
Caminar por la Ciudad no solo es un caos debido al mal estado de las veredas sino por la imprudencia de quienes están a cargo de obras de construcción. Las empresas y propietarios infringen la ley impidiendo la circulación de los peatones, obligándolos a bajar y circular por la calle corriendo el peligro de ser atropellados.
Los riojanos se muestran cada día menos tolerantes frente a las obras de construcción que impiden el paso por las veredas, los responsables colocan distintos obstáculos que obligan a los peatones a caminar por la calles. Es común ver materiales de construcción como ser: filas de ladrillos, cúmulos de arena, bolsas de cal, baldes, hormigoneras y otras maquinarias colocadas sin ninguna consideración en las veredas.
Un claro ejemplo de la imprudencia se manifiesta sobre calle Ortiz de Ocampo, una construcción importante al lado del supermercado Chango Más. Quienes transitan por la zona, deben hacerlo por el asfalto, ya que los encargados de la edificación decidieron clausurar la vereda con una lona verde y vallar el predio.
La falta de pasarelas obliga a los peatones a bajar a la calle sin protección contra los vehículos y ante el peligro de objetos que caen o sobresalen de las obras. El mismo escenario se multiplica en distintos sectores de la Capital y la ausencia de cartelería que advierta sobre el trabajo en la vía pública complica la situación.
Un detalle que empeora lo relatado son las estrechas veredas en algunos sectores de la zona céntrica como lo son aquellas ubicadas en Santa Fe y Copiapó, lo cual se ve agravado con una obra de construcción, que si bien se encuentra señalizada con cartelería, no respeta los espacios de libre circulación.
También resultan un gran peligro aquellas zonas con obras clausuradas por temor a derrumbes, el problema de ello es que la situación se prolonga por demasiado tiempo sin vista de arreglos.
La falta de información de los ciudadanos respecto al tema y la ausencia de control por parte de las autoridades competentes fomentan estas prácticas. Las veredas obstruidas o clausuradas por las obras de construcción ya son un mal crónico de las calles riojanas.
120 metros permitidos
De ancho libre es el espacio que debe tener cada vereda, entre la valla provisoria (de la obra en construcción) y el limite entre la acera y la calzada, para garantizar la traslación segura de los peatones con o sin dificultades motoras, mayores de edad, no videntes, o quienes deban transitar con coches de bebes.