
La Canasta Básica Alimentaria superó los $707 mil en julio y acumula una suba del 37,84% en un año. Verduras y carnes aumentaron cerca del 50% interanual y algunos alimentos esenciales prácticamente duplicaron su precio. Los aumentos encuentran a hogares que ya venían golpeados: en junio, un relevamiento de Libres del Sur mostró que dos de cada tres familias habían eliminado con frecuencia al menos una comida principal por falta de recursos.
La desaceleración de la inflación comienza a reflejarse en algunos indicadores, pero todavía está lejos de significar que los alimentos sean baratos o que las familias hayan recuperado el poder adquisitivo perdido.
El relevamiento de precios realizado por Libres del Sur durante julio determinó que la Canasta Básica Alimentaria (CBA) alcanzó los $707.721,24, mientras que la Canasta Básica Total (CBT) llegó a $1.592.372,78. Ambas registraron una variación mensual del 1,63%.
Sin embargo, mirar solamente el último mes puede esconder una parte importante de la realidad: la CBA se encuentra 37,84% por encima de julio de 2025, mientras que la CBT aumentó 36,03% interanual.
Los datos que preocupan
• Comer en La Rioja ya cuesta más de $700 mil por mes
• Verduras y carnes subieron cerca del 50% en apenas un año
• La papa casi duplicó su precio en doce meses
• El aumento de los alimentos encuentra a familias que ya venían comiendo menos
• Dos de cada tres hogares eliminaron alguna comida principal por falta de recursos
Comer en La Rioja ya cuesta más de $700 mil por mes
Una familia necesitó en julio $707.721,24 solamente para cubrir la Canasta Básica Alimentaria relevada por Libres del Sur.
Para alcanzar la Canasta Básica Total, el monto trepó hasta $1.592.372,78. El dato permite dimensionar una realidad que muchas veces queda oculta detrás de la discusión sobre el porcentaje mensual de inflación: que los precios aumenten más lentamente no significa que vuelvan atrás.
Las familias deben afrontar hoy un nivel de precios construido después de meses de aumentos acumulados, mientras sus ingresos intentan recuperar el terreno perdido.
Verduras y carnes subieron cerca del 50% en apenas un año.
La verdulería registra una suba interanual del 48,49%, mientras que la carnicería acumula 47,12%. El rubro almacén, por su parte, aumentó 25,87% respecto de julio del año pasado.
Detrás del promedio general aparecen así incrementos considerablemente superiores en alimentos fundamentales para sostener una dieta variada.
La papa casi duplicó su precio en doce meses
El kilo de papa pasó de $800 a $1.575 en doce meses, lo que representa un incremento del 96,88%. La cebolla aumentó 85,71%, la pera 70%, el tomate 67,65% y la manzana 44%.
En las carnicerías ocurre algo similar: la carnaza aumentó 62,50%, el hígado 59,60%, el espinazo 56,52%, la paleta 53,56%, la nalga 48% y el asado 42,58% en comparación con julio de 2025.
Son productos concretos y presentes en la alimentación cotidiana cuyos aumentos muestran una realidad bastante más compleja que la que puede expresar un único promedio mensual.
El aumento de los alimentos encuentra a familias que ya venían comiendo menos
Los precios de julio no impactan sobre hogares que parten de cero. El relevamiento realizado por Libres del Sur a fines de junio entre 376 hogares de la ciudad de La Rioja mostró que el 51,9% no conseguía llegar a fin de mes sin endeudarse o dejar alguna obligación sin pagar. Además, el 49,8% reconoció que sus deudas ya condicionaban directamente la compra de alimentos.
Otro 65,4% manifestó haber reducido la cantidad de alimentos consumidos todos los días o varias veces por semana. Los datos permiten observar que el problema ya no se limita al precio de los alimentos: alcanza también la cantidad y la calidad de lo que llega a la mesa.
Dos de cada tres hogares eliminaron alguna comida principal por falta de recursos
Uno de los resultados que mayor repercusión produjo en el relevamiento anterior fue que el 66,3% de los hogares había eliminado completamente alguna de las cuatro comidas principales con frecuencia debido a la falta de recursos.
El desglose permite dimensionar el indicador: el 36,4% afirmó haber eliminado al menos una comida todos los días o casi todos, mientras que otro 29,9% manifestó hacerlo varias veces a la semana. Sumadas ambas respuestas conforman el 66,3%.
Además, un 13% manifestó haber eliminado alguna comida una o dos veces durante el mes y el 20,8% respondió que nunca había tenido que hacerlo.
La Rioja no es una excepción
Los resultados locales encuentran puntos de contacto con estudios recientes realizados a nivel nacional. Un informe técnico del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina, basado en una encuesta representativa de 1.171 trabajadores asalariados, mostró que el 61,1% manifestó haberse salteado comidas por motivos económicos y el 78,5% haber optado por alimentos menos nutritivos por restricciones presupuestarias.
El fenómeno adquiere características distintas, pero muestra un denominador común: frente a ingresos que resultan insuficientes, la alimentación comienza a transformarse en una de las variables de ajuste de los hogares.
El endeudamiento ofrece otra señal de alarma. Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), elaborado con datos del Banco Central hasta mayo de 2026, señaló que la irregularidad de las familias con bancos pasó del 2,5% en octubre de 2024 al 12,3% en mayo de 2026. En billeteras virtuales, la mora pasó del 7,3% al 29,6%. De 20,9 millones de deudores con bancos y billeteras, 5,8 millones se encontraban en mora.
Cuando bajar la inflación ya no alcanza
Para Libres del Sur, la desaceleración inflacionaria constituye un dato que debe reconocerse, pero no puede transformarse en el único indicador utilizado para evaluar la situación económica y social.
La pérdida acumulada del poder adquisitivo, el nivel alcanzado por los precios de los alimentos y el crecimiento del endeudamiento muestran que una parte importante de la población continúa atravesando dificultades incluso en un escenario de mayor estabilidad de precios.
Las políticas económicas impulsadas por el Gobierno nacional tienen consecuencias concretas sobre los ingresos, el consumo y las condiciones de vida. Pero frente a una situación social de esta magnitud, también resulta necesario que la Provincia, los municipios y los distintos niveles del Estado fortalezcan las respuestas destinadas a quienes enfrentan mayores dificultades.
“Que la inflación desacelere es importante, pero para una familia que ya dejó de comprar determinados alimentos, redujo las porciones o se endeudó para comer, no alcanza con que los precios aumenten más lentamente. El desafío ahora es recuperar ingresos y capacidad de compra. La economía también tiene que medirse por lo que sucede todos los días en la mesa de las familias”, afirmó Lucas de la Fuente, referente provincial de Libres del Sur.
El relevamiento vuelve así a plantear una discusión que excede los porcentajes mensuales: no solamente cuánto aumentan los precios, sino cuánto pueden comprar realmente las familias con sus ingresos.