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28/05/18

Crónicas Marxianas

El 5 de mayo se cumplieron doscientos años del nacimiento de alguien que no en su tiempo, pero con posterioridad sus ideas cambiaron al mundo. Ahora que ya no pertenece en exclusividad a una ‘Iglesia- partido’, se puede volver a estudiar, analizar, investigar y teorizar sobre sus textos.


Por Carlos Liendro 

Esos textos que luego se conocieron estaban guardados desde el siglo XIX (como ‘Los manuscritos de 1844), y muchos filósofos firmaron sus culpas y errores por haber interpretado mal esos ‘libros sagrados’ que se permitían debatir, lo debieron hacer ante el partido. El triste ejemplo fue del intelectual- hombre de Letras y filósofo Georg Lukács.

Ahora Marx está más libre que nunca, pero no para decir cualquier cosa. Simplemente están ahí sus libros para leerlos (para algunos empezando por ‘El capital’, para otros por ‘Las Tesis sobre Feuerbach’, ‘El manifiesto comunista’ de 1872), pero teniendo en cuenta que era la primera vez en la historia de las ideas, que se analizaba una gran crítica a la economía y a la economía política en una incipiente sociedad de mercados.

Esto hace que autores como Terry Eagleton escriba en su libro: ‘¿Por qué Marx tenía razón?’, como un alto ejercicio de pensamiento tomando 10 tesis de toda su obra, sometiéndolas a los prejuicios que existieron y a su vez analizar qué hay de verdad en estos tiempos.

Así concluye ese texto: “Marx tenía una fe apasionada en el individuo y grandes recelos ante los dogmas abstractos. No le interesaba el concepto de la sociedad perfecta, desconfiaba de la noción de igualdad y no soñaba precisamente con un futuro en el que todos y todas vistiéramos monos de trabajo con nuestro número de carné de identidad estampado en la espalda. Lo que él aspiraba a fomentar era la diversidad no la uniformidad”.

Entre los escombros del ‘Muro de Berlín’ volvió a surgir otro Marx. De nuevo se busca un nuevo método para analizar la sociedad capitalista, la división del trabajo, la concentración del capital en pocas manos (monopolios), el lugar que debería ocupar el Estado.

Todas esas preguntas siguen vigentes en algo simple: entender que mientras exista pobreza, injusticia, violencia, las categorías marxianas están presentes.

Su metáfora arquitectónica es la que explica en como ‘la superestructura’ visible, descansa sobre una base, un piso no visible. Marx al analizar con un método crítico los discursos de una época (en la economía, el derecho, la educación, la filosofía, la religión) analiza la ‘ideología’. Por eso es un descifrador de signos, un ‘maestro de la sospecha’ (como también fueron considerados Nietszche y Freud). Mostrará las criminales contradicciones del sistema. Comenzando por la explotación de un grupo sobre otro (que se conoce tan mal simplificado como ‘lucha de clases’). Una de sus frases más conocidas y que siguen mostrando actualidad es: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”