
Se cumplió el domingo pasado un año del fallecimiento del fray Nicolás Pugliese. Con tal motivo se ofició una misa en la Iglesia de San Francisco. Se dedicó muchos años a la educación.
Los padres franciscanos celebraron el pasado domingo una misa a las 20, en memoria del recordado sacerdote Nicolás Pugliese, a un año de su partida. Durante el oficio estuvo presente la Banda del Colegio San Francisco, que le tributó homenaje a quien fuera su director durante treinta años.
María del Carmen García de Olivera, feligresa de la parroquia franciscana lo recordó al expresar que “con inmensa tristeza recordamos a fray Nicolás, el Padre Ñico, un santo varón hijo de la Orden Franciscana que ofrendó su vida al servicio del Evangelio”.
Según el testimonio de María del Carmen, “nació en el seno de una familia de profundas convicciones cristianas y desde muy niño siguió la huella de nuestro Padre Francisco de Asís en la búsqueda de encontrarse con Dios entregando todos sus talentos para luego de 101 años de vida partir a gozar de la verdadera vida más allá en el cielo”.
“Fue un fraile inquieto –dijo- humilde, sabio, alegre, estudioso, le encantaba leer e informarse de todo lo que ocurría en la sociedad, un estudioso de la vida y obra de los pueblos originarios”.
Puntualizó que “por su inteligencia y capacidad ocupó numerosos cargos en la Provincia Franciscana, los que desempeñó con total responsabilidad como secretario de la Provincia Franciscana de la Asunción del Río de la Plata. Por más de 30 años fue director de la Escuela San Francisco de Asís y de la Banda de Música del Colegio y por muchos años más del Museo Arqueológico Inca Huasi” y agregó “fue miembro titular de Museólogos de Argentina, miembro Nº1 de la Junta de Estudios Históricos de La Rioja, miembro del Consudec con la distinción de “Divino Maestro, Ciudadano Destacado otorgado por la municipalidad de la Capital, bendición papal del Santo Padre Benedicto XVI, distinción Monseñor Enrique Angelelli por la Cámara de Diputados de La Rioja”.
“Era tan estricto en su vida personal –recordó María del Carmen- que tenía organizada las 24 horas del día. Comenzaba a las 5, con el rezo de la liturgia de las horas y así arrancaba sus actividades. Muy austero en su alimentación únicamente lo indispensable, le gustaban mucho las gomitas frutales que comía una por día. Al igual en el almuerzo y la cena, una hojita de lechuga y tres rodajas de tomate, nunca comía de más por más rico que fuera el manjar. Eso sí, para su cumpleaños, el 1 de enero de cada año comía cabrito y un trocito de torta”.
“Fue muy trabajador y observador –apuntó- puso todo su empeño, su vida al servicio de tres grandes instituciones que son un tesoro de la Orden Franciscana. La Escuela, la Banda Infantil y el Museo Inca Huasi. Allí puso todo su empeño continuando la obra iniciada por Fran Bernardino Gómez”.
“Hay tanto para decir del padre Nicolás –siguió relatando- que pasaría horas recordándolo, era muy parco siempre escuchaba y sus respuestas eran las más acertadas, lógicamente estaba con el, el Espíritu Santo, el amor de Cristo, Jesús”.
“Fue devoto del Divino Niño Jesús Alcalde y de San Francisco Solano, sus ojitos color miel se humedecían de lágrimas cuando veía las imágenes partir hacia Las Padercitas o ir a celebrar el Tinkunaco. Hoy nos mira desde el cielo y nos sigue mostrando el camino que el recorrió, en de la paz y bien. Deseamos que la paz de Dios lo haga descansar en las verdes praderas de quietud. Su cariñoso recuerdo estará por siempre en nuestros corazones”, concluyó María del Carmen.