
Con goles de Maximiliano Romero y Tihago Almada, los locales les dieron un duro golpe a los conducidos por Beccacce.
A pesar del escaso público que arribó al José Amalfitani, Independiente y Vélez generaron gran expectativa en la soleada mañana porteña. Como ambos llegaron a la novena fecha de la Superliga con 13 puntos, la obligación de ganar para no perderle pisada a los de arriba de la tabla se presentó como una necesidad básica que condimentó el duelo.
Con el legado que dejó Ariel Holan y el regreso del saludo tradicional de la época del setenta y ochenta, el Rojo llegó a Liniers con la misión de calmar las caldeadas aguas que surfea Sebastián Beccacece en Avellaneda. En cambio, los dueños de casa salieron a la cancha con el deseo de repetir la hazaña lograda en el Monumental ante River y olvidar la última caída en el mismo escenario frente a Defensa y Justicia.
A pesar de las imprecisiones y la falta de profundidad, los protagonistas intentaron interpretar de la mejor manera las pretensiones de sus entrenadores: con buen pie, juego asociado y visión de campo.