
El fuego devoró por completo la vivienda situada en la zona sur de la ciudad. La propietaria explicó que en unos segundos, el siniestro destrozó por completo su hogar. El lamentable hecho sucedió el viernes pasado.
Gladys Lepez, dueña de la propiedad, en contacto con El Independiente comentó que no sabe cuál fue la razón que originó el incendio. “Dicen que fue una falla eléctrica, es raro porque mi ranchito tenía llave térmica y disyuntor. Estaba yo sentada en mi cocinita viendo televisión, cuando sentimos olor a humo. Pero fue raro porque cerca está el río, la gente viene, tira y quema. Después al rato me llamaban, me asomo y no veo nada. Luego insisten gritándome mi nombre, voy por el otro lado y lo tenía a mi perro atado, estaba desesperado y veo que en la pared de la vecina se reflejaba una luz colorada. Giro la cabeza y miro las llamas salir. Le digo a mi marido: ‘Gustavo se nos incendia el rancho’”.
La vecina describió que su vivienda era precaria, con techo de nylon. “Me caían las puntas del nylon en la piel, intentaba apagar el fuego pero no hubo caso. Se me quemó todo. Se quemó mis muebles, la heladera que me regaló Beder Herrera, ya que soy diabética dependiente de la insulina, mis documentos”.
Indicó además que recibió ayuda de los vecinos, y del gobernador electo Ricardo Quintela, le obsequió una cocina. “La gente me trae mercadería, me prestaron unas sillas”, comentó sobre la solidaridad de los vecinos.
Acongojada por la situación, Lepez aclaró: “me enteré que dijeron que quemé mi rancho para recibir una casa. El que me conoce, sabe que no es así. No voy a quemar mi ranchito, era mi casa, mis cosas, me las gané con el sudor de la frente”.
Actualmente, Gladys vive con su marido en una improvisada habitación, armada con nylon y madera en la parte delantera de su terreno. “En mi ranchito pasaba frío, calor, pero estaba con todas mis cositas. Llevo dos noches sin dormir, porque no puedo creer que haya quedado sin nada. No pude recuperar nada, porque todo se me fue en un abrir y cerrar de ojos. Vinieron dos dotaciones de bomberos y no pudieron salvar nada”.
Finalmente remarcó “lo que más necesito es la heladera y la insulina. Se me quemó todo, las insulinas, las agujas, el medidor de azúcar. Recibí asistencia por parte de una enfermera del Centro de Salud de La Cañada. Por lo que viví, tengo el azúcar muy alta”.
Para colaborar con Gladys y Gustavo, pueden dirigirse a la calle Susy Morán s/n, (paralelo a avenida Homero Coronel Montes) antes de llegar al río, barrio Los Obreros II.