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La abuela Bachila y el legado de criar a sus nietos tras un difícil momento de la vida

Hoy se celebra el Día de la Madre y Medios El Independiente decidió rendirles un homenaje, con una historia inspiradora y movilizadora de una mujer, que aparte de criar sus propios hijos, también lo hizo con sus nietos, que quedaron huérfanos. Un ejemplo de amor, responsabilidad y entrega..



 

Cecilia Ferreyra es conocida como la abuela Bachila, es oriunda de Talamuyuna y desde muy joven llegó a la capital para trabajar y echar sus raíces en esta ciudad.

Es madre de cinco mujeres, tiene 29 nietos y 13 bisnietos. En el 2014 una noticia rompió su corazón, su hija menor,  Patricia falleció dejándole a cargo sus cinco hijos. “Mi hija, toda la vida supo trabajar y yo siempre le ayudaba con los chicos, como al resto de mis hijas, yo siempre les inculqué que sean madres y padres con sus hijos como lo fui yo con ellas, para que no dependan de nada ni de nadie”, inició relatando la abuela.

Mientras Cecilia marcaba el camino de ingreso a su casa del barrio Onetto, en la zona sur de la ciudad Capital, se podía visibilizar la humildad del hogar y el amor de familia. Las nietas mujeres ansiosas, veían a su abuela contar una historia, una historia real, en la cual se vieron reflejadas. Las paredes hablan por sí solas, en cada espacio hay un cuadro con imágenes de Patricia con algunos familiares, con hijos y uno muy particular en donde solo muestra su rostro como coronando la entrada a la cocina.

“Luego del fallecimiento de mi hija decidí hacerme cargo de mis nietos, a los cuales los cuido, como si fueran mis propios hijos, mientras estaba viva Patricia, ellos no tenían un padre presente pero luego de este hecho la justicia lo obligó a que se hiciera cargo”, relató Cecilia.

De oficio de costurera, Cecilia, se reconoce como una luchadora de la vida. “Yo trabajaba de lo que sea, hacía sábanas, manteles, cortinas y si tenía que viajar para entregarlas lo hacía, también tenía un negocio chiquito, vendía bebidas y comidas.  Si alguien necesitaba que vaya a cuidar un enfermo, ahí estaba yo. A veces me pregunto por qué Dios me habrá puesto en esta situación y yo creo que justamente para que no trabaje tanto y me ocupe  como ahora sólo en  criar a mis nietos”.

“Yo estaba trabajando cuando ocurrió lo de mi hija, había viajado a Chilecito a entregar unas cosas, a veces siento que debería haber estado aquí”, dijo pensativa la entrevistada.

 

Volver a ser madre

La pérdida de su hija provocó un cambio en la vida de esta abuela, las responsabilidades habían aumentado, teniendo en cuenta que no sólo debía alimentar a cinco niños, sino que además debía darles comodidades en su hogar, atenderlos, y estar presente para cada uno de ellos.

“La justicia me otorgó la tenencia de cada uno de ellos, no fue una tarea fácil, pero queríamos estar juntos. Ellos saben cuáles son las condiciones y las reglas que deben cumplir, porque en caso de que no quieran ir con sus padres van a ir a un hogar familia, por lo que acá deben ser responsables y atender a la orden de uno”, sumó la abuela.

Dar todo, hasta que duela

La desgarradora noticia de afrontar la pérdida de un hijo no fue lo único que preocupaba a esta mujer, sino además tuvo que tomar otra decisión difícil. “Yo vendí mi casa para ayudarlos porque no sólo quedaron sin su madre, sino que quedaron sin nada, sólo tenían su casita. Mi hija trabajaba de delivery, así que mucho no les pudo dejar. Yo sólo tenía una jubilación y había deudas que pagar”, sostuvo la madre.

En tanto relató que “yo quedé en la calle, pero ayudé para que ellos puedan gozar de su casa, estamos terminando un salón para que puedan tener sus cosas. Ahora estoy comprando el cerámico para los dos dormitorios, todo esto es para ellos”.

El más grande quedó con 14 años y ahora tiene 17, no toma, no fuma, va a la escuela y es muy aplicado. Una de las nenas cumplió sus 15 años hace unas semanas y con mucho esfuerzo le hicimos un brindis, el cual fue muy emotivo.

“A mi nieta de 13 años, le gusta hacer pastafloras, le encanta lo que es la repostería y la panificación, le compré un horno y máquinas para que haga sus comidas. Después tengo otra nena de 9 años y el más chiquito de cuatro años. Él tenía un año y cuatro meses cuando Patricia se fue. Todos estudian, y gracias a Dios andan bien en la escuela”, contó orgullosa la abuela.

Del mismo modo mencionó que “ellos aman a su madre y la recuerdan siempre, y uno trata de mantener vivo esos recuerdos, cuando festejábamos los quince de la más grande, nos emocionamos todos”.

 

El artículo completo en la edición papel de El Independiente de este domingo