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28/09/22

Ensayos Literarios

Conocí a Eduardo Varas siendo estudiante de Letras en UNLaR. Me lo presentó en un bar cerca de la Universidad, un ex alumno mío en Buenos Aires, que hoy es docente por allí.



Por Carlos Liendro

 

Al sentarnos a conversar, podíamos repasar toda la literatura argentina, Latinoamericana y del mundo. Era una de esas personas donde uno se queda horas conversando en una mesa de café (como me sucede por algunos bares de la avenida Corrientes en Capital). La Rioja también tiene esos circuitos literarios de charlas y de libros: gente apasionada por la lectura. Pude comprobarlo cuando pasé por ahí como docente en UNLaR.

Estudioso de Borges, debatíamos bastante sobre el maestro: ya que nos sucede mucho a los argentinos estas cuestiones de amar su obra pero no su ideología. Existen varios ‘héroes’ así, no solo en la literatura. Debatíamos sobre el primer Borges (el de la poesía española, el que escribió una introducción al libro de Arturo Jauretche- que no figuran en sus obras completas-, el de los malevos de Palermo, que fueron milongas) y el segundo, el de los cuentos universales.

Luego me enteré que se recibió de licenciado en Letras, y allí luego de los debates sobre Rodolfo Walsh, Daniel Moyano, Ricardo Piglia, le decía: tenes que escribir un libro; tal vez no de ficción (eso aún no lo sé), sino sistematizando todo ese saber y conocimiento que tiene, por esa voraz lectura de los grandes escritores. Finalmente pudo escribir este libro. Me lo hizo llegar a Buenos Aires, y lo mínimo que puedo hacer es leerlo (como leo las tesis de mis ex alumnos) y comentarlo.

‘Ensayos literarios. Teoría literaria y literatura’, como los libros de Harlod Bloom o George Steiner, en sus cánones de la crítica, busca un sentido de las obras que expone. Para eso recurre a las escuelas teóricas de la estética, como la de la ‘Escuela de Frankfurt’ y de otro autor- de quien hablamos muchísimo- Terry Eagleton, para darle aún más solidez a su crítica. Este último autor, discípulo de Raymond Williams, se posiciona en ‘Estudios culturales’, donde también aparece Stuart Hall, y toda esa corriente de fuerza que investigó y aportó en arte, literatura, filosofía, antropología: estudiando las culturas de sus viejas colonias inglesas a partir de la década del 60, en la Universidad de Birmingham.

La última vez que nos vimos (antes de la pandemia) Eduardo Varas, ya profesor en la UNLaR, ha sido muy generoso en invitarme a una Feria del Libro en La Rioja. Allí juntos hablamos de Ricardo Piglia para un auditorio lleno, no solo de gente de Letras. Esos conversatorios debían continuarse con otros autores nacionales como Juan José Saer, Moyano, Di Benedetto (que llamo escritores del interior profundo), Julio Cortázar y Haroldo Conti. Hubiera sido un programa muy interesante.

Nuestros debates continuaban por WP, donde me enviaba lo que estaba leyendo. De mi parte lo animaba a que cruzara un poco- ya que manejaba bastante la Escuela de Frankfurt- otras categorías marxistas estéticas, desde Jean Paul Sartre; Especialmente, desde el teatro, el ensayo y las primeras 3 novelas del autor de ‘El ser y la nada’ y el de ‘Crítica de la razón dialéctica’; porque Sartre lograba (y logra) que sus ensayos filosóficos del existencialismo, sean llevados como duda metódica y de existencia al teatro y al arte en una sociedad convulsionada y opresiva (sus diez libros de  ‘Situations’ lo atestiguan); pero este será un debate que podremos continuar. Lo importante es que ha dado este paso. Ha plasmado una obra, que servirá en los ámbitos académicos, para cientos de alumnos.

Borges se reconocía más como lector que como escritor, algo que uno respira en todo lo que nos deja este libro de Varas: su inconmensurable lectura. En la dedicatoria de su libro que escribió en latín dice: “El tiempo vuela, los escritos quedan”.