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14/09/18

El Día de Les Maestres

De niños, con nuestra portentosa imaginación, nos proyectábamos al porvenir con la mágica invocación “cuando sea grande”. Lo hacíamos de continuo y sintiendo un particular placer..



La realidad era puro presente. La condición niño, o mejor la condición “hijo” casi podría decir que no transcurría sino que estaba quieta en un eterno presente. El presente de los adultos, hoy en día, es un término vacío de significación, el presente se extingue en el preciso instante de surgir o quizás antes. Parece que su abolición precediera a su existencia.

Mi mamá o mi papá podían ayudarme de vez en cuando con los deberes porque veinticinco o treinta años antes de mi época, aprendieron las mismas cosas que me tocaban a mí y además se llamaban del mismo modo. La escuela primaria ofrecía la formación básica, las cuatro operaciones, la regla de tres simple, la superficie de las figuras en el plano, la ortografía, la conjugación de los verbos, algo de lectura y redacción, algo de historia y de geografía. Todo muy simple, pero a la vez maravilloso, esas cuatro o cinco cosas las aprendíamos todos.

Los programas no eran muy ambiciosos pero la política educativa si que lo era. No debía haber un solo argentino analfabeto.

Y no me venga con que me opongo al progreso, de ninguna manera, jamás lo haría.

Pero no nos confundamos, ponerle nombres difíciles a las materias (oh! ¡qué desactualizado! Se dice “espacios curriculares”) de programas que no se aprenden, con jóvenes que terminan la secundaria sin saber leer no se puede llamar progreso.

Cuando digo sin saber leer lo hago con precisión. Son muy pocos los jóvenes que saben leer. Me refiero a recorrer una frase de más de diez palabras y poder asir su sentido. Esos jóvenes hoy cursan los profesorados que reproducen el elenco docente con casi nula formación, para a su vez reproducir la ignorancia con certificados de estudios.

Recuerdo cuando uno llenaba una solicitud de empleo y debía responder el casillero “estudios cursados”. Sería más adecuado hoy en día llamarlos “certificados obtenidos”

Esas manías  corruptas del “menor esfuerzo” y del “mal y pronto” van invadiendo el ámbito sagrado de la niñez hasta edades cada vez más precoces.

Querides docentes, ustedes, nosotros los padres y los niños somos todos víctimas y mientras intentemos zafar, echándonos mutuamente culpas, más grande será la hoguera que terminará quemando toda esperanza.

¿No habrá alguna manera de celebrar este día con otra proyección? ¿No seremos capaces de mirar juntos hacia el futuro de nuestros niños? ¿Seguiremos declamando un discurso federal pero mirando a la metrópoli a ver si hacen llover sopa?

En tiempos difíciles como los actuales, con los bolsillos cada vez más anémicos y los espíritus cada vez más desinflados, tenemos que aferrarnos a la suma. Sumar nuestras voluntades, nuestras tristezas, nuestras pobrezas.

La unión hace la fuerza.

Un cariñoso saludo a las maestras y a los maestros en su día.

 



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