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21/11/20

Libros póstumos, los inquietos fantasmas de los escritores

Una serie de libros póstumos publicados a lo largo de este año instalaron la reflexión sobre el lugar que ocupan estas obras, que muchas veces fueron desacreditadas por sus autores y generaron conjeturas acerca de los motivos ocultos por los cuales no se deshicieron de ellas.



Una serie de libros póstumos publicados a lo largo de este año que van desde los cuentos de “La ciudad del vapor” del recientemente fallecido Carlos Ruiz Zafón y "Las amigas" de Aurora Venturini a “Las inseparables” de Simone de Beauvoir, que se publica ahora a casi 35 años de su muerte, instalan la reflexión sobre el lugar que ocupan estas obras muchas veces desacreditadas por sus autores y generan conjeturas acerca de los motivos ocultos por los cuales no se deshicieron de ellas pese a que tenían el propósito de no darlas a conocer.
 
Distribuidas con cierto sigilo en su agenda de lanzamientos, las obras póstumas son una categoría de mercado a la que cada tanto -acaso cada vez más- las editoriales echan mano para iluminar algún pliegue inédito de la obra de un escritor ya fallecido y adicionalmente reencender el fervor lector por el resto de su producción. En lo que va de 2020, dentro de esa genealogía se pueden listar obras como "Los días contados" del periodista Andrew Graham-Yooll, los poemas de Leopoldo María Panero, "La mentira es una flor" y "La liebre que se burló de nosotros" de Andrea Camilleri.
 
Diciembre llegó con tres novedades que revisten como obras póstumas: "La ciudad del vapor" de Carlos Ruiz Zafón, "Las amigas" de Aurora Venturini y "Las inseparables", de Simone de Beauvoir. Este último lanzamiento aporta algo de viscosidad al debate sobre la pertinencia de dar a conocer obras que en vida fueron sustraídas de la circulación pública por decisión de sus creadores.
 
Publicada por el sello Lumen, "Las inseparables" fue escrita por la escritora y feminista en 1954, pero luego decidió no publicarla por consejo de su célebre compañero Jean-Paul Sartre bajo el argumento de que era un texto extremadamente íntimo. Se trata de una historia catártica para la autora, centrada en su amistad apasionada con Élisabeth Lacoin, que sale ahora a la luz por decisión de la hija adoptiva de la pareja, Sylvie Le Bon de Beauvoir.
 
Hay varias razones por las que un libro puede publicarse post-morten
 
La palabra "póstumo" referida a un libro parece tener un significado bastante simple de resolver: una obra publicada luego de la muerte del escritor. Incluso la etimología de la palabra es sencilla: "post" (después), "humus" (tierra, entierro, muerte). Sin embargo, tiene algunos grados de complejidad.
 
No es tan sencilla como la idea de "hijo póstumo": un padre que murió luego de la fecundación y antes del nacimiento del niño. Nunca aparece un hijo póstumo cuarenta años después encontrado en un cajón, como suele suceder con algunos libros.
La analogía del hijo y el libro póstumo es muy cercana a la idea de Tamara Kamenszain sobre "lírica terminal": una escritura en el fin de la vida del escritor, una poética de hospital, algo como sucedió este año con "Diario del dinero", el último libro de Rosario Bléfari, que estaba llegando a las librerías cuando la autora murió.
 
Kamenszain trabaja con un corpus de poesía, libros preparados, pero publicados luego de la muerte del autor, con una introducción titulada "Morir es autobiográfico": el "Diario de muerte" de Enrique Lihn, "Hospital Británico" de Héctor Viel Témperley, "El chorreo de las iluminaciones" de Néstor Perlongher y el famoso poema "El pabellón del vacío" de José Lezama Lima. La hipótesis de Kamenszain es que "la poesía como lo más parecido a una autobiografía de la muerte".
 
Sin embargo, no solo la obra escrita en el filo de la muerte hace que un libro sea publicado de forma póstuma. Hay varias razones por las que un libro puede publicarse post-morten. En la publicación de los diarios de Adolfo Bioy Casares hubo una clara decisión del autor de "La invención de Morel": que su secretario Daniel Martino diera a conocer esas intimidades literarias luego de su muerte. El chileno Roberto Bolaño dejó cinco libros inéditos para asegurar el bienestar económico de sus hijos, aunque por decisión de los descendientes y de su editor decidieron hacerlos confluir en un solo volumen, la novela "2666".