07/07/21
Mes de la Independencia. Tucumán se luce este invierno como destino
El mes de la Independencia se vive en San Miguel de Tucumán. Emblema de
nuestra historia, marca el ritmo del Norte argentino convertida en centro
urbanístico, comercial, gastronómico y cultural que invita a vivir una
experiencia en un equilibrio con la exuberancia de las yungas a minutos de
la ciudad.
Es que se trata de una provincia pequeña desde una mirada territorial con 22.524 kilómetros cuadrados de superficie, pero intensa desde la historia y la cultura que despiertan el orgullo en los propios tucumanos y de los visitantes.
San Miguel de Tucumán brinda paseos por la historia a través de sus edificios emblemáticos, como el Museo Casa Histórica de la Independencia que muchos eligen conocer ni bien llegan a esta ciudad. Claro que, si uno pasea por San Miguel, cualquier persona le va a recomendar esta visita, sus salas donde se relatan los momentos, los procesos históricos que desembocan en la Declaración de la Independencia Nacional son el clásico. En el atardecer, un espectáculo de luz y sonido lo trasladarán a los momentos fundamentales de nuestra historia. Cada visita, siempre con reserva y aforo, por la pandemia.
Si hablamos de aquellos tiempos, en la época colonial, eran unos “pocos miles de tucumanos” los que habitaban la ciudad que contaba con doce
manzanas y desde lejos se podían ver a las cuatro iglesias y el cabildo, según destacan los historiadores como Felipe Pigna en su obra “Los mitos de la historia argentina I” (Páginas 391 a 402), donde también se relata que al igual que en Buenos aires, la noche tucumana concentraba las tertulias, encuentros sociales con música que convocadas por familias tradicionales.
Hoy cada templo, cada casona, cada sitio integra el recorrido histórico de la ciudad, con sus fachadas arquitectónicas coloniales o con detalles
neoclásicos como presenta la Catedral Nuestra Señora de la Encarnación y más aquí en el tiempo, el estilo modernista en la Casa de Gobierno.
“Siempre que recorro la Casa Histórica de Tucumán, la cuna de la Independencia, me lleno de emoción. Es un lugar muy emocionante, muy
querido. Estar en Tucumán es un lugar que a uno lo llena de emoción, sabiendo todo lo que transcurrió ahí, la Batalla de Tucumán, la presencia del querido Manuel Belgrano, la Ciudadela, la presencia de San Martín y de
Belgrano en la Ciudadela en 1813”, dice Felipe Pigna.
El historiador reflexiona sobre la provincia y destaca que “Tucumán, como Cuna de la Independencia, como esta Casa donde se discutió tanto, se debatieron proyectos tan interesantes como el primer proyecto de protección de la industria del vino en la Argentina propuesto por San Martín y Godoy Cruz, la Monarquía Incaica y, finalmente, la Sanción de la Independencia”,
puntualizó.
“Pero –expresa– recorrer ese lugar, ese lugar tan mágico, tan querible para nosotros es profundamente emocionante. Cada vez que voy, y ya fui muchísimas veces, me lleno de emoción cada vez que piso la Casa histórica de la Independencia”.
Aunque el recorrido citadino tucumano, no queda aquí, la plaza Independencia, contiene la estatua de la Libertad, de la escultora tucumana Lola Mora y desde este espacio se percibe el epicentro urbano, con los edificios de importancia política y social. La historia se siente en unas veinte opciones entre museos y casonas, como el Museo de Arte Sacro (junto a la Catedral), de Historia Natural erigido junto al Instituto Miguel Lillo, el solar que perteneció al naturalista que dedicó su vida al estudio y desarrollo de la biología o el Museo Casa Padilla, que contiene la magnífica “Colección Padilla” de arte decorativo, obras europeas y objetos hispanoamericanos del pasado colonial.
Para el Presidente de la Asociación Tucumana de Guías de Turismo, Rubén Fernando Olmedo, la provincia se distingue porque combina la historia y la naturaleza: “Lo primero que se plantea a un turista recién llegado es desde plaza Independencia desde donde se visita la Iglesia catedral, el Museo casa histórica y ahí derribamos el mito de la “casita” de Tucumán que tiene
ese recuerdo de dibujar en nuestra infancia las columnas torzadas de su fachada. Mientras que el Salón de la Jura de la Independencia es original.
Se trata de un recinto sagrado de la argentinidad, es el ámbito donde se desarrolló la Asamblea y cuando hay chicos en el grupo de visitantes les
hacemos tocar ese piso histórico mientras una voz en voz, con aura de misterio relata la historia”, cuenta.
Además, relata Omedo, “la Casa Histórica, posee muchas habitaciones, en las primeras donde vivía la dueña, doña Francisca Bazán de Laguna que había heredado la casona de su esposo Nicolás Laguna y luego hay un segundo patio y, en el tercer espacio, donde hay huerta y hoy están los frisos sobre relieve de Lola Mora donde figuran los protagonistas de la historia y que ella se tomó la licencia de poner dos presidentes argentinos nacidos en Tucumán, como Julio Argentino Roca y Nicolás Avellaneda”.
Por Ley Nacional, San Miguel de Tucumán es la Capital Honorífica de la
Nación y cada 9 de Julio, todos los actos se realizan en esta ciudad. “El
Tedeum, el chocolate que se convida esa mañana, se realiza en San Miguel
que, este año además, está todo preparado para re inaugurar el paseo en
Plaza Independencia donde quedará iluminada la estatua de la Libertad de
Lola Mora”, cuenta el Presidente de la Asociación Tucumana de Guías.
Hacia la modernidad. Claro que, en la actualidad, San Miguel de Tucumán
ostenta una población de más de 600 mil habitantes que la convierte en la
urbe más importante del Norte y marca el ritmo citadino que sorprende a
quienes recalan por primera vez. Para muchos, después del mediodía y hasta
la tarde, vuelve la tranquilidad a la hora de la siesta, pero la movida
comienza desde el atardecer y hay opciones para todos los gustos. Muchos
recomiendan recorrer la zona de las calles 25 de Mayo y Santa Fé, conocida
como el “Barrio Norte” de San Miguel donde hay un gran abanico de opciones
de gastronomía típica norteña como la humita, el locro, los tamales son
parte de un clásico, los cartas gourmet de platos internacionales están a
la orden del día en los distintos restaurantes.
“Es el Barrio Norte, donde está la Plaza Urquiza, el Casino, el Teatro San
Martín y la Legislatura provincial”, destaca el presidente de la asociación
tucumana de Guías de Turismo, Rubén Fernando Olmedo que recomienda también
hacia el Sur, donde está La Plaza san Martín, como otro de los polos
gastronómicos y de las movidas tucumanas”.
Tucumán es la provincia más densamente poblada de la Argentina y con una
fuerte movida de la juventud, dado que está la Universidad Nacional de
Tucumán con más de cien carreras universitarias, uno de los motivos de esta
fuerte presencia que en Pandemia con el cierre de los boliches tal vez se
dinamizó la movida gastronómica con las cervecerías artesanales y locales
gastronómicos, que incluso, con los nuevos protocolos, se abrieron espacios
al aire libre donde la gente disfruta de las salidas.
Aunque nadie se va de Tucumán, sin probar las famosas empanadas tucumanas
que tienen hasta su fiesta en la localidad de Famaillá, “los locros bien
punzudos”, recomienda Olmedo para saborear en invierno y que llevan
cuerito, panza, chorizo colorado, poroto, zapallo y maíz” aunque también
está toda la oferta de la cocina internacional y regional, por supuesto las
empanadas, son parte de la cultura aquí. Pero una clave para quien quiere
sentirse de san Miguel de Tucuman, es darse el gusto de probar el famoso
“sánguche” de milanesa tucumano, con sus capas de milanesa, sus rodajitas
de tomate fresco, lechuga en tiritas y aderezo que, si es picante, se
convierte en una auténtica experiencia!.
De día y noche. Si algo caracteriza a Tucumán, es la vida nocturna. Durante
toda la semana, en especial de jueves a domingo, el visitante podrá
disfrutar de centenares de bares, peñas, pubs, discotecas, salas de juego y
teatros. La actividad nocturna tucumana es constante, lo que genera una
calidez con gran dinamismo a quien recorre sus calles.
Con sólo pasear por el centro, el microcentro o Yerba Buena, “una ciudad
residencial como lo es San Isidro en Buenos Aires”, detalla Rubén Fernando
Olmedo y donde el visitante se deslumbrará con las luces de los bares, pubs
y peñas que con una atención cálida de excelencia, invitan a comer un buen
plato acompañado de buena música ya sea en el interior o en las mesas de
afuera, que por lo general, cuando el clima es agradable, son las
preferidas de los turistas.
Para los amantes de la movida más urbana, el centro es la opción ideal
y, para quienes prefieren mirar los cerros más de cerca y disfrutar de una
brisa más fresca, en Yerba Buena, sobran alternativas. Durante la semana,
quienes decidan salir a comer, pueden ir luego al cine, al teatro, a un pub
o a una peña. Y más que nada los jueves, viernes y sábados.
El Mes de la Independencia tiene su anclaje en San Miguel de Tucumán y en
todo el territorio de esta provincia que conjuga la historia, la cultura
ancestral y la naturaleza virgen.
Una ciudad en medio de las Yungas. Se puede decir que la ciudad de San
Miguel de Tucumán está prácticamente inmersa en las yungas más grandes del
país, que acompañan la travesía hasta el cerro San Javier –a solo 20
minutos– y durante el día despliegan un sinfín de opciones de actividades
al aire libre como el senderismo y el disfrute de la naturaleza que ofrece
la Reserva Natural Experimental Horco Molle y el Jardín Botánico, inmersos
en el corazón de una de las fitoregiones de mayor biodiversidad del país.
En la Villa El Cadillal, el dique Celestino Gelsi, elegido por todos para
vivir una jornada a pleno con la naturaleza se despliegan los deportes
náuticos como el kayac aunque los que buscan más adrenalina, tienen una
cita obligada en Loma Bola para volar en parapente.
Durante todo el año, las yungas tucumanas están tan cerca de la capital que
se convierten en una opción imperdible de naturaleza y aventura. Son apenas
unos 25 kilómetros de San Miguel, por Ruta Provincial 340, que permite un
fácil acceso a uno de los portales más atrapantes: Las Yungas y llegar a la
cima del cerro San Javier.
La travesía une en su recorrido a las localidades de Yerba Buena; Villa
Nogués; San Pablo, San Javier, El Siambón, Raco y El Cadillal son los
destinos de los visitantes del todo el país, que buscan la combinación de
aire libre, naturaleza, actividades, buena comida y confort. Ejes
motivacionales que predominan en pandemia y que llegaron para quedarse.
Es aquí, donde la ciudad de San Miguel de Tucumán y sus alrededores ofrece
su impronta de destino de turismo de naturaleza por excelencia, donde su
oferta de recreación, deportes náuticos, ciclismo, parapente, cabalgata y
golf se practican en medio de un ecosistema que lo convierten también en la
Capital del Senderismo.
Una historia de película
Belgrano, la película fue rodada íntegramente en la provincia de Tucumán,
en el 2010. Centrada en los últimos años de vida del abogado, economista,
periodista, político, diplomático y militar argentino Manuel Belgrano, está
protagonizada por Pablo Rago, Guillermo Pfening, Valeria Bertuccelli, Pablo
Echarri, Paula Reca y Mariano Torre, con dirección de Sebastián Pivotto.
Guillermo Pfening, que interpretó al Dr. Terranova, recuerda su paso por la
provincia y rememora: “fue una experiencia súper linda la del rodaje de
Belgrano, allá por el 2010. No conocía Tucumán y recuerdo haber filmado en
la Capital, una ciudad muy bonita, con mucho verde alrededor, con plazas
muy lindas, llenas de árboles. Y recuerdo especialmente el traslado a Tafí
del Valle con todo el equipo, por ese camino tan sinuoso y hermoso. Ahí
justamente empieza la yunga, me parece. Y es el camino que alguna vez
también hizo El Che (Guevara).
Me sorprendió ver que de un lado era todo verde y del otro lado de la
montaña, muy seco, más amarillo, porque estábamos en invierno. Tafí es un
pueblo mágico, con sus casitas, sus comidas típicas, tan alto. Y recuerdo
los sabores de Tucumán, su gente muy cálida con su tonada exquisita. Me
quedó pendiente hacer parapente y subir a los cerros y es una muy buena
excusa para volver a visitar esa linda provincia”.
Pablo Echarri, que en Belgrano interpretó a José de San Martín, pudo
recorrer mucho menos que Pfening. “Las dos veces que estuve en Tucumán fue
por horas y casi no pude recorrer nada. Me quedó pendiente también visitar
la Casa Histórica. Pero sí comí empanadas y todavía recuerdo su maravilloso
sabor”.
Pablo Rago se metió en la piel de Manuel Belgrano y disfrutó de la
filmación y de Tucumán también. “La batalla de Tucumán, el encuentro con
San Martín, el izamiento de la bandera, todas esas escenas se filmaron en
Tucumán, Tafi del Valle, El Infiernillo y fue increíble porque eran
escenarios imponentes. En mi caso fue como cumplir el sueño del pibe porque
de chico quería actuar en películas de cowboys. Y este rodaje en escenarios
naturales tucumanos fue lo más cercano a un sueño cumplido, con caballos,
tiros y mucha acción. La verdad es que no estaba muy al tanto de detalles,
más allá de lo que aprendí en la escuela. De alguna manera, me sirvió no
tener tanta información sobre él, porque no me sentí condicionado. Y crear
el personaje fue la mejor clase de historia de mi vida”. Además, recuerda
especialmente los sabores tucumanos: “comimos riquísimo y me daba panzadas
con la comida típica del lugar, esas empanadas jugosas, locro, humita,
tamales. Se me hace agua la boca”.