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31/01/22

El caballo de Troya

Estar bajo el control del FMI es una forma de colonialismo o coloniaje. Aunque esas palabras hayan perdido sentido para muchos, hay que volver a re-significarlas. Cuando se tiene en cuenta cómo se crearon estos organismos internacionales en el siglo XX. Luego de la Segunda Guerra Mundial, y ‘la Guerra fría’, se comprende qué debía quedar en Occidente (capitalista) y qué del otro lado del mundo. Por eso resulta claro si se historia cómo vivimos atrapados en la deuda y quienes la contraen, quedando expuesto que todo sucede después de 1955.



Por Carlos Liendro

La nueva derecha desde Miami y para toda Latinoamérica, ha clasificado y sentenciado que es ‘el populismo’ y cuáles son los gobiernos  que lo practican. Para estos no existe la idea de soberanía económica y menos de emancipación (porque ellos manejan los negocios de intermediarios entre el comercio exterior e interior). Han comprimido en esta nueva ‘Guerra fría’ una definición que pone en primer lugar el modelo económico que debe aplicarse. El tema central es el Estado, el gasto público, las restricciones al dólar, las políticas provisionales y la flexibilización laboral. Centenas de economistas neoliberales repiten la misma cantinela, que comenzó para nosotros en Argentina con Martínez de Hoz y continuó con Domingo Cavallo. Siempre están retornando con otros nombres pero con la misma ideología apara oponerse. Lo que siempre predican es la reducción de los derechos que supieron conseguir los trabajadores y las políticas sociales del Estado. Estas políticas económicas se han ido aplicando en las décadas anteriores, y han fallado, porque justamente dejan afuera a las mayorías. Nunca se cuenta en qué sucede con la economía en Estados Unidos (para eso hay también cientos de periodistas que no  informan en qué clases de crisis tienen allí, y que solucionan iniciando una guerra), especialmente las del sector financiero y en cómo se ‘ayuda’ a los bancos para salir de esos déficit económicos.

Se han utilizado lindas metáforas para recubrir lo qué estaba sucediendo con la deuda, en la semana anterior al ‘arreglo’. El presidente hablaba de ‘la espada de Damocles’ que está sobre nosotros, y otros citaban a la deuda con el FMI, como un ‘Caballo de Troya’. Ambas metáforas pueden ser ciertas. Pero hay que comenzar diciendo que lo que se acordó con el FMI, fue una deuda ilegítima e impagable. Hasta el mismo ex presidente que  contrajo el endeudamiento tuvo que decir que los dólares que nos prestaron sirvió como garantía a los  bancos, que operan con sus casas locales, pero sacando la plata a sus lugares centrales. El caballo de Troya que los griegos enviaron como regalo a sus enemigos, es lo que nos han ‘regalado’ como  una nueva deuda a pagar por 100 años.

La deuda finalmente se terminó reconociendo y el gobierno no generó ninguna aclaración de quienes se beneficiaron con el ingreso del préstamo y a dónde está ese dinero. Esa es la única manera de dejar claro- para las generaciones futuras- y explicar cómo se ‘lava plata’ en esta timba financiera. Tampoco se ha mencionado quienes son los tenedores de la deuda, para separar entre los buitres del exterior y ‘los caranchos’ de nuestro país. Por eso estaban tan preocupados, y se veía por los Medios concentrados, en las voces de sus economistas, cuando desde una línea del gobierno planteaban qué era el default y que había que ir hacia allí si el FMI apretaba mucho. Hoy se compara como fue el arreglo que hizo Néstor Kirchner y lo que hace ‘el albertismo’ con estos organismos internacionales (El FMI, el BID, el Club de París). Era otro país, pero más que nada era otra Latinoamérica.

¿Se lo presenta como un triunfo este arreglo con el FMI, desde el gobierno? Es los menos peor, se suele decir.  La clase dirigente tiene un poco más de aire, dicen algunos titulares, para el 2023. Aún no se conoce la ‘letra chica’ de lo que se firmó. Pero sí afirman que no se tocará el ajuste salarial, las jubilaciones y la obra pública. Habrá una auditoria cada tres meses y Argentina seguirá en la órbita de los países capitalistas en desarrollo  y más que nunca, dependientes.