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Eutanasia y la evolución del Juramento Hipocrático

El debate sobre la eutanasia en Argentina no surge en el vacío, forma parte de un largo recorrido histórico sobre cómo entendemos la vida, la muerte y, especialmente el rol de la medicina en ese tránsito.



Dra. Rippa Patricia M.P. 1291

“Del ‘no daré veneno’ de hace 2.400 años a la era de la autonomía personal” 

El debate sobre la eutanasia en Argentina no surge en el vacío, forma parte de un largo recorrido histórico sobre cómo entendemos la vida, la muerte y, especialmente el rol de la medicina en ese tránsito.

Y aunque los argumentos parecen nuevos, la discusión ética sobre el final de la vida tiene raíces antiquísimas. Para comprenderla, es imprescindible mirar hacia atrás, hacia el origen de la profesión médica y hacia la evolución del famoso Juramento Hipocrático del “primun non nocere” considerado el primer código ético médico occidental, cuyas transformaciones a lo largo de los siglos muestran que la medicina jamás fue estática, por el contrario, siempre estuvo en movimiento, siempre en revisión.

Muchas personas dedicaron su vida a este tema, y aunque no se hable lo suficiente es importante saber que, aunque la historia oficial atribuye la medicina griega solamente a figuras como Hipócrates de Cos, la primera mujer vinculada al pensamiento médico es Aspasia de Mileto, una figura femenina de enorme relevancia que como a miles de otras fueron y son invisibilizadas durante siglos, Aspasia de Mileto, compañera de Pericles, fue maestra de retórica y filosofía, es a quien le debemos los conceptos modernos de lo que significa el trato digno.

Ella es mencionada como una gran influencia intelectual en médicos, filósofos y líderes atenienses respecto de la compasión, el cuidado del otro y la toma de decisiones racionales ante el sufrimiento.

Era una figura que encarnaba la idea de que la filosofía, y con ella la medicina, debía estar al servicio de la vida humana, no de los dogmas, su mirada centrada en la capacidad del ser humano para razonar y decidir anticipaba valores que siglos después serían fundamentales en la bioética moderna como, dignidad, autonomía y libertad.

En aquel mundo donde solo los hombres podían estudiar medicina, la voz de Aspasia simboliza el cuestionamiento más antiguo a la autoridad absoluta del médico, un eco que aún hoy resuena cuando hablamos de decisiones mediante consentimiento informado o del derecho a rechazar tratamientos.

El Juramento Hipocrático, redactado en el siglo IV a.C., surgió en un contexto completamente distinto al actual, invocaba a los dioses como testigos del compromiso del médico, prohibía completamente el suicidio asistido y el aborto, y rechazaba las cirugías, que quedaban reservadas a otros oficios.

Para Galeno de Pérgamo, cuando una enfermedad era incurable, el deber no era insistir con tratamientos fútiles, sino aliviar, acompañar y respetar la dignidad del paciente, rechazando el encarnizamiento terapéutico, anticipando conceptos de la bioética actual. La medicina se entendía como un acto paternalista, el médico decidía, el paciente obedecía, la vida era sagrada no por elección individual, sino porque así lo ordenaban la tradición y los dioses y el sufrimiento era visto como parte sacralizada del destino humano, de ese modo el fundamento del juramento no era la autonomía del paciente, sino la obediencia del médico al mandato divino.

Durante la Edad Media, el Juramento Hipocrático se reinterpretó bajo la influencia del cristianismo, las universidades europeas lo adoptaron como requisito para graduarse, pero con modificaciones, se eliminaron referencias paganas y se incorporaron nociones morales cristianas.

Recién en el Renacimiento surgió una visión más científica y crítica, fue entonces cuando la medicina empezó a orientarse hacia la observación y la evidencia, los médicos comenzaron a valorar el consentimiento del paciente y aparecieron las primeras discusiones sobre el encarnizamiento terapéutico, mucho antes de que existiera ese concepto.

Las ideas de compasión organizada y respeto por el sufrimiento humano, que Aspasia había defendido de manera filosófica, empezaron a filtrarse en los códigos médicos y el verdadero quiebre llegó en los últimos siglos, cuando la medicina dejó de ser un oficio condescendiente para convertirse en una profesión atravesada por el derecho, se creó el principio del consentimiento informado, se reconoció la autonomía del paciente como un derecho fundamental, se incorporó el deber de no imponer la voluntad del médico sobre la del enfermo.

Las versiones modernas del Juramento Hipocrático, como la de la Asociación Médica Mundial, eliminaron las referencias religiosas y adoptaron principios que hoy consideramos esenciales como el respeto absoluto por la dignidad humana por encima de cualquier dogma, confidencialidad y trato justo, prohibición de discriminación, prohibición de hacer daño y respeto por la decisión del paciente, esta última es clave, negar el derecho a decidir, incluso sobre el final de la vida, es infringir el juramento en su versión moderna.

El juramento hoy determina que proteger la dignidad es proteger la libertad, quienes se oponen a la eutanasia recurren al “no hacer daño”, pero prolongar el sufrimiento extremo y sin sentido también es hacer daño.

Las versiones actuales del Juramento Hipocrático establecen que los médicos deben respetar la autonomía, los valores, las creencias y la dignidad del paciente, su rol no es decidir quién merece o no la eutanasia, es garantizar que el proceso, si existiere una ley, se cumpla de manera ética, informada y segura.

Este debate ya empezó hace más de 2.400 años, la discusión sobre la eutanasia no contradice la historia de la medicina, sino que la continúa, Hipócrates marcó un camino que llegó fue corregido por la ciencia, la ética y los derechos humanos y el Aspasia inauguró el pensamiento crítico y compasivo.

El juramento evolucionó tantas veces como evolucionó nuestra comprensión del sufrimiento, como dijo Stephen Hawking: “La inteligencia es la habilidad de adaptarse a los cambios”. y la buena medicina, siempre se adapta para aliviar el dolor humano.

Citar el Juramento Hipocrático para frenar el debate es una estrategia tan frecuente como intelectualmente deshonesta, la ética médica nunca fue un fósil, siempre fue un organismo vivo.