
El video fue realizado en Patquía, departamento Independencia por chicos amateurs de la Escuela Primaria N°20 y Colegio Secundario Alberto Breyer. También, con la ayuda de profesores y músicos del pueblo. El video fue realizado en mayo del año pasado..
También es este día compartimos un artículo sobre el Himno Nacional autoría del historiador Miguel Bravo Tedín.
“Que es la vida y no la muerte lo que no tiene límites” García Marquez
Vicente López y Planes escribió los versos del que sería el Himno Nacional en plena época de crisis con ejércitos patrios venciendo o siendo repetidamente derrotados, tiempos realmente críticos, convulsos que justificarían las frases heroicas del poeta haciendo realidad la pregunta “¿por qué tenemos hambre de gloria?”. El himno de Vicente López y Planes era larguísimo y contaba los principales acontecimientos bélicos de aquellos años. Hombre serio, quizás muy serio intervendría en política hasta pasado mediados del siglo XIX ocupando importantes cargos y hasta siendo gobernador de la provincia de Buenos Aires. No era por cierto un hombre alegre y más bien como lo expresa claramente su himno serio, demasiado serio y adusto. Más serio y más adusto famoso por su mala leche fue quien le puso música al himno Blas Parera, porque siempre tenía cara de perro. Pasaron muchos años hasta que el larguísimo y fatigante himno nacional fue prolijamente achicado por el presidente Roca que hasta el presente se canta.
Veamos algunos otros himnos. La Marsellesa que también invoca la gloria a la entrega de la vida, etc, etc. fue muchas veces a lo largo de estos 200 años modificado siendo en varias oportunidades utilizado para que algunos gremios o profesiones salieran a pedir justicia cantando la música de la marsellesa pero modificando su letra. Así recordamos Radio Francia contaba la historia de las muchas veces que la Marsellesa fue utilizada para estos fines. Una la recordamos y decía así: “Allons enfant de la charcouterie” (o de los fiambres), etc, etc. incluso su música fue interpretada con todos los ritmos ante la desesperación y malestar de los más acérrimos patriotas franceses que para nada admitieron que su famoso himno sufriera modificaciones. Así la brillante y vibrante Marsellesa fue interpretada al ritmo del rock y de cuanta forma se les ocurrió a los músicos franceses.
Charly García algo de eso hizo provocando reacciones similares de los que creen que un himno puede o debe quedar absolutamente inamovible.
Además leyendo en integridad el himno de Vicente López y Planes nos encontramos con un dechado de rimas absolutamente imbancables con nombres de batallas y hechos que poco o nada nos dicen hoy.
Eran tiempos de gloria, eran tiempos de revolución y por ello la exaltación aquella de las últimas imprecaciones del himno de jurar “por tres veces, con gloria morir”.
Han pasado 200 años y no hace mucho conversando con el doctor Horacio Sanguinetti que fuera por años rector del Colegio Nacional Buenos Aires le dije que me parecía que tanta repetición de morir gloriosamente como algo ansiado para salvar a la patria podría haber sido aceptado hace 200 años en otras circunstancias y situaciones pero que no estaría mal cambiar, adecuar ligeramente el himno utilizando alguna palabra apropiada y Sanguinetti me apuntó: “no estaría nada mal que en vez del tres veces morir se cantara tres veces vivir”. Y no está mal para mi hacer esa ligera pero muy humana transformación. En realidad la patria ya no aspira a esos sacrificios sino a que vivamos y trabajemos por ella.
Hace poco tiempo nada menos que en la Francia nacionalista y guerrera una encuesta demostró que era muy escaso el porcentaje de jóvenes en edad de esgrimir armas que dijera que ellos morirían por la patria. El porcentaje no llegó ni al diez por ciento y supongo que entre nosotros la cosa sería más o menos así. En Malvinas, los argentinos que murieron lo hicieron aterrados, no eran profesionales fueron llevados con muy escasos conocimientos militares a un espantoso matadero. Invocar la muerte como algo deseado y necesario para ser patriotas me hace recordar aquel grotesco y grosero grito del general español Millán de Astray: “¡Viva la muerte!”.
En uno de sus últimos libros Eduardo Galeano trae una crónica en la que comenta las similitudes de los himnos sudamericanos y una de ellas es justamente esta invocación.
Pienso que para nada disminuiría el sentido patriótico de nuestro Himno Nacional si algún día pudiéramos cantar el “¡Oh juremos con gloria vivir!, ¡Oh juremos con gloria vivir!, ¡Oh juremos con gloria vivir!”.