
Con la presencia de medios de comunicación, amigos e invitados especiales, el domingo último Pedro Fernández, propietario del Castillo de Dionisio, reinauguró la importante obra arquitectónica del pueblo de Santa Vera Cruz, hoy convertida en atractivo turístico, después de ocho meses de haberse producido un incendio que dejó como saldo grandes pérdidas materiales.
Santa Vera Cruz (Enviados especiales). Como el Ave Fénix que renació entre sus cenizas, el mítico Castillo de Dionisio recuperó su esencia por voluntad de su actual propietario, Pedro Fernández, y de manos bondadosas que colaboraron en las tareas de restauración luego de las pérdidas materiales causadas por un incendio sucedido el año pasado.
Acompañado de amigos, invitados especiales, vecinos y medios de comunicación locales, Pedro realizó el domingo último la reapertura del atractivo turístico que se ubica en la localidad de Santa Vera Cruz, departamento Castro Barros, y que es obra de Dionisio Alberto Aizcorbe, un santafecino que llegó al pintoresco pueblo de la costa en 1979.
De gran originalidad por sus formas y colores, el sitio se emplaza en medio de un paisaje de un verde intenso que resguarda cardones, álamos, sauces y nogales. Para llegar allí desde la ciudad Capital se debe transitar por ruta Nº 75 rumbo a Sanagasta, hasta llegar al pueblo de San Pedro, para tomar luego un desvío de ocho kilómetros hacia Santa Vera Cruz.
Fascinante por los variados relatos místicos que lo envuelven, y con una construcción que roza entre formas ondulantes y rectangulares, el Castillo se levantó luego de treinta años de trabajo manual, donde Dionisio quiso reflejar su filosofía de vida y pensamiento.
En diciembre del 2004, a los 84 años, el escritor, filósofo y fotógrafo aficionado falleció luego de realizar un ayuno de 21 días, quedando su obra en el abandono durante cinco años. Pedro llegó al lugar en su rol de guía de turismo. Maravillado por la belleza de la zona y la particular energía del Castillo, en el 2009 compró el predio para restaurarlo y abrir al público este exótico atractivo que es único en el mundo.
En diálogo con EL INDEPENDIENTE, Pedro comentó que “Dionisio fue una persona admirable, un ser de luz, él poseía una sabiduría intelectual avanzada, le decían loco pero de loco no tenía nada, inspirado por creencias cósmicas y leyendas de culturas antiguas comenzó a construir con cemento, piedra, voluntad y fuerza espiritual este lugar al que le decía ‘señuelo’ pero que la gente bautizó como ‘Castillo’, aquí plasmó a través del arte lo que pregonaba en palabras con figuras e imágenes hinduistas, cristianas, budistas y egipcias”.
Seguidamente detalló que “descubrí este lugar haciendo trabajos de guía turístico, estaba abandonado, me interesé y contacté a los hijos de Dionisio, él ya había fallecido, se lo alquilé por un año y luego se lo compré, de a poco comencé con la puesta en valor para que no perdiera su esencia”.
En ese sentido, el actual propietario del Castillo explicó que “las figuras se encontraban partidas y sin color, había escombros y mucha vegetación, lo primero que hicimos fue restaurar las imágenes y pintarlas respetando sus colores originales”.
En el predio además se ubicaron atriles explicativos, se incorporaron pasarelas de madera y se construyó un baño público para comodidad del visitante.
Sumergirse en la imaginación
Las aspas de un molino dan al turista el indicio que, al cruzar un portón de hierro revestido con cemento, en cuyo arco superior rezan las leyendas “Homenaje a Vincent Van Gogh” y “El árbol de la vida agonizando” junto al Ave Fénix, vivirá una experiencia difícil de olvidar.
Ya en el interior el visitante se encontrará con un retrato de Dionisio que fue realizado por un pintor amigo. A su lado se ubican la escultura de “San Jorge y el Dragón” y la pintura “Jesús curando al niño”.
Seguidamente un mural con figuras coloridas hace referencia a la legendaria orden secreta “Rosacruz”, cuyos miembros desarrollaron conocimientos sobre la relación que existe entre los seres humanos, el cosmos, las leyes que lo rigen y Dios.