
Como hace medio siglo los maestros normales nacionales siguen reuniéndose cada diciembre para evocar aquella promoción de maestros normales nacionales egresados de la Escuela Normal "Pedro Ignacio de Castro Barros".
Es una tradición que continúa en el tiempo y cumpliendo al pie de la letra un gran número de egresados como maestros normales en el año 1968 y así enseñando el camino para que desarrollen sus vidas de la mejor manera.
El pasado viernes 27, se llevó a cabo una vez más el acto de reencuentro de ex alumnos de la gloriosa Escuela Normal Nacional “Pedro Ignacio de Castro Barros” cuando funcionaba en el edificio ubicado en pleno centro de esta Capital riojana.
Con sonrisas dibujadas en el rostro por los recuerdos de la juventud, la promoción de egresados del año 1968 integrada por cuatro secciones, celebró sus 51 años de egreso. Fueron los verdaderos protagonistas de la celebración.
La actividad festiva se inició a las 9, con la participación de una misa que fue celebrada por el padre David Scalzo en la Iglesia Catedral en el marco de la novena dedicada a San Nicolás de Bari.
En la oportunidad los egresados que concurrieron al oficio imploraron por todos aquellos que se adelantaron y han partido al cielo. También el padre Scalzo les impartió una bendición especial con motivo de este importante acontecimiento.
Luego el grupo de egresadas, se dirigieron a una confitería céntrica donde compartieron el café de la amistad y donde afloraron recuerdos y anécdotas al por mayor.
En la continuidad de los festejos los maestros se convocaron en horas de la noche para compartir una cena.
Fue en aquel marzo de 1964, cuando un grupo de jóvenes entusiastas ingresaban al colegio secundario, llenos de sueños e ilusiones.
Durante los cinco años cultivaron una gran y sincera amistad entre compañeros y profesores, estos que supieron conducirlos por la senda del respecto, el amor y la sabiduría.
Hoy a más de cincuenta años de haber egresado como la Promoción 1968, de la entonces querida y gloriosa Escuela Normal, agradecieron a sus padres y profesores, que después de ese largo camino pudieron recordar las cosas vividas que perduran en sus corazones y la mente de cada uno.
Algunos ya no están físicamente, porque se adelantaron en el camino al Infinito, pero todos siguieron su derrotero, sus ilusiones, concretaron sus proyectos, se formaron en distintas actividades, brindando sus saberes en la comunidad riojana o siguieron otros rumbos u horizontes profesionales, pero siempre bajo la premisa de dar lo mejor de sus vidas y marcando sobre todas las cosas un ejemplo a seguir.
Este reencuentro fue para todos, una vez más, una experiencia inolvidable, como es la de evocar aquella histórica graduación en 1968.
Se vivió todo con una mezcla de sentimientos, de alegría y de tristeza también por los que no están, en especial de quienes se fueron recientemente, pero hubo sí, muchas anécdotas para recordar.