
Mientras el Gobierno nacional celebra la recuperación de la economía y destaca un crecimiento del 2,3% del Producto Bruto Interno (PBI) durante el primer trimestre de 2026, en La Rioja la realidad parece contar una historia diferente. Para miles de familias, la supuesta recuperación todavía no llegó al supermercado.
Los números son contundentes. En junio de 2026, la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que determina el ingreso mínimo para no caer en la indigencia, alcanzó los $696.385,85, mientras que la Canasta Básica Total (CBT), que marca la línea de pobreza, trepó hasta $1.566.868,16. En apenas un año, la CBA aumentó 36,76% y la CBT 34,96%, confirmando que el costo de vivir continúa escalando por encima de las posibilidades de miles de hogares riojanos.
La situación se agrava aún más en un contexto donde cierran entre 30 y 31 empresas por día en la Argentina, mientras la apertura de nuevos emprendimientos no alcanza para compensar la pérdida del entramado productivo. Menos empresas significan menos empleo, menos ingresos y un consumo cada vez más deprimido.
El golpe más duro vuelve a sentirse en la carnicería. Ese rubro registró un incremento anual del 48,41%, pero algunos cortes muestran aumentos que parecen no tener techo. Comer carne dejó de ser una costumbre cotidiana para convertirse en un lujo para muchas familias.
Pero el problema no termina allí. Productos básicos como el café, el aceite, los lácteos, las frutas, las verduras y otros alimentos esenciales también registran fuertes incrementos, consolidando una canasta que no deja de encarecerse.
La gran pregunta es inevitable: ¿de qué sirve que el PBI crezca si cada vez cuesta más poner un plato de comida sobre la mesa? Los indicadores macroeconómicos pueden mostrar señales de recuperación, pero para miles de riojanos la economía sigue midiéndose en la caja del supermercado, donde el salario pierde la carrera frente a los precios.
La brecha entre los números oficiales y la realidad cotidiana vuelve a instalar un debate de fondo: una economía que crece no necesariamente mejora la calidad de vida de quienes todos los días luchan para llegar a fin de mes. Y en La Rioja, los valores de la canasta alimentaria demuestran que esa recuperación todavía está muy lejos de sentirse en los hogares.
Mientras los indicadores macroeconómicos celebran la recuperación, en miles de hogares la economía sigue teniendo una única medida: cuánto alcanza para llenar la heladera.