
Con la consagración del Santo Crisma y la bendición de los óleos, la Iglesia riojana celebró ayer la Misa Crismal, incluida entre las actividades que conforman Semana Santa. Al momento de la renovación de las promesas sacerdotales, el obispo Colombo recordó con especial énfasis el llamado al servicio de monseñor Angelelli..
Al anochecer de este Miércoles Santo, a punto de ingresar en el triduo pascual, la Iglesia de la Merced se vio colmada por presbíteros y creyentes que acudieron a una de las ceremonias más significativas para la orden sacerdotal: la Misa Crismal, que por lo general el Obispo diocesano dirige y concelebra en la Catedral, pero que en esta ocasión se trasladó debido a las refacciones que se realizan en el templo principal.
Monseñor Marcelo Colombo estuvo rodeado por los sacerdotes de las distintas parroquias, quienes en el mismo acto participaron de la renovación de los votos sacerdotales manifestados al momento de su ordenación. En la oportunidad, también fue instituido como “ministro lector” el seminarista Lucas Santiago Barroso.
Al reflexionar sobre el sacerdocio, Colombo recordó que en julio se cumplirá el 50 aniversario de la designación de Enrique Angelelli como obispo de La Rioja, quien fuera asesinado en 1976 a poco de iniciada la última dictadura. El prelado leyó uno de los mensajes de Angelelli al celebrar una Misa Crismal en el que hace hincapié en la misión sacerdotal como servicio, en su aspecto más “social, de caridad y de amor” hacia al prójimo. “Nunca hubo tiempos fáciles, pero éste es el nuestro; ser sacerdotes, como ser cristianos, no es fácil ni cómodo, nunca lo ha sido y hoy menos”, reiteró Colombo al destacar la necesidad de compromiso frente a una actualidad compleja y desafiante.
Luego, los sacerdotes presentaron los tres aceites: el óleo Crismal, que es consagrado para ser utilizado en bautismos, confirmaciones y ceremonias de ministros, “marca de pertenencia y servicio”; el óleo para los enfermos, empleado en el sacramento de unción de los enfermos; y el óleo de los catecúmenos, que está destinado a la preparación para el bautismo, símbolo de purificación y fortaleza.