
Entre los Beatos Mártires Riojanos hay un hombre que nunca vistió hábitos religiosos ni ocupó cargos eclesiásticos. Trabajaba la tierra, sostenía a su familia con el esfuerzo diario y participaba activamente en la vida de su comunidad. Su nombre era Wenceslao Pedernera y su historia recuerda que la santidad también puede vivirse en la sencillez del hogar, del trabajo y del compromiso con los demás.
Había nacido el 28 de septiembre de 1936 en San Luis. Desde joven conoció el esfuerzo del trabajo rural y más tarde se radicó junto a su familia en Sañogasta, donde encontró el lugar para construir su proyecto de vida.
Se casó con Marta Ramona Cornejo y juntos formaron una familia con tres hijas, que ocupó siempre el centro de su vida.
Además de trabajar como agricultor, integró el Movimiento Rural de Acción Católica, un espacio desde el cual numerosos campesinos buscaban mejorar sus condiciones de vida, fortalecer la organización comunitaria y promover la solidaridad entre las familias rurales.
Para Wenceslao, la fe no terminaba al salir de la iglesia.
Se expresaba en el trabajo compartido, en la ayuda mutua, en la educación de los hijos y en la construcción de una comunidad más justa.
Quienes lo conocieron lo recuerdan como un hombre sencillo, trabajador, respetuoso y siempre dispuesto a colaborar con los vecinos.
Su compromiso social y eclesial se desarrolló en plena sintonía con la pastoral impulsada por monseñor Angelelli, que alentaba una participación activa de los laicos en la transformación de la realidad.
En los meses posteriores al golpe militar, esa forma de organización comunitaria comenzó a ser vista con desconfianza por los sectores represivos.
La noche del 25 de julio de 1976 un grupo armado llegó hasta su vivienda en Sañogasta.
Delante de su esposa y de sus tres hijas recibió varios disparos.
Murió dos días más tarde, el 27 de julio.
Según el testimonio de quienes lo acompañaron en sus últimas horas, sus palabras estuvieron marcadas por el perdón hacia quienes lo habían atacado, en un gesto profundamente cristiano que quedó grabado en la memoria de su familia y de la comunidad.
Con su beatificación en 2019, Wenceslao Pedernera se convirtió en uno de los pocos laicos argentinos reconocidos oficialmente como mártires por la Iglesia Católica.
Su vida demuestra que el compromiso con el Evangelio no pertenece únicamente a sacerdotes o religiosos. También puede florecer en un padre de familia que, desde el trabajo cotidiano y el amor por los suyos, decide vivir con coherencia los valores de la solidaridad, la justicia y la fraternidad.
A cincuenta años de su martirio, su testimonio continúa recordando que la transformación de una sociedad comienza muchas veces en los gestos más simples: el trabajo honesto, el servicio al prójimo y la decisión de no abandonar nunca las propias convicciones.