
Seguramente más de una vez escuchamos la frase, los cuidados son cosa de mujeres. parece una idea simple, casi natural, pero en realidad refleja una creencia muy arraigada que limita oportunidades y genera desigualdades en la sociedad.
Dra. Patricia Rippa M.P. 1291
El cuidado de los hijos, de las personas mayores o de los enfermos sigue principalmente en manos de las mujeres, esto tiene consecuencias concretas, muchas mujeres disponen de menos tiempo para estudiar, trabajar, participar en la vida pública o simplemente descansar. Según datos de ONU Mujeres, alrededor del 45% de las mujeres en edad de trabajar está fuera del mercado laboral debido a las tareas de cuidado no remuneradas, mientras que entre los hombres ese número apenas llega al 5%.
La llamada economía de los cuidados plantea algo evidente pero muchas veces olvidado, las tareas de cuidado sostienen toda la vida social y productiva de un país, sin embargo, siguen estando repartidas de forma desigual, en Argentina, las mujeres realizan aproximadamente tres cuartas partes de las tareas domésticas y de cuidado.
En América Latina la situación es similar, las mujeres dedican mucho más tiempo que los hombres a estas tareas, cerca de un 19,6% de su tiempo, frente al 7,3% de los varones. Además, el 39% de las mujeres cuida habitualmente a niños o personas dependientes, mientras que solo el 5,6% de los hombres lo hace, incluso cuando el cuidado es un trabajo pago, como el servicio doméstico, el 91,5% de quienes lo realizan son mujeres, generalmente en condiciones de informalidad y con salarios bajos.
También influyen los cambios en la estructura familiar, ya que muchos hogares son monoparentales y, en la gran mayoría de los casos, monomarentales, esto implica mayor vulnerabilidad económica, cerca del 44% trabaja en el sector informal y alrededor del 70% ha tenido que recurrir a préstamos para sostener el hogar.
Estas diferencias también se reflejan dentro del sistema sanitario. Para muchas médicas, uno de los mayores desafíos es lograr un equilibrio entre el trabajo y la vida familiar, mientras que el matrimonio suele reducir el estrés en los médicos varones, en muchas médicas ocurre lo contrario, porque siguen siendo quienes se ocupan principalmente del hogar, como consecuencia, tienen cerca de un 60% más de probabilidades de sufrir burnout, es decir, agotamiento laboral.
Las mujeres enfrentan además otras barreras, mayor carga de trabajo, menos acceso a cargos de liderazgo y lo que se conoce como “techo de cristal”, esa barrera invisible que dificulta llegar a puestos de decisión.
En las últimas décadas se habla de la “feminización de la medicina”, porque cada vez hay más mujeres en la profesión, sin embargo, este fenómeno no se debe solo al ingreso de más médicas, sino también a que muchos hombres optan por otras carreras consideradas más rentables.
Aun así, las desigualdades persisten, aunque las mujeres son mayoría en muchas áreas del sistema de salud, siguen siendo minoría en los puestos de mayor poder, direcciones hospitalarias, universidades, asociaciones médicas o gremios suelen estar mayoritariamente encabezados por varones.
Históricamente, la medicina fue organizada por hombres y muchas de sus estructuras todavía funcionan de esa manera, las mujeres han ido ganando espacios, pero muchas veces dentro de límites que esa estructura tradicional permite, el desafío no es solo llegar a un cargo de decisión, sino tener verdadera libertad para ejercerlo.
Hoy, alrededor del 80% de los puestos en actividades clínicas están ocupados por mujeres, pero suelen ser los sectores menos remunerados dentro del sistema sanitario.
Además, muchas médicas quedan fuera de ciertos espacios informales de decisión, la llamada “red de los viejos amigos”, porque las reuniones o encuentros donde se toman decisiones suelen realizarse tarde por la noche o en ámbitos tradicionalmente masculinos.
En Argentina, una de cada diez mujeres ocupadas trabaja en el sector salud, lo que muestra lo feminizado que está el área, sin embargo, solo el 25% ocupa puestos de responsabilidad.
A esto se suman otros problemas, mayor informalidad laboral, brechas salariales y situaciones de violencia o acoso que tienen un fuerte impacto físico y emocional. Cerca del 48% de las trabajadoras de la salud son además jefas de hogar.
La desigualdad de género en el sistema sanitario no es solo un problema local, a nivel mundial, alrededor del 69% de las organizaciones sanitarias están dirigidas por hombres, y cerca del 80% de quienes presiden los consejos ejecutivos también lo son.
Existen además estereotipos sobre qué tipo de especialidad corresponde a cada sexo. Las áreas relacionadas con el cuidado, como pediatría o medicina familiar, suelen asociarse con las mujeres, en cambio, especialidades como cirugía o cardiología siguen estando dominadas por hombres.
Un dato sociológico curioso aparece en varios estudios laborales, cuando una profesión pasa de ser mayoritariamente masculina a femenina, suele disminuir su prestigio social y también su salario promedio.
Un ejemplo es la provincia de La Rioja, que no está ajena a estas diferencias, algunas especialidades médicas muestran una clara mayoría masculina, como anestesiología, cardiología o cirugía general, en cambio, otras como pediatría, neonatología, dermatología o medicina familiar cuentan con más mujeres que hombres.
Esto muestra que los estereotipos y los sesgos de género influyen en la elección de las especialidades médicas y contribuyen a la segregación dentro de la profesión, lo que termina generando una distribución desigual entre las distintas especialidades médicas.
En el Mes de la Mujer, cierro este articulo haciendo mención del legado que nos dejaron aquellas que nos precedieron, en especial nuestras inolvidables pioneras, las primeras egresadas universitarias de Argentina, que además fueron médicas, Cecilia Grierson, Elvira Rawson, Julieta Lanteri y Alicia Moreau de Justo, que no solo abrieron las puertas de la medicina para las mujeres, también fueron defensoras de los derechos femeninos y promovieron una mirada más igualitaria en la profesión.
Más de un siglo después, las mujeres seguimos ganando espacio en la medicina, pero el desafío sigue siendo el mismo, construir un sistema de salud más justo, donde el talento y la vocación importen más que los estereotipos.