
Una singular cantidad de niños y jóvenes, se sumaron a los adultos y mayores, en la tradicional procesión en honor a San José Obrero, en la culminación de sus fiestas patronales que dieron comienzo el 22 de abril pasado, en el tradicional barrio 4 de Junio..
Los distintos actos litúrgicos se concretaron en la parroquia Anunciación del Señor, y estuvieron a cargo del párroco Lorenzo González.
Las oraciones hacia la sagrada imagen venerada en el populoso barrio del sector oeste de la ciudad, pedían a San José Obrero que “tu ejemplo de trabajo y dedicación a tu familia y a las necesidades de los demás, nos des las fuerzas necesarias de parte de Dios, para que todos vivamos trabajando”.
Ese anhelo se vio reflejado ayer en el rostro de los feligreses que asistieron al oficio religioso, porque “vivimos dedicados a nuestras familias y a las necesidades de todos, haciendo así una sola familia, una comunidad que viva como hermanos”.
“Ayúdanos a descubrir, a través de lo que va ocurriendo cada día, el camino que nos señala Nuestro Padre del Cielo, camino que nos llevará si somos fieles en seguirlo, a gozar un día totalmente de Dios, en compañía de la Sagrada Familia y de todos los santos”, fue uno de los tantos ruegos de los feligreses.
En la culminación de las fiestas patronales, ayer, por la mañana, hubo una oración por los trabajadores, tras lo cual se rezó un Santo Rosario, mientras que a las 10:30 en la Solemne Misa se bendijo a los trabajadores y a las herramientas.
Cerca de las 18, se llevó a cabo la tradicional procesión con la imágenes del Santo y de María Auxiliadora, que se desplazó por las calles Sargento Aguilar, Conscripto Leguer, pasaje Paysandú, Rastreador Fornier, Aspirante García, retornar por Leguer, Cabo Pérez, Cabo Primero Rodríguez, Antártida Argentina y Cigorraga.
Pequeña semblanza
El 1 de mayo, la Iglesia celebra la Fiesta de San José Obrero, patrono de los trabajadores, fecha que coincide con el Día Mundial del Trabajo. Esta celebración litúrgica fue instituida en 1955 por el Siervo de Dios, Papa Pío XII, ante un grupo de obreros reunidos en la Plaza de San Pedro en el Vaticano.
El Santo Padre pidió en esa oportunidad que “el humilde obrero de Nazaret, además de encarnar delante de Dios y de la Iglesia la dignidad del obrero manual, sea también el próvido guardián de vosotros y de vuestras familias”.
Pío XII quiso que el Santo Custodio de la Sagrada Familia, “sea para todos los obreros del mundo, especial protector ante Dios, y escudo para tutela y defensa en las penalidades y en los riesgos del trabajo”.