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19/05/17

Video: Tiene 100 años y juega al tenis tres veces por semana

Artyn Elmayan parece haberlo logrado "sin mucho esfuerzo". Tres veces por semana viaja en tren desde San Isidro hasta River, donde entrena. Las claves de su eterna juventud.


"No soy ningún fenómeno", dice mientras saca la raqueta para jugar sobre la tierra batida. Sabe que no es cierto: sobrevivió al genocidio armenio, reinventó su vida en Argentina y a los 100 años juega tenis tres veces por semana con una salud de hierro.
 
Mientras la ciencia sigue buscando cómo prolongar la vida en salud, Artyn Elmayan parece haberlo logrado "sin mucho esfuerzo". Sobre su arte del buen vivir, enumera: "No tengo secretos, poca mala sangre, tomar las cosas como vienen y ayudar, porque hace bien al espíritu".
 
Artyn no toma medicamentos, se mueve sin anteojos y tiene un equilibrio envidiable en el "court". Padece, sí, algo de artrosis que combate "con indiferencia" y elongación. "El motor está bien, me fallan un poquito los cables eléctricos pero tengo lo principal", afirma con una sonrisa mientras recuerda sus inicios en el tenis a los 39 años.
 
Ganó 27 copas en las categorías Seniors, la última hace una década atrás cuando dejó de competir en la +90 por falta de contrincantes. Su "sparring" es Luis, un "pibe de 79 años", que esta vez faltó al encuentro porque se enfermó. "No juego dobles porque me aburre, yo quiero estar siempre en el juego", dice Artyn. El año pasado cumplió el sueño de conocer a Guillermo Vilas. "Vino a mi cumpleaños, es mi favorito, lo seguía a muerte", cuenta.
 
Tres veces a la semana aborda el tren desde su casa en San Isidro hasta el club River Plate sin más compañía que su raqueta. "Vengo solo, son siete estaciones", narra encogiendo los hombros para darle aires de normalidad. Cualquiera que lo ve piensa que a Artyn le sobran unos 20 años. El que lo escucha le saca 10 más.
 
Lee "filosofía y cosas científicas, porque son útiles" y mantiene con fluidez los cinco idiomas que aprendió a fuerza de emigrar de Armenia a Líbano y Siria, antes de recalar en Buenos Aires a los 21 años. ¿Dieta? Todo lo que le gusta pero "con moderación". Aunque se pierde por los lehmeyun, bocadillo típico de su Armenia natal.
 
Detrás de este hombrecillo gentil, delgado y encogido por la edad, hay un hombre vital que cumplió en abril pasado un siglo de vida y va por más, lleno de proyectos. "Si tengo 100 en forma normal, llegar a 111 es cantado", afirma.