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15/11/22

Película "Argentina, 1985"

Muchos hombres de mi generación, que han batallado en la política en los últimos cincuenta años, dejaron atrás los desencuentros como una manera de que no se repitieran en las nuevas generaciones. El silencio, como el mío, ha sido la mejor contribución. Otros en cambio, tironean fantasmas del pasado haciendo pasar la mentira por verdad, o lo que lo es peor, mostrando media verdad convertida en mentira.



Por: Dr Raúl Alfredo Galván, ex Subsecretario del Interior.
 
 
En estos días se está exhibiendo la película “Argentina, 1985”,-que acabo de ver-cuyo núcleo argumental es el juicio a las Juntas Militares en ese año. En una escena aparece la figura del Dr Antonio Tróccoli y la voz del presidente Dr Raúl Alfonsín como eco salido de las tinieblas. Con motivo de la presentación del informe “Nunca más”, junto al escritor Ernesto Sábato, los cineastas muestran la frase de Tróccoli cuando dice:”…el drama de la violencia en Argentina y la irrupción de la subvesión y el terrorismo”, a lo que el que el fiscal Strassera (actor), delante de su familia, como respuesta lo llama “facho” ¿Por qué no lo ponen a Massera a hablar directamente?”.
 
Decía el apóstol de la libertad de Cuba José Martí (1892) “Ocultar la verdad es delito: ocultar parte de ella, la que impele y anima, es delito; ocultar lo que conviene al adversario y decir lo que no le conviene, es delito”. Y cuando eso sucede en torno a una figura como el Dr Antonio Tróccoli ese delito se llama infamia. La dignidad propia se levanta contra la falta de dignidad ajena. El ministro del Interior del presidente Alfonsín fue un demócrata en el más profundo del concepto: luchador infatigable por la libertad, radical de convicción, recio en el debate, fraterno con sus conciudadanos, enemigo de los autoritarios, pero sobre todo, hombre de honor. Cobardía sería la mía sino defiendo el honor de un amigo. Las almas nacidas para el honor no tienen conveniencia, ni viven tranquilas, fuera de la honradez. Y la verdad no se ha de quedar sin decir.
 
Y esa verdad la voy a decir haciendo un esfuerzo de síntesis. Sabrá disculpar el lector la autoreferencia. Tuve la distinción de ser sub-Secretario del Interior del ministro Tróccoli a partir del 11 de diciembre de 1983. Una de las tareas que de inmediato emprendió el presidente Raúl Alfonsín fue marchar en la dirección del esclarecimiento y el castigo de las violaciones de los derechos humanos, el establecimiento de la igualdad ante la ley, la inserción de las Fuerzas Armadas en el Estado de Derecho y la formulación de una política que marcara una clara línea divisoria respecto del pasado, para que nunca más volviera la violencia política y el terrorismo de Estado. 
 
El 12 de diciembre envió al Congreso el proyecto de  derogación de la Ley de Autoamnistía que se elaboró en el Ministerio del Interior y que tuve la satisfacción de entregar en mano propia al presidente de la Cámara de Diputados Dr. Juan Carlos Pugliese. A los “desmemoriados” les recuerdo que la autoamnistía era bandera del candidato peronista a la presidencia Dr.Italo Luder.
 
El ministro Trócoli me encomendó que colaborara con los destacados juristas doctores Carlos Nino y Jaime Malamud Goti en la redacción de esos decretos que firmó el Presidente el día 13, que llevan el Nº 157 por lo que se solicita al Procurador de Nación el procesamiento de los máximos responsables de las cúpulas guerrilleras, y el Nº 158 que ordena el juzgamiento de las tres Juntas Militares. Dice mi fe y el deber  republicano que hoy ratifique ante mis conciudadanos mi corresponsabilidad en tales decretos que enaltecen al Presidente Alfonsín y su ministro Antonio Tróccoli. 
 
El 15 de diciembre se crea la CONADEP para el esclarecimiento del pasado violento en nuestro país presidido por el destacado escritor Ernesto Sábato y destacadas personalidades. Su constitución fue realizada por el Ministro Tróccoli. A los que miran para otro lado les recuerdo también que el peronismo se negó a integrarla, lo mismo que el premio Novel de la Paz Pérez Esquivel alegando “ no compartir la política del gobierno”. Hoy lo veo mezclado en las barras de “La Cámpora” apoyando a este “régimen falaz y descreído”, al decir de Hipólito Yrigoyen.
 
Al Dr Antonio Tróccoli lo conocí cuando fui diputado nacional en 1973. Era el presidente del magnífico bloque de 51 luchadores por la libertad. Sería una contribución a la verdad que algún productor hiciera la película “Argentina,1973-1976”. “Años terribles” al decir del escritor Víctor Hugo.
 
Asumió la presidencia Héctor Cámpora y como vice Vicente Solano Lima (presidente del Partido Conservador, para aquellos que hoy hablan de la “derecha”), apoyados por Montoneros, que quisieron cooptar al movimiento peronista, hasta que Perón los echó de Plaza de Mayo. Grupo de ideólogos soberbios, se creían “mesiánicos” y que arrastraron al abismo a miles de jóvenes de  ideal puro, y cuyos jefes terminaron en exilios dorados o prósperos empresarios. No sabían que el huevo de la serpiente estaba en el vientre del mismo gobierno peronista: José López Rega, ministro de Bienestar Social. Personaje funesto, tenebroso, despiadado, “esotérico”, el “Brujo” que creó la banda parapolicial “Las Tres AAA”. El choque de estas dos expresiones “la derecha” y “la izquierda” dejaron el sangriento saldo de mil muertos, novecientos desaparecidos y cientos de encarcelados.
 
La historia no comienza con el “relato” a partir de 2003, como dicen los “ideólogos” del Kirchnerismo. José López Rega y Mario Eduardo Firmenich fueron detenidos cuando Tróccoli era ministro y a éste, yo personalmente, con oficio judicial en mano, lo traje preso de Brasil. (Hace 30 días presenté mi libro dedicado a mis nietos “Apuntes de mi vida” donde cuento detalles del traslado).
 
Con la complicidad de la alta jerarquía de la Iglesia, junto a poderosos empresarios, con una prensa dócil-salvo honrosas excepciones, las Fuerzas Armadas toman el poder el 24 de marzo de 1976. Aparece el rostro sombrío del terrorismo de Estado. “Tenemos la certidumbre de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia…para alcanzar la tenebrosa categoría de crímenes de lesa humanidad” (Ernesto Sábato-“Nunca mas”). No alcanzarán los diccionarios para vomitar las palabras condenatorias de la dictadura. Contra esta dictadura lucharon hombres como Ricardo Balbín, Raúl Alfonsín, Antonio Tróccoli y algunos otros que defendimos a radicales, peronistas, comunistas, curas, periodistas, docentes y simples ciudadanos. No actuamos en una película, la cruenta realidad no da tiempo para ensayos ni maquillajes, conocimos la cárcel y sufrimos atentados. Tampoco son jactancias.
 
Pero tanto esfuerzo para nada. El Presidente Carlos Menem, desde Chamical- en un “acto del príncipe”- indignante y vergonzante- por decreto indultó a los responsables de la guerra de las Malvinas, los “carapintadas”, Montoneros, y las Juntas Militares. La historia dirá si este gobierno fue peronista o de “la derecha liberal”.
 
En causas de honor toda exageración es poca. Y los hombres que la poseen jamás pueden “dejar una injuria en el aire”. El Dr Antonio Tróccoli fue un hombre de honor. Raúl Alfonsín nunca fue hombre de palabras en las sombras, como aparece en la película.
 
Fue el hombre de la tribuna, vigoroso  y templado como el acero, su voz era montuosa y oceánica, que trasmitían el mensaje de la Constitución y  de la paz entre los argentinos. Encierra el orador en su alma palabras de instinto, que vienen al mundo en las horas decisivas. Así era Alfonsín. Reivindicarlos es poco, porque honrar, honra.
 
Hacer una película es fácil. Lo difícil es haber vivido el fragor intenso  de la realidad, con todos sus dolores e ingratitudes. “La única verdad es la realidad” (Aristóteles).



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