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Preocupa la baja adherencia a la lactancia materna exclusiva en menores de 6 meses

En el marco de la Semana Mundial de la Lactancia Materna, que se conmemora del 1 al 7 de agosto, desde la Sociedad Argentina de Pediatría se recomienda exclusivamente la leche materna hasta los 6 meses de vida, y que luego continúen con esta práctica, complementada con otros alimentos hasta los 2 años o más.



Pese a que todas las recomendaciones nutricionales internacionales concuerdan en que la lactancia materna exclusiva debe mantenerse hasta los 6 meses de edad del niño, según los resultados de la Encuesta Nacional de Lactancia Materna (ENaLac) de la Dirección Nacional de Maternidad, Infancia y Adolescencia del Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Nación del año 2017, relevados más de 23 mil casos se observó que en la Argentina a los 2 meses de su nacimiento sólo seis cada diez niños (58 por ciento) son alimentados exclusivamente con leche materna. Mientras que a los 4 meses lo hace, uno de cada dos (51 por ciento), y a los 6 meses apenas,  cuatro de cada diez (42 por ciento).

“Entre los principales motivos detrás de este indicador, se incluyen el desconocimiento de los padres y muchas veces la supuesta comodidad. También puede llegar a ser un obstáculo la inserción laboral de la mujer, e incluso la falta de persistencia en el consejo médico. Esta combinación termina produciendo la aparición de una  lactancia mixta (inclusión de leche de vaca o de fórmula con componentes bovinos) y la incorporación temprana de alimentos semisólidos y de agua”, describió Gustavo Sager, médico pediatra y presidente de la Subcomisión de Lactancia Materna de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).

“Sin embargo, las necesidades de los niños hasta los 6 meses son cubiertas a la perfección por la leche materna exclusiva: no existe ningún otro producto que pueda brindarles todos los nutrientes necesarios para crecer de manera sana. Si bien la tendencia de acceso a la lactancia materna se encuentra en aumento con respecto a períodos anteriores, aún estamos muy por debajo de las cifras ideales”, aseguró Mónica Waisman,  pediatra y miembro de la Subcomisión de Lactancia Materna de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).

Leche materna

La nutrición en esta primera etapa conforma uno de los pilares centrales del crecimiento sano: la leche materna otorga todos los componentes que el niño necesita, como agua, proteínas, azúcares, grasas, vitaminas, minerales, hormonas, nucleótidos y enzimas, entre otros.

En realidad, la leche materna no es una sola, sino que varía según el tiempo que tome el niño, ya que la glándula mamaria secreta distintos tipos de leche: en los primeros minutos, una con altos contenidos de agua y azúcar, para calmar la sed y el hambre urgente. Luego, le otorga proteínas y, finalmente, presenta una alta proporción de grasas: cinco veces más que al inicio de la ingesta. Por esto, se debe dejar al bebé en la misma mama hasta que quede saciado para que reciba los tres tipos de leche. Si toma solamente de un solo lado, lo recomendable es que la siguiente vez comience por el otro pecho, las características de la leche se autorregula, teniendo en cuenta las necesidades del niño.

Entre los elementos que componen la leche, se encuentran agua, proteínas (caseína y proteínas de suero como las inmunoglobulinas), hidratos de carbono (lactosa y más de 200 oligo y monosacáridos), grasas, vitaminas A, D, E y K y otras hidrosolubles, minerales como calcio, hierro, zinc o potasio y otras sustancias como hormonas, nucleótidos y enzimas. La proporción de cada uno de estos nutrientes varía según la edad del hijo y el momento del día. Asimismo, se estima que existen muchos otros componentes que aún no han sido identificados.

Algunas de las señales que pueden indicar que el niño se alimentó lo suficiente, son que se prenda sobre la areola y no sobre el pezón, escucharlo tragar, que quede relajado y saciado, que eructe bien, que regurgite una pequeña cantidad, que haga pis transparente y que sus deposiciones sean abundantes.

Persisten mitos

“Llamativamente, todavía hoy a diario debemos lidiar con algunos mitos relacionados con la lactancia materna que son sólo eso, ‘mitos’, y que no tienen ningún fundamento científico y no deberían ser tenidos en cuenta. Entre ellos, se encuentra que hay leches maternas que ‘no sirven’ o que son insuficientes y que el bebé se queda con hambre, o que el tamaño de las mamas influye en la cantidad de leche. Nada de esto es cierto”, explicó Roxana Conti, médica pediatra y miembro de la Subcomisión de Lactancia Materna de la SAP.

Con respecto a la alimentación complementaria con leches de fórmula, los expertos detallaron que sólo deben ser incorporadas por indicación específica del pediatra y en casos muy puntuales, ya que no tienen la misma calidad nutricional ni inmunológica que la materna. En estos casos es recomendable brindar apoyo a la madre para seguir adelante con la lactancia y estimular la producción láctea, ofreciendo al bebé la propia leche extraída antes o después de la puesta al pecho. Además, el uso de mamaderas predispone a que las glándulas mamarias dejen de producir leche y que el niño comience a succionar de manera distinta, por lo que luego puede lastimar el pezón de la mamá. Este último punto puede ocurrir también ante la introducción del chupete en las primeras semanas, antes que la lactancia esté bien establecida.

La primera vacuna

“La leche materna tiene tres características que la hacen única: es humana, lo que implica que no haya riesgo de alergias y esté diseñada especialmente para nuestra especie; es viva, es decir, tiene glóbulos blancos vivos que ayudan a que el bebé esté protegido ante agentes infecciosos; y es cambiante: se adapta a las necesidades del bebé tanto con el correr de los días como con el pasar de los minutos de toma”, subrayó Sager, quien además es el creador del Primer Banco de Leche Materna Pasteurizada de la Argentina.