
Los turistas que llegan a la Capital riojana, en su mayoría están de paso. Durante su estadía buscan conocer un poco más o entretenerse, y el resultado es que en esta época del año las alternativas no abundan. Los festivales folclóricos se concentran en el interior y a los que pasan más tiempo en la ciudad les quedan los recorridos culturales y religiosos: iglesias y museos. De éstos últimos muy pocos permanecen abiertos..
La Capital riojana parece dormida a la espera de que la despierte en febrero la algarabía de la Chaya. Tardes apacibles y noches en las que la zona céntrica se vacía desde temprano. Las actividades abiertas el público en algunos locales privados son por demás espaciadas: escasez de espectáculos y alternativas de entretenimiento urbano.
¿Qué se hace de noche en La Rioja? Se sale a comer, a tomar algo, o se arman reuniones en casa. Por suerte en el último tiempo se abrieron varios lugares. Cervecerías, restaurantes, pequeños bares son la novedad. Ya más lejos del centro, se reiteran las visitas al Parque de la Ciudad o al Dique. Las opciones son limitadas y se nota. En ocasiones, el tiempo parece pasar sólo en una esquina del celular.
Los capitalinos que no tuvieron la chance de un viaje disimulan su aburrimiento bajo el manto de la costumbre. Algunos se quejan en las redes sociales. Los turistas, sobre todo aquellos que provienen de grandes urbes, expresan a veces que “tanta tranquilidad” los sobrepasa, los inquieta, los aplasta. Se consuelan cuando el día les revela la inmensidad de las montañas, entonces se les hace patente el misterio de encontrarse lejos, de ser pequeños, y dejarse envolver por el silencio.
Pasar enero
Según comentó a EL INDEPENDIENTE una de las encargadas de la posta turística, ubicada en la Plaza 25 de Mayo, un promedio de 50 a 60 turistas se acercan hasta allí a diario para obtener información. Casi todos integran familias en vacaciones que visitan la Capital, pero piden indicaciones y mapas para llegar hasta Chilecito y el Parque Nacional Talampaya. La estadía en la ciudad no se extiende más allá de uno o dos días en la mayoría de los casos.
La oferta turística que reciben a través de folletería actualizada está vinculada a los distintos corredores, como el de La Costa, de Los Llanos, del Bermejo, y de la Producción. Todos inician en la ciudad Capital, que presenta como uno de los principales puntos de atractivo al Mercado Artesanal, “parada obligada para adquirir productos regionales, artesanías o disfrutar de espectáculos en su patio de época”. Pero enero no es época en que esté abierto el patio, las peñas -una alternativa amena para que las noches se hagan menos largas- vuelven a programarse recién a partir de la semana que viene.
El Paseo Cultural Castro Barros es otro de los lugares destacados, “con diferentes salas de exposición, confiterías, locales de comidas rápidas, juegos para niños y salas de cine”, pero más allá de la actividad comercial, el mes culmina sin eventos que marquen una diferencia. Lo mismo el Teatro Víctor María Cáceres que hizo el cierre de temporada en diciembre. Visitar las ruinas de Las Padercitas en La Quebrada, jugar el golf “entre especies autóctonas de flora y fauna”, o atreverse al vuelo libre, aladelta y parapente, son otras de las propuestas.
Desde la Posta Turística informaron que las visitas y recorridos guiados a distintos lugares de la ciudad se reservan también para febrero. Enero está tachado en el almanaque. ¿Y qué se puede hacer en la ciudad?, es la pregunta reiterada. Surge entonces, como principal referencia, el turismo cultural-religioso, que incluye a iglesias y museos.
Sin embargo, llama la atención que en el caso de los últimos sean pocos los que permanecen abiertos en vacaciones y esos pocos lo hagan en horario restringido. Lo mismo ocurre con algunos templos emblemáticos, salvo en el momento de las celebraciones rituales.
Pasaje al sopor
Desde la misma oficina consultada indicaron que sólo por la mañana se puede acceder a visitas en el museo Inca Huasi (de 8:30 a 12:30), el Museo de Arte Sacro (funciona en el mismo Mercado Artesanal, de 9:30 a 12:30) y el Museo Folclórico (de martes a sábado de 8:30 a 12:00). Se trata de guardias mínimas, debido a que el personal se encuentra en receso. Algunos turistas lamentaron que varios de este tipo de establecimientos permanezcan cerrados, como el Museo Histórico, el Museo del Traje y el Museo de la Ciudad, entre otros.
Un ejemplo de entusiasmo transformado en dificultad para el turista es el Museo de Arte Sacro, ubicado en el mismo edificio que el Mercado Artesanal. Ofrece una variada colección de imaginería religiosa de diferentes orígenes que van desde los siglos XVII al XX. No obstante su valor histórico, el observador no tarda en detectar que muchas de las piezas no se encuentran en buen estado, les faltan algunas partes, y que el modo en que están expuestas es precario, carece de vitrinas que realcen la muestra y hagan cómodo el recorrido.
Por otra parte, es notoria la ausencia de folletería explicativa, como así también de aire acondicionado, algo fundamental en esta época del año, los extranjeros son quienes más se quejan de estos “detalles” y pasan raudos, transpirando más que disfrutando la experiencia.