
Una nueva entrega de Historias de Vida con el padre Enrique Martínez, de cura a obispo. La Iglesia Católica vivió un importante acontecimiento el viernes último con la consagración de un nuevo obispo, el padre Enrique Alberto Martínez Ossola..
Consultado sobre si se considera una persona especial el padre “Quique” respondió “no solamente yo me considero especial, creo que cada uno de nosotros es especial, Dios se tomó el trabajo de hacernos distintos a todos hasta en el pequeño detalle de la impresiones digitales, es decir cada uno de nosotros es único e irrepetible,
“el hecho que nos destaquemos en una actividad no nos hace mejores que nadie, todos somos hermanos de la raza humana y todos nos necesitamos, sí me considero especial, elegido, pero considero a cada cristiano a cada ser humano especial y elegido, porque es también una imagen viva de Dios”.
Compartió que con tan sólo 10 años le dijo a su madre que quería ser sacerdote, pero en la adolescencia, en el último año del seminario menor, aún no tenía decidido ser sacerdote tenía duda en estudiar medicina o arquitectura pero “hablé con el director espiritual, le decía que tenía esta duda y me dividió aún más esta duda y me dijo ¿Por qué no cura? ”.
Frente al planteo que le había realizado el director espiritual, “Quique” admitió que “me quedé pensando en lo que me había expresado y cuando llegué a fin de año, le comento, no me arreglaste el problema, sino que me metiste tres, pues yo dudaba entre dos opciones, medicina o arquitectura, pero ahora estoy dudando lo del sacerdocio”.
Me explicó que “mirá, si entras a cualquiera de las carreras universitarias y fracasas vas a perder un año miserablemente. Pero aquí en el Seminario Mayor, que vas a tener el curso introductorio de Filosofía que te ayudará a pensar más claro, te ayudará a marcar tus cosas y vas a tener más elementos, pues si decidís no ser cura, no perderás el año, ya que Filosofía te viene bien para lo que sea, te dará una buena base humanística, te ayudará a serenarte”.
“Quique” había concluido sus estudios secundarios teniendo 17 años, por lo que se encontraba ante la antesala de decidir su futuro. Sin más trámite y con la ayuda que le había ofrecido su director espiritual, el joven cordobés no dudó e ingresó al Seminario Mayor “allí –recordó- fui encontrando otros elementos que me fortalecieron en mi vocación, había otras personas, otros sacerdotes. Un profesor de Biblia, el padre Félix Casá que prestaba servicio, tuvo mucha vinculación con monseñor Enrique Angelelli, vino a La Rioja a dar muchos cursos sobre Biblia”.
También a “mucha gente que me ayudó a discernir mi vocación” puntualizó que “en el Seminario Mayor se vivía una época de mucha virulencia política que llegaba al interior del seminario, lo que provocó de parte de las autoridades la necesidad de marcar un poco más de disciplina y limitar las libertades”.
“Ante ese proceso –destacó- uno veía que la cuestión no estaba bien enfocada, a tal punto que al seminario le decían pensión con misa, pues no había una cuestión muy estructurada. Si bien intentó dar un viraje en el aspecto disciplinario ello generó resistencia de mucha gente lo que obligó a la salida de muchos”.
Por otra parte, consultado sobre si se siente heredero de Angelelli, comentó “creo que el episcopado que estoy a punto de recibir es de alguna manera un reconocimiento a esa gestión de Iglesia que hizo el “Pelado”, me alegro más por eso que por mi persona”.
Para concluir, el padre “Quique” recordó “me ha tocado estar con grandes curas: el padre Inestal, Praolini, Amirati, Julio Guzmán, Martín Gómez, gente que tenía un profundo amor y respeto por el pueblo pero al mismo tiempo una convicción religiosa firme y que quería que ese pueblo tuviera una vida digna, yo creo que en eso el reproche de Jesús tiene sentido porque es una lucha perpetua porque siempre habrá pobres entre ustedes dice Jesús, y no es para santificar la desigualdad y la pobreza, es para advertirnos que en el corazón humano nunca logramos la justicia verdadera siempre nos falta algo” dijo.
“Yo deseo que se profundice los ideales que se vienen plasmando desde siempre en la Iglesia, pero que Angelelli potenció: respetarnos, el valorarnos, el saber que todos tenemos derecho a una vida digna, que todos somos hermanos, valorar las riquezas de nuestras costumbres de nuestras tradiciones de nuestra herencia, el folclore riojano y también todo la expresividad religiosa lo máximo que es el Tinkunaco” finalizó.