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"El parto es un acto de poder, no un acto de sumisión"

La violencia obstétrica ha sido, a lo largo del tiempo, una de las formas de disciplinar a las mujeres, algo tan viejo que inclusive, se menciona en el antiguo testamento, “En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos”.



Dra. Patricia Rippa M.P. 1291

Es habitual que el equipo de salud tenga expresiones que culpabilizan a las parturientas, desde una posición paternalista y abusiva, tal como “pórtate bien que le haces mal al bebé”. Del mismo modo, son frecuentes las maniobras físicas cruentas en forma indirecta, como la imposición de posición ginecológica, que ofrece comodidad a profesionales y no a pacientes, o directa, como la maniobra de Kristeller u otras realizadas por medio de instrumentos, tales como episiotomías, fórceps, algunas aún vigentes en la praxis médica actual.

Todo esto forma parte de una modalidad que ubica a la mujer en el lugar reproductivo que le ha adjudicado la historia, sucediendo en circunstancias particulares, dentro de un marco habilitante, de invisibilizaciones y vulneraciones que se sostienen naturalmente como costumbres y modales sanitarios,  difíciles de prevenir, sancionar y erradicar, porque son consideradas normales y necesarias por quienes conforman el equipo de salud, que en algún momento ha decidido “la patologización de lo natural: volviéndose parte del saber médico,  denominándolo “ proceso” y que siempre está basado en una relación de desigualdad de poder entre medico/a y paciente.

La violencia obstétrica es violencia de género, sucede durante el periodo de embarazo de las personas gestantes, es ejercida por los profesionales de la salud, que cometen actos aberrantes en los cuerpos y las psiquis de quienes se encuentran en esa situación, es una violación invisible e institucional, una rutinaria cadena de intervenciones que se encuentra cultural y socialmente legitimada.

Es importante conocer los roles sociales, culturales y económicos de las relaciones de género en el sistema de salud para poder visibilizar y, en consecuencia, alertar  situaciones relativas en el sector médico y las múltiples desigualdades sociales “naturalizadas” que atraviesan  pacientes desde su posición, en circunstancias de embarazo, ante una persona que aparece como la que sabe del tema y que a la vez, presenta dominio sobre sus cuerpos; la intimidación que puede ejercer esa supuesta superioridad desde el conocimiento y la manera de actuar.

Esta modalidad de violencia es transversal a todas las personas gestantes, ya sea en el sistema sanitario privado o en el público.
En Argentina, la Ley 26.485 de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales, contempla en su artículo 6, inciso e, la violencia obstétrica: “aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres y otras personas gestantes expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, de conformidad con la Ley 25.929 de parto humanizado y respetado, que propone los derechos de padres e hijos durante el proceso de parto. 

UNICEF, en sus directrices, promueve un nacimiento libre de violencia obstétrica, priorizando las necesidades emocionales y respetando los tiempos biológicos por encima de la medicalización innecesaria.
El informe sobre violencia obstétrica realizado por la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de Violencia de Género (2022) detalla que entre los años 2017 y 2021 ha recibido 268 denuncias, teniendo en cuenta que la mayoría no detecta el acto de violencia, y si logra identificarlo, no denuncia el hecho.

En la provincia de La Rioja, el Consultorio de Profesionales de la Salud con Perspectiva de Género, ha realizado un trabajo a través de las redes sociales, con el fin de obtener datos sobre violencia obstétrica, detectando que 9 de cada 10 personas gestantes sufrieron algún tipo de vulneración durante sus partos: al 43,7% no se les permitió tener acompañamiento en el proceso de parto (sea vía vaginal o cesárea),la edad de la persona gestante profundiza la violencia que ejerce el personal de salud; un 10% fueron discriminadas durante el parto, ya que al 70% les llamaron con sobrenombres, un 41% recibió burlas, al 55% le hicieron sentir que ponía en peligro a su hija/o y el 27% fue amenazada (ID Salud Integral, 2024).

Por su parte, el Juzgado de Instrucción de Violencia de Género y Protección Integral de Menores N° 2 de la Primera Circunscripción Judicial de la Provincia de La Rioja, lleva adelante un proceso judicial por violencia obstétrica y obstaculización de una ILE ejercida sobre una menor de 14 años de edad abusada por su padrastro. La jueza a cargo sostiene que esta modalidad de violencia no se suele denunciar porque considera que, al estar tan naturalizada, las personas no la identifican como violencia de género (G. Flamini, comunicación personal, 13 de junio 2024).
En Argentina, los acuerdos políticos, propulsan restricciones de presupuesto para políticas públicas, cerrando o modificando los programas de promoción de derechos sexuales y prevención de embarazo no intencional adolescente, los que habían reducido el índice de embarazos un 50% en los últimos años (Carbajal, 2024). Para el Estado y en estas circunstancias las mujeres, “parecen destinadas exclusivamente a dar a luz y amamantar a los hijos.

Uno de los principios de estos tiempos, es la conversión de los derechos sociales en servicios, entre los que se encuentra la salud, lo que trae pobreza y menor acceso a políticas públicas ya reducidas, que afectan en mayor medida a las mujeres.

Es un tema muy sensible y no puedo dejar de imaginar miradas humanizantes y críticas, avizorando un objetivo que apoye la acción colectiva, una praxis transformadora del mundo que genere alternativas para construir sociedades más justas, libres e igualitarias”.

Es necesario repensar en clave feminista las relaciones dentro del universo médico, inclusive desde los albores de tal vocación y posterior formación profesional, y poder introducir en la currícula académica, la lupa de género con el fin de “hacer ver” lo que aún no se ve.

Ya no es suficiente analizar el mundo, describirlo, entenderlo, sino que, es necesario transformarlo, con todas las herramientas que estén a nuestro alcance, inclusive el ciberactivismo, con acciones de la sociedad civil, entre todas y todos, en fin, defender lo logrado y de este modo y cada quien desde un lugar posible tener la capacidad de:
Me resulta muy atractiva la propuesta de CEPAL (2016), que plantea reconocer el carácter universal, indivisible, interdependiente e inalienable de los derechos humanos de las mujeres, por lo que propone adoptar medidas integrales para su aplicación, entre las que destaca la introducción de la noción de una cultura de respeto, que se refleje en programas como la educación con perspectiva de género en todos los niveles de la enseñanza.

Y como siempre lo hacemos, con cada causa que nos convoca, marchando hacia una sociedad más justa, los feminismos estaremos también desde la “marea roja” por el derecho a un parto humanizado.

“Parir con voz, parir con orgullo” ONU Mujeres (2026)