
Huaco (Enviados especiales). Junto a familiares y amigos, la familia Marinelli compartió el sábado último una emotiva misa, luego inhumaron los restos del recordado Fiore junto a la tumba de su esposa Rosa Elena en su finca que se ubica en la zona de Huaco Arriba. También se bendijo e inauguró el campanario de una capilla que rinde homenaje al amor vivido por el matrimonio.
Medios El Independiente participó de la conmovedora ceremonia invitado por Carlos y Humberto, hijos del italiano Fiore Marinelli y de Rosa Elena Mercado Luna.
En principio la familia, junto a sus íntimos amigos, trasladó los restos mortales de Fiore, fallecido el 17 de octubre del 2018 con 94 años, desde la ciudad Capital hacia la localidad de Huaco, Departamento Sanagasta.
El féretro arribó cerca del mediodía y fue depositado junto a la tumba de su esposa Rosa, quien murió en 1993, y que se encuentra a un costado de la Capilla Santa Rosa, inaugurada el 8 de octubre de 2002. En la oportunidad los presentes se dirigieron al campanario para participar de la inauguración de la gran torre, inmersa en un paisaje costeño de ensueño. A continuación se celebró una misa que fue presidida por el sacerdote David Cuello.
“Mis padres eran muy unidos y sentían un gran amor, ellos ya tenían la idea de construir una capilla en Huaco ya que mi madre era muy creyente”, comenzó relatando Carlos en diálogo con este matutino.
Sobre la llegada de Fiore al país comentó que “mi padre nació en Campobasso, Italia, durante la Primera Guerra Mundial la familia emigró hacia Argentina, primero llegó mi abuelo y después vinieron mi abuela y sus tres hijos, eran gente de mucho trabajo, constructores”.
“Mi padre estudió en Buenos Aires y se recibió de técnico minero, siendo joven trabajó en el sur del país en la mina de carbón ‘La Escondida’ de Auca Mahuida, en Neuquén, él nos contó que al llegar se encontró con una zona desértica y que fue tal la desolación que sintió que lloró durante tres días seguidos, pero debido a su forma de ser, perseverante, no se dio por vencido y estuvo tres años allí hasta la explosión, sucedida a fines de los 50 por una acumulación de gases”, resaltó Carlos.
Y añadió que “mi padre sobrevivió a esa tragedia porque no había llegado a ingresar a la mina, se encontraba a pocos metros cuando sucedió la explosión, de ese hecho traumático escribió un libro”.
Seguidamente, el hijo mayor de Fiore detalló que “al tiempo a mi padre le ofrecieron trabajar en una mina de Famatina, tenía por ese entonces 23 años, un proyecto laboral que nunca se concretó, ya estando en la provincia conoció a mi madre, quien se desempeñaba como docente, se enamoraron y se casaron”.
Buscando un porvenir
“El terreno donde está nuestra finca, que en principio fue de los Ramírez de Velasco, que habitaron los jesuitas y que también pasó por manos de la familia de Joaquín Víctor González, mi padre se lo compró al tambero César Godoy, aquí solo había una pequeña plantación de nogales, durazneros, higueras, castaños y algunas vides”, expresó Carlos sobre los primeros años de la familia Marinelli en Huaco.
Por su parte, Humberto destacó que “mi padre vivió hasta sus últimos años en este lugar, aquí era muy feliz, se olvidaba de todos los problemas, a él no le importaba el dinero sino que lo consideraba un medio para concretar sus sueños, siendo joven iba y venía desde la Capital, de a poco fue levantando esta propiedad”.
“Fue un empresario, tuvo una confitería, además del primer autoservicio de la ciudad Capital, cosechaba aceitunas, comercializaba el vino ‘Nacarí’, también desarrolló una granja durante la presidencia de Carlos Menem y un criadero de truchas, recuerdo a mi padre por su devoción al trabajo, terminaba un proyecto y empezaba otro, era muy perseverante y desafiaba las complicaciones que se le presentaban, lo recuerdo por su amor a la naturaleza, por su amor a Huaco, en cada uno de los rincones de esta finca se siente su presencia”, dijo con orgullo y emoción.
En ese sentido exclamó que “Fiore tenía fuertes convicciones que no eran negociables y que nos inculcó a lo largo de los años, para él siempre había que hacer lo correcto, ni su gusto por la comida negociaba, siendo ya adulto comía como cuando era joven, un buen puchero con caracú, una torta frita”.
Cumplir con su último deseo
Tenaz y laborioso, al fallecer su esposa Fiore inició con la construcción de la capilla que tiene como patrona a Santa Rosa de Lima, una tarea que le llevó más de diez años y que pudo ver finalizada el 8 de octubre de 2002 cuando se inauguró el templo.
En referencia Humberto comentó que “con esta ceremonia cumplimos su sueño de volver a estar junto a mi madre, cuando ella falleció mi padre quedó desolado y empezó a construir esta capilla en su honor y como un homenaje al amor que se tenían, incluso preparó su mausoleo”.
El santuario cuenta en su interior con bancos de madera de nogal, con un altar y atrio que son de granito de la zona. “La iglesia es privada, de nuestra familia, pero de igual modo la ofrecimos al Obispado para reuniones de clérigos y retiros espirituales”, declaró Carlos.
A continuación habló sobre la construcción del campanario. “Mi padre tardó 25 años en terminarlo, a la campana, que es de bronce, pesa más de 120 kilos y lleva grabado el nombre de mi madre, la mandó a hacer a la fondería pontificia Marinelli de Agnone, Italia, antes de fallecer llegó a verla colocada en la torre, que cuenta con paredes de 15 metros de alto y está rodeada de un bosque donde se levantarán árboles ornamentales”, expresó.
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