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13/02/19

Si Barranca Yaco no hubiera existido

Rosas tenía hacia Facundo Quiroga una mezcla curiosa de respeto y temor. Era, quizás, en esos años finales de la vida del riojano ya afincado en Buenos Aires el único dirigente de prestigio que podría haberse enfrentado a Don Juan Manuel. Y sobre esta cuestión abundan los testimonios.



Por un lado muchas de las figuras notorias de por aquellas décadas o habían muerto o habían entrado en una vejez poco vigorosa. Estanislao López, el caudillo de Santa Fe, ya era hombre viejo y gastado y nunca tuvo garra para enfrentarse a las posturas de Rosas. Bustos había muerto hacía unos años luego del desastre de la Tablada. Alejandro Heredia quizá el más culto de los hombres públicos de esa época había mostrado peligrosas inclinaciones por la botella el hombre, decadente ya, sería víctima poco tiempo después del 35 del rencor de sus adversarios.

La machacona frase de Rosas que antes de constituir el país había que organizar y ordenar las realidades provinciales quedó con el tiempo demostrado que en realidad más allá de ordenar las provincias Rosas nunca intentó o hizo nada para que la Argentina se organizara con una Constitución Nacional. Quedó como antecedentes a la Carta Magna una serie de tratados entre algunas provincias que le servirían al caudillo porteño de instrumento adecuado para ir inexorablemente a una dictadura absoluta.

Quiroga pidió varias veces a Rosas que el camino, el único camino adecuado, era tener la Constitución Nacional. Que Rosas nunca aceptó esta propuesta lo demostraría aquella larga y famosa carta que le escribiera a Facundo cuando éste marchaba al norte para arreglar las desavenencias existentes entre provincias en aquellos días, el riojano era por su prestigio el único quizás que podía arreglar los entuertos bélicos. En esa carta que se mancharía en Barranca Yaco con la sangre de Facundo, Rosas insistía en su remanida y repetida tesis: organizar primero las provincias para redactar después la Constitución pero en el fondo ni en ese documento ni en su larga tiranía Rosas demostró su absoluto empecinamiento.

Que se podría haber hecho en Argentina algo distinto de lo que hizo Rosas, se podría haber hecho. En Chile sus dirigentes pensaron e hicieron lo contrario, fueron gobiernos fuertes, fueron respetuosos de los adversarios y no hubo sangrienta dictadura y es que Bulnes, O´ Higgins, Portales no eran afectos a dictaduras ni persecuciones políticas.

De no haber existido Barranca Yaco, pensamos, muy otra hubiera sido la historia argentina. Por empezar el gobierno con poderes absolutos de Rosas no hubiera existido, Quiroga no era por más que Sarmiento se encargara de decir lo contrario un hombre sanguinario y despiadado. Rosas en cambio al no tener ante él a rival alguno que se le pudiera oponer inmediatamente de ocurrido el crimen de Barranca Yaco se hizo dar por la Legislatura porteña la suma del poder público, que conservaría hasta el 3 de febrero del 53 cuando lo echara del poder y del país Justo José de Urquiza. Luego de su muerte Rosas que obtendría todos los beneficios de la misma no hizo sino inventar entre nosotros el Terrorismo de Estado y lo hizo acompañado de las más groseras expresiones del desprecio al adversario. Salvajes, asquerosos, inmundos, unitarios a los que agregó federales no rosistas, federales del interior como el Zarco Brizuela o el mismo Peñaloza que para nada comulgaban con la política centralista de Rosas. Todos sus adversarios fueron colocados en la misma bolsa pues para Rosas todos tenían que desaparecer. Y una mala frase, lamentable, de San Martín aquella en la que el sostenía la imposibilidad de haber dos propuestas políticas enfrentadas por la que una de ellas debía desaparecer, fue tomada por Rosas al pie de la letra y si bien lo que habría querido decir San Martín no era la que adoptó don Juan Manuel le sirvió a éste como justificación de sus inauditos atropellos.

Un fantástico libro de Vicente Quesada “Memorias de un viejo” nos cuenta el estado de tristeza, de miedo, de terror que se vivió en los largos años de la tiranía pues no hubo nadie sino hasta fines de su dictadura que lo contuviera y le hiciera ver a Rosas el mucho mal y daño que producía en el país, pues Quiroga el único que podría haberle puesto freno había pagado con su sangre la defensa de sus ideas progresistas y adecuadas a un pueblo que necesitaba terminar con la guerra civil y encaminarse en paz hacia su destino. En lo que respecta a La Rioja Rosas no hizo sino continuar con la política de Rivadavia y echar a la basura el proyecto de estadista de Quiroga que pensó que troquelando moneda de buena calidad La Rioja, podría haber salido de su ancestral miseria. Nada le debe La Rioja a Rosas por ello siempre hemos creído que ese homenaje al tirano que se le ha brindado en esta provincia fue, sin duda una muy desacertada medida.

Si no hubiera habido Barranca Yaco otra historia, sin duda y mucho mejor y más humana hubiéramos vivido.

 

 

 



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