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30/05/20

El Cordobazo en base a testimonios de Agustín Tosco

“Siempre es necesario encontrar las coincidencias para la acción y para la lucha en base a la unidad. Con ello lograremos los triunfos que anhelamos, como lo enseña la historia del movimiento obrero”. (Agustín Tosco).



Por expresos políticos de la provincia
“Escribo estas palabras sin pretender hacer una visión totalmente objetiva pero si una interpretación personal sobre la base de la militancia sindical y de las posiciones adoptadas por el Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, la Regional Córdoba de la CGT, el conjunto de gremios encabezado por SMATA y el permanente contacto con las agrupaciones estudiantiles, tanto de la Universidad Nacional como de la Universidad Católica, con los Sacerdotes del Tercer Mundo y distintas personas de los grupos profesionales y políticos”.
“Modestamente contribuyo a la reafirmación de las reivindicaciones que desencadenaron los acontecimientos, fundamentales para las clases populares, del 29 y 30 de mayo de 1969, en la ciudad de Córdoba, conocido como El Cordobazo”. 
 
¿Qué fue el Cordobazo?
“El Cordobazo fue la expresión militante de más alto nivel cualitativo y cuantitativo de la toma de conciencia de un pueblo en relación a que se encontraba oprimido. Pueblo que quiso liberarse para construir una vida mejor, porque sabía que podía vivirla y se lo impedían los que especulaban y se beneficiaban con su postergación y frustración diaria”. 
 
¿Por qué en Córdoba?
“Grandes luchas previas al Cordobazo se sumaron a las planteadas posteriormente, obedeciendo a una toma de conciencia de la necesidad de liberación del pueblo cordobés. Córdoba jamás creyó en los planes de modernización y de transformación que prometió Onganía, Martínez Paz, Salimey, Ferrer Deheza, Borda, Krieger Vasena y Caballero”.
“La reivindicación de los derechos humanos encontró en la juventud y en los sindicatos una gran receptividad. Si hay receptividad es que hay comprensión, y la comprensión deriva en entusiasmo, en fe y en disposición al trabajo, al esfuerzo e incluso al sacrificio para consumar los ideales que ya tienen vigencia en el ámbito universal”. 
 
Antecedentes
En agosto de 1966, el Sindicato de Luz y Fuerza emitió una Solicitada titulada “Signos negativos”, primera posición sindical en Córdoba contra la serie de medidas de corte represivo que implantó la dictadura. Este hecho, de amplia repercusión nacional, inauguró la ofensiva contra la política de Onganía y su equipo. 
La muerte de Santiago Pampillón a manos del aparato represivo, puso en evidencia la histórica resistencia estudiantil.
Luchas y manifestaciones de protesta de todas las agrupaciones, las huelgas de hambre y el paro de una hora del movimiento obrero cordobés en solidaridad con los compañeros universitarios. 
Ascendía el espíritu de lucha de las bases sindicales y estudiantiles contra el régimen, mientras los jerarcas del sindicalismo nacional iban justificando en actitudes su posterior proclamación a todos los vientos de la “filosofía participacionista”.
Tanto como la represión crecía también la resistencia aumentaba. Manifestaciones espontáneas rebelaban maneras de repudiar al régimen y sus cómplices. 
En enero de 1967 el Sindicato de Portuarios fue avasallado, despedazado su convenio colectivo de trabajo, con despidos de dirigentes y militantes. 
En febrero de 1967 la CGT y los gremios confederados de Córdoba se movilizaron masivamente. 
El 1 de marzo del mismo año, dentro de un plan de lucha nacional, se realizó un Paro Nacional con grandes manifestaciones obreras, en una de las cuales detuvieron a Agustín Tosco y a varios compañeros de su sindicato. 
La desastrosa conducción de la CGT Nacional produjo un notorio vacío y zanjó más aún las diferencias entre las bases sindicales y dirigentes vinculados a ella y a la CGT Azopardo. 
Mientras tanto, en Tucumán se recrudecía el ataque a los derechos de los trabajadores y las bases demandaban un Plan de Acción. 
En octubre de ese año, la delegación de Córdoba en el Congreso de la Federación de Luz y Fuerza reclamaba un Plan de Acción y denunciaba los hechos más alarmantes que sucedían. 
A nivel nacional los dirigentes participacionistas centraron su accionar exclusivamente a normalizar la CGT. 
El plan económico del gobierno se asentó en el más ortodoxo y crudo liberalismo, en la vigencia de un libre empresismo a ultranza que supuestamente provocaría la estabilidad y la multiplicación de los bienes económicos del país. Sin embargo ese esquema no hizo más que integrar a Argentina a la crisis del sistema capitalista monopolista, que actúa desde las grandes metrópolis, especialmente la norteamericana.
El plan de gobierno era contrario al desarrollo, atentaba contra el nivel de vida de la población, servía a los grupos de reacción y del privilegio, comprometía el porvenir del país y lesionaba la soberanía nacional. 
Además, aumentó la desocupación, se congelaron los salarios, se intervinieron los sindicatos y universidades. Se aumentó la edad para jubilarse, se disolvieron los centros de estudiantes y se violaba la correspondencia. 
En Córdoba, la CGT local declaró persona no grata al presidente Onganía, mientras que los dirigentes nacionales cada vez estaban más de acuerdo con el poder de facto.
En el Congreso realizado el 28, 29 7 30 de marzo se proclamó la lucha contra la dictadura y el desconocimiento a todos los jerarcas del participacionismo. De allí surgió la CGT de todos los Argentinos, encabezada por Raimundo Ongaro.
El 1 de mayo, la conmemoración por el día del trabajador convocó a más de cinco mil personas. 
El segundo aniversario de la dictadura fue repudiado y las consecuencias fueron una gran represión y 322 presos entre los manifestantes. 
En septiembre de 1968, la CGT y el Frente Estudiantil en Lucha, programó una semana de protesta en recordación de los Mártires Populares, coincidiendo con el aniversaio de la muerte de Pampillón, que fue violentamente reprimida y con detenidos. Calló baleado el estudiante Aravena.
La Federación de Luz y Fuerza suspendió al sindicato por estar adherido a la CGT de los Argentinos. 
 
1969: el año
Hilda Guerrero de Molina, mártir obrera de Tucumán, engrosaba las filas de quienes habían caído defendiendo sus ideales enfrentando al régimen de Onganá.
El 21 de marzo la CGT de los Argentinos emitió un documento denominado Declaración de Córdoba, donde se reseñaban los problemas principales de orden local y nacional, y en función de la toma de conciencia del pueblo cordobés, sobre la validez de sus derechos, se encuadró la heroica reacción popular del Cordobazo. Al final del documento se exhortaba a la unidad, a la acción común reivindicativa, de todas las organizaciones sindicales para la persecución de la lucha en defensa de los derechos.
Córdoba se había convertido en la experiencia piloto del “Régimen comunitario” en manos del gobernador Caballero y el dictador Onganía lo visitó para avalarlo.
 
Estalló la caldera
Los trabajadores metalúrgicos del transporte y otros gremios declararon Paro para los días 15 y 16 de mayo en razón de las quitas zonales y el no reconocimiento de la antigüedad por transferencia de empresas, respectivamente.
El 14 de mayo los obreros mecánicos realizaron una asamblea y a la salida fueron reprimidos, convirtiéndose en una batalla campal en el centro de la ciudad.
Los atropellos, la opresión, el desconocimiento de un sin número de derechos, la vergüenza de todos los actos del gobierno, los problemas del estudiantado y de los centros vecinales se sumaron. EL 16 de mayo se paralizó totalmente la ciudad. Nadie trabajó, todos protestaron, el Gobierno reprimió.
En otros lugares del país estallaron conflictos estudiantiles por las privatizaciones de los comedores universitarios.
En Corrientes fue asesinado el estudiante Juan José Cabral lo que repercutió intensamente en Córdoba, disponiéndose el cierre de la Universidad. Las agrupaciones estudiantiles protestaron y prepararon actos y manifestaciones, trabajando de común acuerdo con la CGT.
El 18 de mayo fue asesinado en Rosario el estudiante Adolfo Ramón Bello. La CGT junto con los estudiantes y Sacerdotes del Tercer Mundo realizaron una marcha de silencio en homenaje a los caídos.
El 20 de mayo Agustin Tosco fue detenido e incomunicado en el departamento de policía por "averiguación de antecedentes", recuperando su libertad al día siguiente.
El 21 de mayo se concreto un Paro General de Estudiantes apoyados mediante comunicados del movimiento obrero. En Rosario cayó asesinado el estudiante y aprendiz de metalúrgico Norberto Blanco.
En ese momento se instaló la figura del Consejo de Guerra.
El 22 de mayo los estudiantes de la Universidad Católica se declararon en estado de Asamblea y fueron apoyados por el resto del movimiento estudiantil.
El 23 de mayo fue ocupado el Barrio Clínicas por los estudiantes. Fue gravemente herido por la policía el alumno Héctor Crusta. Se produjeron fogatas y choques. La policía fue contundente y los choques fueron cada vez más graves.
El 25 de mayo Ongaro habló en la Universidad Católica de Córdoba haciendo una severa crítica y condena a los sangrientos atropellos de la policía y de los arbitrarios procedimientos del Consejo de Guerra en Rosario.
El 26 de mayo el Movimiento Obrero de Córdoba por medio de dos Plenarios realizados, resolvió un Paro General de actividades de 37 horas a partir de las 11 del 29 de mayo, con abandono de trabajo y concentraciones públicas de protesta. Los estudiantes adhirieron en un todo a las resoluciones de ambas CGT.
La indignación fue pública, notoria y elocuente en todos los estratos de la población. No hubo espontaneísmo, ni improvisación, ni grupos extraños a las resoluciones adoptadas. Los sindicatos organizaron y los estudiantes también. Se fijaron los lugares de concentración y el desarrollo de las marchas. La gran concentración se llevó adelante frente al local de la CGT, Calle Vélez Sarsfield 137.
Millares y millares de volantes reclamando la vigencia de los derechos conculcados inundaron la ciudad en los días previos. Se sucedieron las asambleas de los sindicatos y de los estudiantes que apoyaban el paro y la protesta.
El dia 29 de mayo amaneció tenso. Algunos sindicatos comenzaron a abandonar las fábricas antes de las 11 horas, mientras el gobierno ordenó que el transporte abandone el casco céntrico. Los trabajadores de Luz y Fuerza de la Administración Central pretendieron organizar un acto a la altura de Rioja y General Paz y fueron atacados con bombas de gases.
Las columnas de los obreros de las fábricas de la industria automotriz fueron llegando a la ciudad y fueron atacadas con el fin de dispersarlas. El comercio cerró sus puertas y las calles se iban llenando de gente.
Corrió la noticia de la muerte del compañero Máximo Mena del sindicato de Mecánicos. Se produjo un estallido popular, la rebeldía contra tantas injusticias, contra los asesinos, contra los atropellos. La policía retrocedió, nadie controlaba la situación. 
Fue el pueblo, fueron las bases sindicales y estudiantiles que luchaban enardecidas. Todos ayudaron. El apoyo total de toda la población se dio en el centro como en los barrios. Fue la toma de conciencia de todos evidenciándose en la calle, contra tantas prohibiciones que se plantearon. Nada de tutelas, ni de los usurpadores del poder, ni de los cómplices participacionistas.
 
Saldo de la batalla
El Cordobazo fue trágico. Decenas de muertos, cientos de heridos. Pero la dignidad y el coraje de un pueblo florecen y marcan una página en la historia argentina y latinoamericana que no se borrará jamás. 
En las fogatas callejeras arde el entreguismo, con la luz, el calor y la fuerza del trabajo y de la juventud, de jóvenes y de viejos, de hombres y mujeres. Ese fuego, que es del espíritu, de los principios, de las grandes aspiraciones populares ya no se apagará jamás.
En medio de esa lucha por la justicia, la libertad y el imperio de la voluntad soberana del pueblo, partimos esposados a bordo de un avión con las injustas cadenas sobre nuestras espaldas. Años de prisión que se convierten en poco menos de siete meses, por la continuidad de esa acción que libró nuestro pueblo, especialmente Córdoba, y que nos rescata de las lejanas cárceles del Sur, para que todos juntos, trabajadores, estudiantes, hombres de todas las ideologías, de todas las religiones, con nuestras diferencias lógicas, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino su compañero y su hermano.