Diario El Independiente || Edición Digital
Skip to main content

Museo de los Mártires resguarda más de 300 objetos originales de los cuatro beatos

El Museo de los Mártires riojanos nació en el 2010 y atesora alrededor de 300 objetos originales que pertenecieron a los cuatro beatos. Rubén Diaz coordinador comentó que tres de ellos lo conmueven: una carta de la madre de Carlos Murias a las hermanas Josefina, pañuelos con la sangre de monseñor y su última foto en la parroquia antes de emprender su viaja a la Capital donde fue asesinado.



El Parque Temático Turistico Memoria y Martirio fue emplazado en el lugar donde fue asesinado monseñor Angelelli el 4 de agosto de 1976. La obra busca mantener vida la memoria de los mártires y convertir ese legado en un espacio de encuentro, reflexión, formación y desarrollo turístico.

Rubén Díaz, coordinador del Museo en diálogo con Medios El Independiente  se refirió a este lugar histórico que nació en el año 2010.

El sitió alberga alrededor de 300 objetos originales que pertenecieron a Monseñor Angelelli, Gabriel Longueville, Carlos Murias y Wenceslao Pedernera, aunque en menor número.

El lugar dispone de una biblioteca temática especializada que abarca la historia del contexto, en el que se dieron los crímenes. Un pequeño archivo con documentos originales, como cartas,  homilías escritas de puño y letra por Gabriel Longueville; y a  máquina. 
También hay un registro de innumerables fotos y documentos digitalizados, películas, documentales, materiales importantes que maestras y profesores de los colegios secundarios puedan trabajar en clase con los alumnos.

Díaz comentó que este centro de interpretación, que es el más grande de Latinoamérica, ya que reivindica a la Iglesia que quiso hacer realidad el Concilio Vaticano II. 

Justamente, recordó, que por “esa Iglesia comprometida con los pobres le costó la vida a cuatro obispos, dos en Centroamérica, nuestro Monseñor Angelelli en La Rioja, fue el primero, y se está investigando el caso del obispo Ponce de León en el año 77, que aparentemente también fue asesinado en condiciones similares a Angelelli”.

El coordinador valoró “la comunidad de Chamical que siempre ha estado ligada a las Comunidades de Base, con la pastoral de Angelelli, que a pesar del miedo, el terror y las amenazas en plena dictadura militar, los distintos sacerdotes que se hicieron cargo de nuestra parroquia llevaban los jóvenes al lugar del martirio”.

En sus inicios el espacio “era todo campo, luego se empezó a construir una gruta, después la ermita, costeando los primeros gastos a través de la venta de empanadas, rifas, fue un esfuerzo enorme de mucha gente”. 

Recordó que la creación del museo surgió por “la cantidad de peregrinos que visitaba Chamical cada 18 de julio por los curas asesinados, entonces no había qué mostrarles, solamente el lugar del martirio y la tumba. En esa época todavía no estaban los juicios de lesa humanidad, ni las beatificaciones”.

Se empezó con esa idea, con ayuda del fraile José Luis Gennaro (fallecido), amigo de Murias, y con el respaldo del obispo Roberto Rodríguez (2006-2013). Luego cuando llega Monseñor Marcelo Colombo (2013 y 2018), el apoyo es total, al igual que con el actual obispo monseñor Braida, y también con el padre Carlos Baigorri, párroco y rector de la Iglesia Catedral San Nicolás de Bari, agregando que actualmente se trabaja con el padre Gustavo de la Puente,  administrador parroquial.

La comunidad empezó a “traernos los objetos que atesoraba y tenía guardado, recuerdos, elementos que habían dejado otros sacerdotes, las hermanas religiosas Josefina, que estuvieron en Chamical muchos años y como se veían mayores, enfermas, confiaron en nosotros y nos dejaron elementos para el museo”.

Después se fueron sumando objetos provenientes de otras partes del país, en razón que religiosos, sacerdotes se los habían llevado consigo, los empezaron a traer y así se fue formando esta importante colección.

Cartas y pañuelos con sangre

Entre los objetos, Diaz destacó algunos que lo conmovieron, como fue  la “carta de la madre de Carlos Murias al mes del crimen de su hijo, donde le escribe a las hermanas Josefina agradeciéndoles que hayan cuidado al hijo menor de 30 años, al único hijo varón. Esa carta es conmovedora y nosotros tenemos el original”.

Otro recuerdo es “un pañuelo con la sangre de monseñor, porque su cuerpo, estuvo tirado sobre la ruta, durante 5 horas. Los militares y la policía no dejaron acercarse y se creó un charquito de sangre. Entonces, mucha gente levantó su sangre, por eso hay varios pañuelos con su sangre”.

Está el registro de “un retrato de la última cena -decimos nosotros- pero fue un almuerzo, es la última foto con vida de monseñor, que está con las hermanas Josefina en Chamical y cuatro sacerdotes, están decidiendo quién va a quedar en la parroquia después del crimen de Carlos y Gabriel. Al día siguiente Angelelli almuerza en Chamical,  y emprende viaje para la Capital, donde fue asesinado en la ruta”.