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Crece el basural ubicado entre el hospital materno y un jardín de infantes

A un lado, el Hospital de la Madre y el Niño; al otro la Ruta Nacional 38. En un extremo un jardín de infantes y una escuela. En torno, el barrio Asodimo de la Capital. El final de la calle Chile se pierde en un descampado dividido por múltiples senderos: lo grave es que allí también se expande un basural, hasta el momento, imposible de erradicar..



Atraído por el abundante humo negro detrás del predio del Hospital de la Madre y el Niño, un equipo de EL INDEPENDIENTE volvió a toparse con el basural que no deja de aparecer, reaparecer y ampliarse en cercanías al barrio Asodimo. Una veintena de neumáticos gastados y abandonados ardía sin control y entre los senderos del descampado, con mucho tiempo de estar ahí, y bien arrojados de forma reciente, podían observarse residuos de todo tipo: desde la carcasa de electrodomésticos hasta animales muertos, escombros y ramas de poda.

Pese al olor nauseabundo del lugar, pronto aparecieron vecinos cruzándose por los senderos abiertos entre la vegetación y la basura. “No nos queda otra remedio que transitar diariamente por aquí, porque en épocas de lluvias otras calles quedan cerradas al paso, o bien no hay otro modo de llegar”, expuso una señora que se acercó interesada en que se refleje la difícil realidad, al menos como protesta.

“Vienen, pasan las máquinas, empujan el basural un poco más allá, pero los mismos vecinos o gente de otros sectores vuelve tirar aquí los residuos y de nuevo los tenemos encima, a la vera de la calle o sobre la misma calle, usted vea”, dijo un hombre que detuvo su bicicleta para expresar desazón, ya que considera que hay “pocas posibilidades de que esto cambie; es una cuestión de educación”. De este modo, señaló la falta de conciencia ambiental y de solidaridad con el prójimo; también “de respeto de los vecinos por sí mismos, por dónde viven”.

La cuestión es preocupante. Este basural no sólo es uno más de los innumerables que, diseminados por la ciudad, persisten de larga data en un sitio o que van generándose continuamente en nuevos lugares: se encuentra a pocos, poquísimos metros, justo por donde todos los días pasan cientos de niños solos o con sus padres para ir hacia el Jardín de Infantes N° 57, inaugurado en 2012, o a la Escuela N° 411, que lleva el nombre del insigne médico René Favaloro. Impacta no sólo a los sentidos de la vista y el olfato: pone en riesgo la salud y constituye un foco infeccioso y de contaminación.

Mientras el equipo de este diario se retiraba, los que llegaron fueron precisamente los niños. Un grupo de ellos, también en sus bicicletas, jugaban a perseguirse entre residuos. Como persigue la conciencia y el llamado de atención a la aparentemente inalcanzable acción preventiva y efectiva de los organismos oficiales y a la responsabilidad de la comunidad. Porque sólo así, a la par, es posible que las cosas cambien.