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16/11/21

“Negucho” Córdoba: “Si tuviera que volver a nacer elegiría el mismo camino”

Eduardo Córdoba, más conocido como “Negucho” Córdoba falleció en la jornada de este martes y fue uno de los socios fundadores de la cooperativa, Copegraf Ltda., y a través de una extensa entrevista en el marco de los 50 años de la misma, relató su vivencia desde que ingresó al diario con sus 13 años de edad hasta que llegó a ser presidente de esta organización de medios.



Eduardo Córdoba tiene mucho para aportar en la historia de Copegraf Ltda. De ser cadete, con 13 años, pasó -años después- a ser presidente de la cooperativa por varios periodos, previo a haber desempeñado otras funciones como linotipista. 
 
“Yo ingresé el 18 de agosto de 1962, cuando tenía 13 años. Después de un año de prueba me pasaron a los libros, el Registro Único de la Dirección de Trabajo, donde figuraba como cadete y ahí empieza mi historia dentro del diario con 14 años”, comenzó su relató “Negucho” Córdoba.
 
“Pasé por todas las áreas, comencé como cadete, fui doblador, y linotipista. Llegué a ser jefe de la sección de Linotipo y después comencé a incursionar en el Consejo de Administración. Fui consejero, y tesorero hasta llegar a ser presidente de la cooperativa”, contó con orgullo. 
 
Destacando que nada se consigue sin sacrificio, el asociado recordó que hubo épocas en las que trabajaban 25 días de corrido con 5 días de descanso. “Si durante esos 5 días se enfermaba alguien te cortaban el franco. Teníamos turnos de 11 a 15 y de 19 a 4 de la madrugada, si es que no había algún inconciente técnico”, aportó.
 
“Cuando se cortaba la luz en los años 60 teníamos que esperar hasta que vuelva y hacer tiempo hasta que se caliente el plomo para poder sacar el diario. Volvíamos a las 7 de la mañana a nuestra casa; no nos retirábamos de la cooperativa hasta no tener listo el diario, y si teníamos que dormir en el suelo dentro del taller, hasta que vuelva la luz, lo hacíamos”, relató. 
 
A ese sacrificio también se suman los efectos insalubres por las condiciones laborales de aquel entonces. “Las consecuencias de salud por trabajar con el plomo, la tinta o el polvillo que despide el papel son graves. Además era normal trabajar en pleno verano sin ventilador en espacios sumamente reducidos”, advirtió Córdoba. 
 
“Siempre las cooperativas nacen por necesidad y nosotros nacimos por necesidad. Todas han surgido porque una empresa quebró, se fundió. En el caso nuestro, la cooperativa surge porque ya teníamos problemas económicos y políticos por nuestra posición editorial, porque éramos realmente muy críticos”, recordó.
 
Lejos de los años de bonanza, que vendrán más adelante, “Negucho” también trajo a colación que llegaron a estar cuatro o cinco meses sin cobrar y recibiendo vales para subsistir día a día. “El primer día que formamos la cooperativa… no teníamos dónde sentarnos así que usábamos como asiento los tarros de aceite de la máquina impresora. Nadie nos daba un crédito”, resaltó.   
 
“Muchos de los que nos quedamos no teníamos posibilidad de conseguir otro trabajo, porque ese era nuestro oficio. Así que nos quedamos y le pusimos el pecho”, resaltó.
 
Cerrando esta etapa explicó que cuando ingresaron a Copegraf les descontaban un aporte de capital para la cooperativa. “Los Paoletti no eran los únicos dueños y los demás dueños no quisieron donar los bienes para que se forme la cooperativa. Es por ello que se tuvo que llegar a un acuerdo en el que se les iba a pagar con este aporte de capital”, recordó.
 
La etapa del proceso militar 
 
Una de las etapas más difíciles que debió atravesar la cooperativa fue durante el proceso cívico militar que se registró desde 1976 a 1983. “Fueron momentos muy duros para la cooperativa. Durante el proceso militar fuimos atacados por una cuestión ideológica, porque éramos tildados de izquierda”, contó el socio fundador. 
 
“Andaban por los techos, te hurgaban todo, era una historia que se repetía día por medio en algunos años. Nos seguían todo el tiempo”, memoró. 
 
“Recuerdo que habían alquilado la casa que estaba al frente del viejo edificio del diario para vigilarnos todo el tiempo. A media cuadra del diario también había un negocio en donde había reuniones de los servicios de inteligencia”, relató con angustia.
 
Entre las peripecias que debieron hacer para poder tener un canal de diálogo con alguna autoridad que los pueda ayudar recordó que tenían que disfrazarse para ir a hablar con el obispo a la noche. “Cuando volvíamos nos decían que nos habían estado siguiendo”, anidió.
 
“Durante el proceso nos llevaron mucha documentación y no nos devolvieron nada. Cuando toman el mando del diario los militares, uno negociaba con gente que te hablaba con un revolver sobre el escritorio”, expresó con crudeza.
 
También remarcó que los militares estaban “asociando a gente de ellos” con el fin de quitarles la cooperativa. 
 
Ante los cuestionamientos que han recibido por el rol de la cooperativa en esas épocas escuras para la democracia argentina, “Negucho” Córdoba insistió: “Yo no sé si en el tiempo del proceso alguien tenía la valentía de negarse a firmar una solicitada bajo la amenaza de una arma de fuego”.
 
Análisis de la situación actual 
 
En relación a la situación actual del cooperativismo y puntualmente de Copegraf, sostuvo que “hoy el cooperativismo es un nombre nomás. Si no tenés ideas empresariales te terminás muriendo”, consideró. 
 
Añorando los tiempos de bonaza, el socio fundador consideró que “hoy es muy difícil vivir sin el servicio de pauta oficial. Años para atrás la pauta tenía otro fin, que era cubrir los insumos ya que lo demás se cubría con la publicidad y la venta del diario”, recordó.
 
“Antes no había una dependencia total de la pauta oficial. Históricamente la cooperativa llegó a vender 25 mil diarios por día”, un número alejado de la actualidad. “En el último balance trimestral habíamos repartido entre los asociados medio millón de pesos, y 1 millón seiscientos mil a fin de año”, evaluó refiriéndose al valor monetario de aquel entonces, unos 15 años atrás aproximadamente 
 
“Se hacían informes trimestrales que te daban una pauta de cómo iba el curso de la cooperativa, y si había que hacer correcciones en caso de que sea negativo el balance”, aportó.
 
Más allá de las duras etapas que tuvo que soportar dentro de la cooperativa (al igual que los demás asociados que vieron nacer esta organización de medios) hasta llegar a una meseta que le permita disfrutar de tantos años de sacrificio, hoy “Negucho” Córdoba dice que “si tuviera que volver a nacer elegiría el mismo camino”.
 
“La cooperativa era un sentimiento, si hacía falta quedarse hasta el otro día nos quedábamos. Hoy el espíritus cooperativista se ha perdido. Nosotros teníamos un sentido de pertenencia y cuando nos ofrecieron ser asociados sentíamos la necesidad de levantar la cooperativa porque éramos los nuevos dueños del diario”, estimó. 
 
Por último añoró el “espíritu social” que tenía la cooperativa con las diferentes actividades que realizaban, entre las familias de los asociados, con el fin de generar lazos estrechos de intercambio fuera del ámbito laboral. “Se organizaban campeonatos de diferentes actividades deportivas en el camping. Recuerdo que hasta había un colectivo que pasaba a buscar, casa por casa, a los hijos de los asociados para que disfruten de un día de camping en la pileta”, entrañó. 
 
Hipotecar la casa para salvar el diario 
 
“Este barrio (por el Bº Felipe Varela) fue hecho por el diario tras sacar un crédito en el Banco Hipotecario. Después tuvimos que poner la casa de garantía para sacar un prestamos para comprar insumos. Muchos dijeron que no, pero yo me la jugué. Si el diario cerraba nos quitaban la casa, pero por suerte pudimos salir adelante”, recordó Eduardo Córdoba.