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11/09/20

Días en conflicto

La policía bonaerense tiene una larga tradición. Actualmente son 90 mil efectivos. Han tenido diversas reformas institucionales, pero siempre se han salido con la suya.



Por Carlos Liendro

Para enunciar podemos citar cuando Aldo Rico fue el jefe de la policía en el gobierno de Ruckauf. Era por 1999 cuando nombraron al ‘carapintada’, que duró poco tiempo en el gobierno. Las crónicas de la época afirmaban que el cargo vacante que dejaba Rico, se lo ofrecieron a Luis Patti, que no aceptó. Luego vino una especie de reforma de León Arslanian, por el 2004, en el gobierno de Felipe Solá. El acto fue presentado en la casa de gobierno de La Plata y los titulares decían: “Un modelo organizacional descentralizado y un reordenamiento funcional del personal de las distintas policías”. Estos cambios fueron aceptados entusiasmadamente, pero en el gobierno provincial de Daniel Scioli se desarmaron.

Ya había sucedido por febrero de 1997, la muerte del fotógrafo José Luis Cabezas, por ‘la mejor policía del mundo’, como la denominaba el gobernador de esa época. La violenta noticia, conmovió al país y parecía que iba a haber un antes y un después cuando los policías que intervinieron fueron llevados a juicio. Hoy todos están libres. La viuda del fotógrafo de la revista Noticias, vive en España con su hija. Los asesinatos de Kosteki y Santillán en Avellaneda, cuando fue la violenta represión, es otro de los criminales recuerdos que nos deja esa policía sedienta de sangre.

Entonces cuando uno va conociendo las décadas que han pasado en democracia, y de cómo se necesita tener bajo control a las fuerzas de seguridad, uno ve que no solo han aumentado (duplicado), sino que siguen las muertes, donde esos hombres armados por el Estado, son los primeros sospechosos (lo último es el caso de Facundo Astudillo Castro). A fines de la década del noventa eran 48 mil el personal policial de la provincia. Hoy no alcanza solamente con generar reformas, que pueden cambiarse de una año para otro o con cualquier cambio de gobierno; lo que va quedando claro es la incapacidad de la clase dirigente de afrontar y dar solución a estos temas. La policía de la provincia deriva de los años más oscuros de la dictadura. Aprendieron, llegada la democracia con Alfonsín y Armendaríz (primer gobernador en 1983), el lugar que ocuparían en la distribución del poder. Por eso siempre se analizó la fortuna de los comisarios, las distribuciones por zonas, para manejar el juego, la prostitución, la droga. Esto era caja registradora. Los políticos, los sociólogos, los politólogos (ya que esto se estudia en las universidades y hay buena bibliografía actualizada) lo saben.

Para nuestra generación lo sucedido entre el ocho y diez de septiembre de 2020, fue acto de sedición. Comenzó temprano rodeando la casa del gobernador de la provincia de Buenos Aires, y luego se completó con los patrulleros alrededor de la Quinta presidencial en Olivos. Nos recordaba a las asonadas de los ‘carapintadas’ donde le exigían condiciones de amnistía al gobierno de Alfonsín, y los radicales cedieron. En este levantamiento de los ‘patas negras’ como le dice la policía federal a los de la provincia, los acontecimientos se desarrollaron en varios lugares. Comenzó en Adrogué (la zona sur del GBA), continuó en La Matanza (en el oeste, y a la vuelta donde tiene su asentamiento el ministro de seguridad de la provincia). Se transmitió en directo, y todos tuvieron micrófono abierto. Después se supo quienes eran los voceros (policías jubilados, exonerados, con causas, sumarios, entre algunos de los que hablaban) y hasta se pudo ver un show entre grotesco y dramático de un policía subiendo a una antena, amenazando con tirarse. Todo transmitido en directo por TV.

¿Dónde estaba el ministro de seguridad?, que antes se paseaba por los canales de TV en distintas horas ó iba a alguna situación armada, vestido de combate y en moto. Los policías habían roto la cadena de mandos. Pocos sabían que determinados funcionarios en cargo técnico- políticos, estaban desde el gobierno de Vidal. Otra vez sin reflejos la clase dirigente. Pasó ya una vez con muchos funcionarios que dejó el macrismo en otras áreas de Economía, Desarrollo social. La policía no es un espacio como lo puede administrar  el Ministerio de Relaciones Exteriores: donde se cambia la cabeza y los que están, siguen cumpliendo sus obligaciones.

El gobernador Kicillof, habló por la mañana del jueves. Pudo elevar el sueldo de los policías provinciales para acercarse un poco a lo que está cobrando la policía federal. Planteó una serie de condiciones a favor de los uniformados y habló de la creación de una universidad, para su formación. Es una de las medidas- y faltan bastantes (entre ellas la descentralización)- más importantes (aparte de que ganen un buen sueldo, que les permita vivir). La creación de una Universidad es algo que puede formarlos y capacitarlos, en darles una visión amplia de proyecto de país y en Derechos Humanos. En varios países del mundo los policías están sindicalizados. Sería interesante que la sociedad argentina comenzara a preguntarse si los policías, pueden o no tener un sindicato.