
Flamante director ejecutivo del Instituto Nacional de Educación Técnica (INET), Diego Golombek, ahora tiene la ardua tarea de articular la enseñanza técnica de los secundarios y terciarios del país. Es doctor en Biología, científico del Conicet, docente universitario, escritor y divulgador de la ciencia.Se ha focalizado en temas tales como de qué manera la vida actual y el uso intensivo de la tecnología afecta los ciclos biológicos de los seres vivos.
Por Pilar Ferreyra
Uno de los temas de investigación que le quitahoras de sueño es, paradójicamente, qué pasa con los ciclos biológicos mientras dormimos. “El sueño tiene muy mala prensa: no está bien visto dormir mucho. Sin embargo, el sueño es parte de nuestro ciclo vital. Si no dormimos, o dormimos de forma insuficiente, las consecuencias son: mal humor, somnolencia, más tendencias a enfermarse e inclusive, a engordar. Deberíamos dormir ocho horas por día. Aunque se calcula que, en promedio, dormimos entre una y dos horas menos que eso”, detalla, el también profesor titular de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Desde esa casa de estudios superiores, además dirige el laboratorio de cronobiología (estudio de los ritmos biológicos). También es investigador superior de Conicet.
El escaso prestigio que pesa sobre el acto de dormir tiene una larga historia. Durante el desarrollo de esta entrevista con El Independiente Digital, Golombek alumbra aspectos históricos del interés científico del estadounidense Thomas Edison (1847-1831), para iluminar un detalle en la historia de la ciencia de efectos sociológicos. “La creación de la luz eléctrica, por parte de Edison, no fue altruista ni casual. Edison hablaba de romper con la tiranía del sueño. Perfecciona la luz eléctrica para robarle horas a la noche y extender la jornada laboral. Eso trajo múltiples consecuencias sobre el sueño y mayor explotación sobre los trabajadores”, analiza el científico y desliza un dato que actualiza lo que acaba de decir: “El CEO de Netflix afirma que su enemigo principal es el sueño”.
Una de los temas que más le interesan a Golombek es el estudio de la relación entre el cerebro y los ritmos biológicos. Explica que el reloj biológico de los seres vivos, en particular el de los seres humanos, le dice al cerebro a qué hora estar despierto, a qué hora estar dormido, a qué hora tener hambre, cuándo cambiar la temperatura del cuerpo, e incluso cuándo cambiar de estado de ánimo. “Es como un reloj pulsera que atrasa o rechaza. Si no lo pones en hora, no sirve. El principal ajustador del reloj biológico es la luz. La razón por la que muchas veces nos desvelamos mirando el celular, la tablet o las notebook es la luz azulada de las pantallas que simulan la luz del día. Eso nos mantiene despiertos”.
Este científico que con 55 años ya ha publicado una veintena de libros, el último editado por Siglo XXI: “La ciencia es eso que nos pasa mientras estamos ocupados haciendo otra cosa”, también es director de la colección de divulgación: “Ciencia que ladra” de Editorial Siglo XXI. De su memoria de datos interesantes comparte unos que dan para pensar: “en los últimos cien años la humanidad perdió dos horas de sueño respecto de lo que solía dormir, y en los últimos 50, otra hora”. Y, aunque el modelo capitalista urbano nos presiona a hacer cada vez más actividades, con el consecuente estrés y tendencia al insomnio, lo cierto es que en cuanto Golombek asegura que “dormir es tan vital como comer”, dedicar un rato a reflexionar sobre aquellos factores que interfieren en un descanso mejor, quizá es tan necesario como intentar mejorar la calidad de nuestra dieta alimenticia. Somos lo que comemos. Somos cuánto dormimos.