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"Esperamos del Papa una clara defensa de la justicia social"

El documento final del encuentro nacional en La Rioja, duro con el gobierno de Milei, refleja preocupación por la situación de los barrios más humildes y expectativas por la visita del sumo pontífice.



Como cada año desde su conformación como grupo a mediados de los ochenta, los Curas en Opción Preferencial por los Pobres (OPP) de todo el país, con presencia mayoritaria del conurbano, tuvieron su encuentro nacional.

Esta vez la cita fue en Sañogasta, provincia de La Rioja, donde Wenceslao Pedernera fue asesinado en 1976 por la dictadura cívico militar. Allí, los OPP le rindieron homenaje a este catecista, militante católico, trabajador y padre de tres hijas, muy cercano al obispo Enrique Angelelli, también asesinado ese mismo año. Completan la lista de mártires riojanos, Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, sacerdotes secuestrados y asesinados en julio de 1976 por su labor pastoral junto a los más humildes.

Allí, en su trigésimo séptimo encuentro anual, se reunieron, del 31 de agosto al 3 de septiembre, veintiocho curas procedentes de distintas provincias. Junto a ellos estuvo Delfor “Pocho” Brizuela, un histórico militante de derechos humanos de La Rioja, hoy a cargo de la secretaría de Derechos Humanos provincial.

Brizuela expuso acerca de la situación, tanto de la causa judicial que investiga el crimen de Angelelli y sus compañeros de martirio, como de su proceso de beatificación en el vaticano.

“Fue un encuentro con mucha oración, espiritualidad y profetismo en defensa de la justicia y la construcción de una sociedad más justa”, le dijo a Buenos Aires/12 el padre Néstor “Nepi” Cruz García.

“Nepi”, que participa de los OPP desde sus orígenes, cumple su misión pastoral en la parroquia de la Virgen del Carmen, dependiente de la arquidiócesis de San Isidro, muy cerca del cementerio de Olivos, en un barrio popular conocido como “La Loma”. También es escritor: publicó recientemente el primer tomo de la historia del grupo, que abarca desde sus inicios en 1986 hasta fines del siglo pasado.

Tras varios días de debate, los participantes elaboraron un documento, que describe con crudeza tanto la situación que atraviesa el país en general y los sectores populares y los barrios que ellos mismos habitan en particular y las responsabilidades sobre las decisiones que llevaron a esta realidad.

Sin embargo, el párrafo de mayor relevancia política de ese documento es probablemente el último. “En poco tiempo más nos visitará el Papa León XIV. Y frente a esta visita nos parece importante señalar que esperamos ser testigos de un encuentro con los pobres, víctimas de este modelo económico. Esperamos que el Papa, repitiendo lo que ha dicho en su reciente encíclica, haga una clara defensa de la justicia social y una profética crítica a este modelo que mata. Como cristianos esperamos que muestre el abrazo compasivo a los pobres y la denuncia indubitable a los causantes de la muerte”.

 

La visita del Papa, uno de los temas principales

La visita de León fue uno de los temas. Inicialmente generaba cierta controversia, que se fue diluyendo a medida que se fueron conociendo detalles de su agenda, como la decisión de visitar el Cottolengo de Don Orione en Claypole.

Se trata de un lugar histórico y muy representativo para el sector de discapacidad. Allí habitan de manera permanente adultos con distintos diagnósticos, cuyas familias no pueden albergarlos.

El incumplimiento del gobierno de su obligación legal de financiarlos los arroja a una situación dramática. La visita del papa es entendida como un gesto más que potente, al estilo de los que solía realizar su antecesor, Francisco.

 

Al pan, pan y al vino, vino

Los documentos que publican y difunden los curas OPP suelen dejar escaso margen para la metáfora o la interpretación ambigua. Este último mantiene esa misma línea, a la que últimamente parecen adscribir también el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, y la propia Conferencia Episcopal Argentina.

“La situación social es hoy más grave que nunca en nuestras comunidades barriales y campesinas. La desocupación, la pobreza, que sólo ha disminuido en los discursos oficiales, y la desesperanza, son verdaderamente preocupantes”, afirman allí.

“La pobreza suma hoy nuevos rostros y nuevas formas a las tradicionales: el crecimiento del trabajo informal (a la vez que se derrumba el trabajo estable y digno), los endeudamientos en los barrios, especialmente aquellos realizados en un contexto de violencia e ilegalidad, el aumento atroz de los suicidios, especialmente entre jóvenes, son síntomas de una sociedad que se encuentra sin un horizonte cierto de esperanza”, agregan en otro fragmento destacado.

En esa misma línea, semanas atrás, otro miembro del Grupo OPP, Paco Olveira, en declaraciones radiales, manifestó que “es verdad que Milei sacó a quince millones de personas de la pobreza. Lo que no dice es que los mandó a la indigencia”.

A su vez, es el primer documento público en conectar abiertamente dos variables en ascenso: el endeudamiento y la morosidad, por un lado, y el aumento de los suicidios, especialmente entre los más jóvenes.

El texto también cuestiona el método de construcción y construcción del actual oficialismo nacional, con un espíritu que recuerda a la encíclica Fratelli Tutti, publicada por Francisco en plena pandemia. Allí, el pontífice repudiaba la clase de intercambios que permiten y promueven las redes sociales, a las que calificó de coprofagia: “A esto ha de añadirse el uso sistemático de la mentira como arma política, multiplicada casi al infinito por trolls, bots y unos algoritmos bien direccionados en favor de los de siempre. Repudiamos la evidente injerencia del imperio y sus voceros comportándose impúdicamente como patrones y señores diciendo qué podemos y qué no podemos hacer, comprar y vender”.

 

Líneas

Mientras los curas villeros tienen, desde el pontificado de Francisco, una línea directa con el Vaticano, y su misión es la de acompañar a los pobres y vivir con y como ellos, los OPP son más abiertamente políticos y más difíciles de encuadrar para la jerarquía eclesiástica.

Todos ellos son, sin embargo, herederos del Concilio Vaticano Segundo y del Movimiento de Sacerdotes Tercermundistas, que en Argentina encarnó como máxima referencia Carlos Mugica.

Entre estos, a su vez, se dio durante décadas un profundo debate ideológico, entre las posiciones más cercanas a la teología de la liberación, con raíces en la izquierda, y la teología de la cultura o teología del pueblo, más consustanciada con el peronismo.