
La tradicional marca de galletitas Tía Maruca dejó de operar con planta propia y se desvinculó del establecimiento ubicado en Albardón, provincia de San Juan, desde donde durante años abasteció a buena parte del mercado local. A partir de ahora, la firma continuará presente en góndolas, pero con producción tercerizada.
La decisión se da en el marco de un proceso de reestructuración que la empresa arrastra desde hace años, atravesado por dificultades financieras, caída del consumo y cambios en su composición accionaria. La combinación de menores ventas y aumento de costos terminó por acelerar el abandono del modelo industrial propio con el que había crecido.
La planta de Albardón, conocida como Dilexis, había sido la principal apuesta productiva de Tía Maruca. En 2017, la compañía adquirió ese establecimiento —donde anteriormente operaba PepsiCo— junto con marcas como Dale y Argentitas, y firmó un acuerdo para continuar fabricando durante tres años las galletitas Toddy en esas instalaciones. Con esa operación, la firma buscaba ampliar su escala y competir en un mercado dominado por grandes jugadores.
En sus años de mayor actividad, el predio llegó a emplear a cerca de 300 trabajadores, convirtiéndose en una de las principales fuentes de empleo del departamento sanjuanino.
Fundada en 1998 por Alejandro Ripani, la empresa tiene raíces familiares en la industria desde 1972, cuando su padre, Cliver Ripani, creó la marca RC. Sin embargo, el crecimiento no logró sostenerse frente a un contexto económico adverso.
La compañía ingresó en concurso preventivo en 2019, logró refinanciar su deuda en 2022 y en 2025 fue adquirida en un 50% por el grupo Argensun Foods, que impulsó un plan de modernización y reorganización. Ese mismo año se produjo el cierre de la planta de Chascomús, en Buenos Aires, con el despido de 27 empleados.
A comienzos de 2026, el control de la firma pasó a manos del empresario Juan Carlos Crovela, quien avanzó con un proceso de reingeniería para estabilizar la operación. Desde el Gobierno de San Juan aseguraron recientemente que la planta de Albardón continúa funcionando con normalidad y que los salarios de los trabajadores fueron regularizados, en medio de versiones sobre posibles cierres y despidos.
El ministro de Producción provincial, Gustavo Fernández, desestimó los rumores de crisis en la planta y atribuyó su difusión a “intencionalidad política”, en un contexto de tensión local.
Aunque la marca Tía Maruca no desaparecerá del mercado, el cambio hacia un esquema de producción tercerizada marca un punto de inflexión en su historia y refleja las dificultades que enfrenta la industria alimenticia en el actual escenario económico.