
Las obras que unirán Las Padercitas con el dique Los Sauces, ejecutadas por empresas contratadas por Vialidad Nacional, generaron el reclamo de un grupo de vecinos por supuestos daños ambientales y en las viviendas a raíz de las detonaciones y vibraciones que demanda abrir el camino.
Mientras desde la Administración de Vialidad Nacional se destaca el avance de las obras efectuadas por las empresas contratadas, una de ellas Paolini Hnos SA, un grupo de vecinos se autoconvocó en asamblea para reiterar sus quejas por las grietas, caídas de revoque y filtraciones que se vienen produciendo en las paredes de algunas viviendas del Barrio La Quebrada como así también por el ruido ambiental debido al uso de explosivos y maquinaria pesada que requiere la construcción de la traza a través de las montaña, desde Las Padercitas hacia el dique de Los Sauces.
Las obras incluyen la apertura de túneles, el movimiento de tierras y la compactación de suelos, además de la construcción de muros de contención, y se efectúan de forma constante, a pocos metros de las viviendas. Los residentes han visto modificarse sus hábitos de vida, acostumbrados a la tranquilidad y el contacto con la naturaleza, lo que hace que en el lugar se hayan tradicionalmente instalado complejos de cabañas y campings. “Es impresionante, ya ni hay pájaros”, señalan.
La inquietud llegó a Medios El Independiente por parte de Amalia Reynoso, quien expresó que son varios los vecinos afectados que vienen haciendo reclamos desde hace meses sin recibir ninguna respuesta o solución por parte de las autoridades ni de las empresas que trabajan en el sector. “Son dos estallidos diarios, uno a las 8 de la mañana y otro a las 10, y están causando rajaduras en las paredes, esto lo manifestamos pero nadie nos escucha”, indicó.
Reynoso sostuvo que al menos una veintena de habitantes de la zona tienen esta preocupación por sus viviendas, por lo que decidieron empezar a reunirse en asamblea para determinar las medidas que adoptarán. En este sentido, recordó que tiempo atrás realizaron un corte sobre la Ruta 75 “y entonces enviaron a alguien que dijo ser topógrafo para que revise las viviendas, tomaron fotos, pero no volvieron más”.
En un recorrido por la zona, este diario visitó a varios vecinos que respaldaron la inquietud por la situación expuesta. Incluso permitieron el paso a sus viviendas para comprobar los daños causados. En efecto, a simple vista, varias de ellas muestran la huella de revoques caídos en los techos del comedor o la cocina, como así también rajaduras en las paredes y separaciones en los marcos de las aberturas. A algunos se les fisuraron las piletas. Otros cuentan el sobresalto al que no terminan de acostumbrarse por las detonaciones o el paso constante de la maquinaria pesada.
La vecina Marta exhibe el techo deteriorado de su casa y afirma que otra parte está a punto de caerse. La persigue la aflicción, ya que en la vivienda habitan niños y ancianas. “Hice una presentación ante Vialidad pero nunca tuve una solución”. Un poco más allá, otro vecino compara las vibraciones por las explosiones a “un temblor fuerte”. Se suman a ellos los dichos de otro habitante, molesto porque le solicitaron permiso para atravesar su terreno con máquinas y nunca volvieron a reparar los deterioros en el terreno. Finalmente, la dueña de un comercio asegura que tiempo atrás habrían distribuido una notificación donde se les advertía que no se asumía ninguna responsabilidad por los daños. Hasta los vidrios se le rajaron. Los testimonios sobre el “costo del progreso” en La Quebrada abundan. Pero, según los mismos afectados, aún no hay nadie que se haga cargo.