
La investigación sobre el ex obispo de Orán, Gustavo Zanchetta, da argumentos a los que conspiran contra Francisco , que lo acusan de encubrimiento..
El Papa argentino regresa este lunes de las Jornadas Mundiales de la Juventud en Panamá, que ha servido de paréntesis al dominio hegemónico de la escena en el Vaticano de la peor crisis del pontificado de Jorge Bergoglio: los abusos sexuales de curas y religiosos a niños y adolescentes. Un escándalo agravado “ad infinitum” por las protecciones cómplices, por parte de los superiores de los culpables: entre ellos una buena parte de los cinco mil obispos de la Iglesia. Para poner la situación bajo control Francisco ha convocado un cumbre de los presidentes de las Conferencias Episcopales, más jefes de las órdenes religiosas y altos prelados del Vaticano, a fin de fijar “objetivos concretos”. El gran problema es la creciente conspiración urdida por los ultraconservadores, que luchan para desalojar de su cátedra al obipo de Roma.
El cardenal alemán Walter Kasper, muy cercano a Bergoglio, declaró hace unos días, con gran alarma, que los conspiradores quieren hundir al actual pontífice y hacer “un nuevo Cónclave”, utilizando la crisis por los abusos sexuales para pedir la elección de un nuevo Papa y amenazar abiertamente con un cisma. Una fuente dijo a Clarín que se piensa en un grupo de cardenales que pidan una audiencia y planteen en forma agresiva la cuestión.
Otros conjurados afirman que la cumbre del Papa con los presidentes de las Conferencias Episcopales, a fines de febrero, será una ocasión mayúscula para confrontarlo y ponerlo en apuros. Pero hay un serio inconveniente para acelerar los planes: los conspiradores no pueden promover el desastre de una Iglesia que tendría tres papas. El nuevo elegido y dos eméritos, Francisco y Benedicto XVI, el alemán Joseph Ratzinger, de 91 años y salud frágil. Hay que esperar. Pero muchos quieren actuar ya. Nadie en la Iglesia puede pedirle la renuncia al Papa y lo más probable es que Jorge Bergoglio responda ejercitando su poder disciplinario absoluto si algunos se atreven al máximo desafío a su autoridad.
La crisis devastadora por los abusos sexuales de los curas resulta un pretexto óptimo para el gran complot, radicado sobre todo en Estados Unidos y el Vaticano, que en realidad tiene otras razones de fondo contra el pontificado de Francisco. Lo consideran un anticapitalista, en el mejor de los casos un “populista sudamericano” y en el peor un “comunista” herético, que promueve la lucha por la Iglesia pobre y de los pobres, en favor de los descartados por la sociedad sofocada por un capitalismo implacable, que agudiza las desigualdades sociales con un crecimiento impresionante de la pobreza en el mundo.
En un clima cada vez más dominado por la hostilidad, ha caído como una bomba el caso del obispo argentino Gustavo Zanchetta, de 54 años, que crea nuevas dificultades al Papa. Zanchetta está bajo una “investigación preliminar”, acusado de abusos sexuales a seminaristas cuando era obispo de Orán en Salta. El viernes 4 de este mes, el portavoz pontificio informó del caso, afirmando que el Vaticano se enteró recién en diciembre último de las acusaciones contra Zanchetta, que el Papa había nombrado a fines de 2017 asesor en el Vaticano de la APSA, la caja fuerte inmobiliaria del Vaticano, que administra cinco mil propiedades inmobiliarias en Roma.
Zanchetta ha sido un protegido de Bergoglio, que lo nombró obispo en 2013, poco después de ser elegido Papa, y lo mandó a la diócesis de Orán. Ya entonces hubo oposición, sobre todo en Quilmes, la diócesis de monseñor Zanchetta. Su renuncia, el 29 de julio de 2017 fue imprevista. El obispo de Orán se fue “por motivos de salud” sin dar más explicaciones ni despedirse de nadie. El Papa, otro hecho poco habitual, le aceptó la dimisión en tres días. Viajó a Corrientes y después a España, curado completamente de sus males físicos, mientras en Salta circulaban versiones que lo acusaban de comportamientos sexuales “non sanctos”.