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02/04/18

La tragedia de Pozo de Vargas

Con la batalla de Pozo de Vargas comienza a descender el telón de la larga lucha de más de medio siglo de la guerra civil en nuestro país. Tres años después el asesinato de Urquiza en su palacio de San José luego los dos levantamientos de su sobrino Ricardo López Jordán y su derrota, pondrían fin al proyecto federal.


Pozo de Vargas tiene todos los ingredientes de la tragedia griega: conspiración, esperanzas fallidas, traición, sangre en abundancia y crueldades sinfín. Y el triunfo final para los canallas y los ladrones. A fines de 1866 estalla en Mendoza la Revolución de “Los Colorados” con jefes prestigiosos que obran de acuerdo a un plan que invadiría el sur de Córdoba y el noroeste argentino.

La columna de Varela no tenía en principio que combatir en La Rioja sino más al Norte, realizando de esta manera una suerte de pinzas para revolucionar el país con miras a terminar de una buena vez con la Guerra de la Triple Alianza.

Las montoneras de Varela habían ofrecido como alternativa al gobierno amigo de Paraguay de Solano López su ayuda incondicional  para enfrentar a las fuerzas de Brasil, Argentina y Uruguay. López rechaza este ofrecimiento pues consideró que su ejército no necesitaba del concurso de fuerzas irregulares.

Y es que esta guerra inicua no gozaba del más mínimo apoyo especialmente en las provincias del interior y Argentina al firmar pactos secretos con el imperio esclavista de Brasil no hizo sino servir a un proyecto hegemónico que nada le dejó sino contribuir a la destrucción de un país hermano.

Quien obtuvo inmensos beneficios fue el Imperio y es justamente esta situación la que indignaba a los que llevados por la fuerza a los esteros paraguayos se amotinaron tanto en La Rioja como en Córdoba, Entre Ríos, etc.

Al llegar a las proximidades de La Rioja a principios de abril de 1867 Varela cree posible derrotar a las fuerzas nacionales estacionadas en ella y comandadas por los hermanos Taboada. Varios aspectos no tuvo en cuenta Varela a la hora de la decisión: que las Fuerzas Nacionales estaban provistas de muy buen material de guerra traído del frente paraguayo por Mitre que no quería tener el país en revolución cuando el mismo se enfrentaba a una denodada defensa por parte de los paraguayos.

Y es así que Varela con un número similar de combatientes pero con muy malo y escaso armamento se enfrentaba a un adversario numéricamente similar pero con significativos recurso de todo tipo y segunda cuestión que en definitiva fue crucial en la definición de la batalla la traición no esperada de su lugarteniente y conmilitón Carlos Ángel quien, tal como lo establece el fundamental libro del historiador Molina Torres percibiría por su acción generosa retribución. La misma consistió en no obedecer la orden que le había dado Varela de tener listos estanques ubicados en las proximidades de La Rioja con el agua necesaria.

La sed no satisfecha, fuertes calores, recursos militares insuficientes mostraron que antes de disparar un solo tiro la balanza no estaba a favor de los federales y montoneros. Sobre la misma mucho se ha escrito del valor de la caballería mandada por el federal Elizondo, de la cuasi derrota de los santiagueños pero al fin la infantería de estos se impondría.

Pozo de Vargas sería sin duda un giro copernicano en la historia nacional. Un testigo y combatiente de los hechos posteriores de aquel miércoles trágico contaría días después en Jachal que estuvo observando el día posterior como se seguía escuchando distintas escaramuzas y es que la persecución a los montoneros fue empecinada y sanguinaria, en la que se mostró hasta la abyección el uso del “cepo colombiano”, fusilamientos, estaqueadas y demás expresiones de la barbarie desatada.

Félix Luna en su primer trabajo histórico hablaría de hechos posteriores a Pozo de Vargas y comentaría que los santiagueños arrasaron con gran parte del patrimonio de los riojanos yéndose hacia su provincia y cargando todo tipo de enceres cuyo ruido se escuchaba a larga distancia.

Varela escapa y seguirá durante varios meses recorriendo la provincia, estuvo en el oeste riojano, volvió a la capital y finalmente iría con parte de su derrotado ejército a pasar el invierno en el lejano pueblito de Antofagasta de la Sierra (Bolivia) desde el que enviaría varias cartas a su delegado en Chile solicitando auxilio en armas, dinero, etc. y como punto final y consecuencia de Pozo de Vargas el 10 de octubre de ese año tomaría por breve tiempo la capital de Salta de la que debió alejarse rápidamente por la estrecha persecución del general catamarqueño Navarro. El Quijote de los Andes enfermo ya de tisis emigraría a Chile de donde volvería un año después en un intento vano por continuar la lucha, la derrota y el definitivo exilio y su muerte el 4 de junio de 1870 en Nantoco pondría punto final a esta trágica epopeya.