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28/07/20

Recuperar los valores perdidos

Es hora de comenzar a plantear la necesidad de revertir este fenómeno social en el que se encuentra sumida hoy la Argentina y es la casi total pérdida de valores éticos y morales. Esta carencia de valores de la clase dirigente del país, proveniente de todos estamentos que la componen, nos está sumiendo a toda la sociedad en una de las mayores crisis ético morales.



Jorge Reinoso- Rivera Periodista

La ciudadanía argentina, no solo necesita sino también desea, despegar e integrarse cada vez más a un mundo totalmente globalizado que se dirige a niveles mejores y mayores de convivencia social, sociedades donde realmente se les presta atención y dedicación a los ciudadanos, cuidando de cada uno de sus componentes sociales en base a sus requerimientos personales o a sus elecciones de vida.

Hoy, en sociedades más avanzadas como es claramente la de Suecia, Noruega, Dinamarca, la misma Holanda, Japón, por nombrar algunas, el estado se encarga de cada uno de los componentes de su sociedad, sus ciudadanos.

Ahora bien, el encargarse de ellos no significa una intervención directa en cada ciudadano, todo lo contrario, el Estado como tal implementa los caminos y medios necesarios para el desarrollo libre de cada uno de ellos y sobre todo respetando sus concepciones ideológicas, religiosas, sexuales entre otras.

La Argentina un País que venía, a principios del siglo XX, siendo el mayor ejemplo de desarrollo en el contexto de Naciones Latinoamericanas, vio interrumpido ese crecimiento, por el advenimiento de la incorporación de una nueva forma de llegar al poder del estado, planteando que de simple estado administrador que éramos, pasemos a ser un estado con intervención directa en las necesidades de aquellos ciudadanos, que con sus limitados recursos, pretendían con su propio esfuerzo crecer en esta sociedad, en una época conservadora, pero con una clara tendencia a ser abierta al desarrollo de sus distintos estratos sociales. Esa intervención en la política argentina dio origen al “El nacimiento del Estado Paternalista”.

Desde casi mediados del siglo pasado, la intervención directa del estado en los intereses y necesidades de los ciudadanos (al cual denominaron “pueblo”, término que comienza a ser usado por aquellos que abrazaban el fascismo como ideología) apuntan directamente hacia los estratos sociales más necesitados con un escaso y casi nulo desarrollo intelectual, que era una gran mayoría de los ciudadanos del estado argentino. Es en este punto donde se truncan las reales aspiraciones de las clases sociales más humildes ya que el intervencionismo directo del Estado viene a suplantarles sus legítimos anhelos y Sueños de Realización, comenzando así todo este proceso de degradación ético y moral. El mejor ejemplo que se puede dar es, “yo, como ciudadano de escasos recursos ¿para qué me voy a esforzar en ahorrar en tener una casa si el Estado me la regala?, ¿para qué me voy a esforzar en trabajar para pasar unas lindas fiestas si el Estado me brinda el pan y el espumante?, ¿para qué me voy a esforzar en salir a buscar trabajo sin mayor educación , si el Estado, con solo firmar una adhesión, me incorpora a su administración? (haciendo de este un gran “elefante blanco” o administración burocrática)”, con todas estas malas consignas no solo nace el estado con intervención directa, sino también nace, “el gran drama argentino”, “La demagogia Populista”.

Este sistema que empezó a calar muy hondo en gran parte de nuestra sociedad y de aquellos que es más fácil entregar la dignidad por el facilismo de que el estado les brinde todo, llevo indefectiblemente a lo que hoy como sociedad somos, ya que en la conciencia colectiva se dice, “¿si como ciudadano, me nutro de estos “beneficios”, como no voy a permitir que el gobernante también lo haga si el me da a mí también?”, y así nació el “Roba pero hace”.

Es de vital importancia que recuperemos los valores perdidos para que así renazca nuestra amada República.

Sarmiento decía “todos los problemas, son problemas de educación” y en esa educación existe la ética y la moral que hacen grande a cualquier sociedad que quiera ser libre.

Sigo creyendo que con la democracia se come, se cura y se educa, pero con una verdadera República, ética y moralmente correcta, crecemos todos como sociedad.