que aprovechando su no muy prolongado éxito y destacada actuación arremetió contra ese mundo que comenzó a desgajarse que había llegado al absolutismo total en sus instituciones pero sobre el cual habían comenzado a soplar fuertes vientos de liberación pues lo que hicieron los hombres y mujeres esclarecidos de ese tiempo sirvió como inspiración para personajes tales como Voltaire, Diderot, Feijoó, Rousseau, décadas después.

Pareciera como una suerte de ley no escrita que en los tiempos bisagra, aquellos en los que la humanidad cambió su rumbo siempre hubo mujeres esclarecidas que contribuyeron a realizarla. Primero que todo porque siempre han sido ellas en su mayoría las que podrían beneficiarse con el cambio pues no es de hoy y el tema en cuestión es tan eterno como la humanidad que la mujer siempre ha estado minusvalorada, ninguneada y segregada. Eva fue la primera por eso cuando de cambios se habla es difícil negar o imposible, que hay una mujer o muchas que empujan para que ello se cumpla.

La mirada escéptica y burlona de la bella francesa marcaba a su manera, negando las arrugas, que era posible un mundo futuro en el que ellas, las arrugas pasaran a segundo término. Disparatada la cosa pero que algo de verdad tiene. Por algo es que la mujer hoy en día sigue pensando seriamente que las arrugas no deberían estar donde están y a la que es bueno y necesario para estimular su ego ubicarlas en los pies o en cualquier parte donde no se vean.