
El jueves último, el Presidente anunció la cuarentena total en el país para prevenir una mayor propagación del coronavirus. Las personas deben permanecer en su residencia y sólo se permite una circulación mínima. Los changueros, aquellos que deben salir a trabajar a diario para subsistir, se mostraron preocupados por la situación. "Esto significa que no puedo trabajar y yo cobro por hora", sostuvo Celeste, una empleada domestica del Bº San Martín.
“La prioridad es la salud”, lo dijo Alberto Fernández y lo repiten a cada minuto los noticieros y portales. Pero, mientras tanto, más del 40% de los argentinos subsisten realizando trabajos informales, o las conocidas “changuitas”. En un relevamiento de Medios El Independiente, se dialogó con vecinos de la Capital, quienes se mostraron preocupados por la situación económica que deben atravesar. “No sé cuánto tiempo podremos seguir así, las cuentas no esperan”, expresó Mónica del Bº Joaquín Víctor González.
Taxistas y remiseros tuvieron que suspender sus salidas, aunque se pudo observar algunas bases con móviles disponibles, “son las 11 de la mañana y sólo hice un viaje, además las calles están cortadas y la gente no quiere, mejor dicho, no le conviene viajar en remis porque debemos hacer viajes largos”, aseguró un remisero capitalino.
“Hay gente que no llega a fin de mes saliendo a trabajar, imaginate ahora. Entendemos que es una situación grave, pero qué hacemos”, sostuvo un taxista de la zona céntrica.
Un sector que también se vio afectado es el de las empleadas domésticas y personal de cuidado de personas (niños y mayores), los empleadores debieron prescindir de sus servicios, por la seguridad de ambas partes. Cabe destacar que muchas de las personas que se dedican a este tipo de trabajos lo hacen cobrando por hora. “La señora donde trabajo empezó pidiéndome que tome medidas higiénicas, me sacaba los zapatos cuando entraba a la casa, nos lavábamos las manos todo el tiempo, pero ya no se puede, es peligroso”, aseguró Celeste y agregó “tengo plata guardada pero si esto sigue el mes que viene no sé cómo terminaremos, los pobres nos morimos”.
Mariana, quien vive en la zona este de la ciudad, también expresó su preocupación, “tengo un kiosquito en casa y casi no tengo ingresos, la gente decide hacer compras grandes, van a los súper, creen que los alimentos van a faltar. Todos estamos con miedo, pero seguimos comiendo todos los días, y si no trabajamos no hay plata”.