
La rápida intervención de los Bomberos Voluntarios Águilas de Acero permitió limpiar un reguero de aceite usado de motocicletas, que se había derramado de un tambor de 200 litros abandonado en la vereda sobre la calle Avellaneda..
La alarma la encendió la caída de una motocicleta que, alrededor de las 8:00, circulaba por la calle Abel Bazán y Bustos cuando al llegar a la intersección con la calle Avellaneda, no se percató del aceite derramado sobre la carpeta asfáltica y cayó con toda su humanidad. Según comentarios, otros motocicletas también corrieron igual suerte, pero sin mayores consecuencias.
A raíz del olor y la apariencia de la sustancia viscosa de color negro, que se esparció sobre una amplia superficie del pavimento, los bomberos determinaron que se trataba de aceite usado de motocicleta y procedieron a cortar la zona afectada.
De inmediato el cuerpo de bomberos se dirigió al lugar del accidente, cuando se comprobó que se había derramado alrededor de 200 litros de aceite utilizado y que, posiblemente, haya sido dejado por el propietario de una casa de ventas de motos que funciona en esa esquina.
Uno de los bomberos comentó a este matutino que “tenemos conocimiento que, sobre la calle Avellaneda, se había dejado sobre la vereda un tacho metálico de 200 litros con aceite inutilizado”.
“En horas de la noche -agregó- alguien observó el depósito y con algún objeto pinchó el tacho y comenzó a verter el líquido sobre la calle, la que al cabo de varias horas, inundó la esquina” donde precisamente se encuentra la casa “Plaza Motos”.
Uno de los encargados de la empresa reconoció la presencia del depósito y se lamentó que “alguien con mala intención rompió el tacho y el aceite comenzó a derramarse”.
Ni bien se produjo el desplazamiento de los bomberos al lugar del incidente, con la colaboración de la Policía se procedió a cortar el tránsito vehicular y el paso de peatones a fin de evitar accidentes.
De inmediato los bomberos comenzaron a arrojar bolsas de cal para evitar el efecto residual y arena para que absorbiera el líquido aceitoso, lo que demandó varias horas de trabajo hasta que pudieron limpiar y dejar en condiciones de transitabilidad.
Por cierto que, debido a la hora, pasadas las 9:00, no faltaron los bocinazos y todo tipo de gestos de malhumor, pues nadie entendía lo que había sucedido, del que en apariencia nadie se hace cargo, y lo que es peor, nadie controla.