La guerra entre Rosas y Bolivia combate de Santa Bárbara Por: Miguel Bravo Tedín
05/10/19
Rosas, tratando de reanudar el comercio con Bolivia, comisionó en mayo del 32 a Pedro F. de Cavia quien desde Salta en acto descortés pidió garantías al gobierno boliviano.
La reacción fue violenta. Este en febrero del 33, le negó la entrada en su territorio.
Hasta 1835, Rosas no mostraba mayor interés por el problema que representaba el presidente, Andrés de Santa Cruz. Estaba preocupado por dominar las provincias de Salta Jujuy y Tucumán. Y ello lo logra a principios del 36.
Afirma Enrique Barba: “Los triunfos de Yanacocha (13/8/35) y Socobaya (7/2/36) que prácticamente entregaban Perú a Santa Cruz, el auxilio que prestaba a los emigrados la política económica seguida en desmedro de la Confederación Argentina y la actitud que veía dispuestas a seguir a Chile, decidieron a Rosas a intervenir”.
Santa Cruz mandó emisarios a Chile y a Argentina tratando de evitar la guerra que haría peligrar el éxito de su política. Pero fracasó rotundamente. “Para Chile la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana era decisiva: se discutía la supremacía comercial en el Pacifico: para la Argentina era asunto de poca monta. Los perjuicios sufridos eran los auxilios prestados a los emigrados y el impuesto de un 40% sobre los efectos de ultramar que por las provincias argentinas se introdujesen en Bolivia. Esos perjuicios podían disimularse y entrar en arreglos pacíficos, de ninguna manera autorizaban a discutirlos con las armas en la mano. Si así sucedió, fue porque a Rosas le convenía y no porque le asistiera la razón. Colocado Rosas en esta situación tan ventajosa, pedía a cambio de distraer con sus tropas las de Bolivia, que terminada la guerra se restituyese Tarija a nuestro territorio y se pagasen los gastos de la expedición auxiliar”.
El 11 de Noviembre de 1836, Chile declara la guerra a Santa Cruz. El 19 de mayo del 37, Rosas, haría lo mismo.
Santa Cruz designó al general Otto Phillipp Braun, alemán de origen, jefe de operaciones en la frontera argentina. El 28 de junio de 1837 una columna boliviana cruzó la frontera llegando hasta Cochinoca, que cayó en su poder. El 29 se apoderaban de Iruya y de Santa Victoria. El 11 de septiembre, Braun, ocupó Humahuaca, que debió abandonar al día siguiente. El 13 tuvo lugar el reñido combate de Santa Bárbara. Tanto Braun como Heredia se atribuyeron la victoria, que a juicio del historiador Basile, correspondió al primero. Con esta acción finalizaba el primer periodo de la campaña.
Después de algunas refriegas sin mayor importancia, el 24 de junio de 1838, tuvo lugar la batalla de Cuyambuyo en la cual las fuerzas argentinas al mando de Gregorio Paz, fueron batidas por las de Braun. Con esto terminaba, definitivamente, la guerra entre Argentina y Bolivia.
Pero veamos cómo fue, de acuerdo a los partes y proclamas de ambos bandos, el combate de Santa Bárbara. Cuyo triunfo se lo atribuyeron ambos contendientes, en una verdadera batalla de papel que, indudablemente ganaron los argentinos.
EL PARTE ARGENTINO
Una hora después del combate, el oficial argentino de la Cuesta remite un parte a Felipe Heredia. Dice que a las seis de la mañana se enteró que el enemigo había entrado en Humahuaca y que con 250 hombres marchó a su encuentro. A cuatro cuadras del pueblo se iniciaron las hostilidades.
Y tras comentar algunos hechos heroicos, agrega: “Y sin embargo volviéndose a poner en orden ambos escuadrones bajo de un vivo fuego con el objeto de reiterar otra carga continuó su marcha por el flanco izquierdo en pos de un sitio aparente y hostilizándolos vigorosamente con los tiradores: más a cada paso, se presentaban nuevos e inaccesibles escollos por la quebrada del lugar, a cuyo favor logró el enemigo ponerse a salvo, tomando la garganta de una quebrada sumamente estrecha donde ocultaron su vergonzosa fuga y salvándose de nuestra justa venganza. Pero es de esperarse que muchos de estos miserables se queden en el camino, tales han sido las fatigas que han sufrido, y el terror de que van revestidos sobre la multitud de heridos que llevan regando con su sangre desnaturalizada el suelo sacrosanto de la libertad: después de haber quedado en el campo quince muertos que se han advertido de pronto incluso dos oficiales y diez prisiones.
“Se han tomado veinte fusiles, diez lanzas, tres sables y una espada de oficial, muchas cartucheras llenas de munición que iban tirando: todo su equipo que se encontró tirado en medio de la plaza de este pueblo que fue almacenado y después de la jornada repartió a toda la división incluyéndose algunos caballos, mulas y monturas que han tomado los soldados.
Los malvados habrían sido destruidos completamente si nuestros caballos no hubiesen llegado a fatigarse tanto, a consecuencia del trabajo activo de nueve horas incesantes en la marcha de siete leguas por un local sumamente escabroso y sin herrajes.
Sin embargo, el que habla pensó perseguirlos con una división de cien hombres, entresacando los mejores caballos con el intento de cortarles su retaguardia en la noche por el punto de Abra Pampa, pero en momento de proporcionarles previamente algún descanso y forraje, es avisado por repetidas partes que a nuestras espaldas y por la quebrada de Yacoraite asomaba igual fuerza que la que acababa de ser combatida y escarmentada con el objeto de cortarnos la retaguardia a cuyo punto marcho en este momento, con el objeto de hostilizar y perseguir a los cobardes en su fuga”.
Tal el parte argentino, mostrando un triunfo que los bolivianos no estaban –en ningún momento– dispuestos a reconocer. Muy por el contrario.